Opinion
De política y cosas peores

Promesa de Navidad

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Catón

domingo, 26 diciembre 2021 | 05:00

Ciudad de México .-Sé que la Navidad es triste para algunos: para el que sufre prisión o enfermedad, o está solo, o llora este día la pérdida de un ser querido, o recuerda felices navidades que sólo existen ya en la memoria, o no tiene empleo, o padece cualquiera de los muchos quebrantos que en la vida hay. Quisiera acompañarlos, y decirles que por encima de todas las tristezas una alegría nos llegó a todos este 25 de diciembre que pasó. (¡Ah, que rápido pasó!). La Navidad fue el anuncio de ese gozo. Poseídos por la tristeza o por la dicha celebramos el nacimiento del Dios que se hizo hombre para acercarnos a él. Día de esperanza, esa esperanza nos invita a renacer. Quizá no somos capaces ahora superar nuestra pena, pero podemos iluminarla con la promesa de nuevos tiempos que vendrán, pues cada día trae consigo su propia Navidad, fruto de aquella Navidad eterna que comenzó en Belén. ¡Cómo quisiera yo ser aunque fuera un reflejo opaco y deslucido de esa alegría universal que llega más allá de todas las distancias y dura más que todas las edades! Pero estoy lleno de imperfecciones, y sólo puedo hacer lo que el saltimbanqui del antiguo cuento, que hacía piruetas en la penumbra y soledad de la capilla, pues no conocía otro modo de orar.  Más pobre que el de ese saltimbanqui es mi oficio, pero me sirve para llegar a mi prójimo y unirme a él en la común paternidad de la cual venimos. Que la promesa recibida este pasado día de Navidad nos acompañe a todos en el gozo fraternal de compartir esta vida y este mundo. Y, si sufrimos, que su luz nos ayude a ver que también ese sufrimiento es parte de nuestra Navidad... Compartamos ahora algunos cuentecillos de humor leve... Una señora relató, apenada, en la merienda de los jueves: "Pesqué a mi marido haciendo el amor". "Yo también -confesó otra-. Pero a vces ése es el único modo de pescar marido"... Babalucas puso el seguro en la puerta del coche y la cerró. Demasiado tarde se dio cuenta de que había dejado adentro las llaves del vehículo. Su esposa le consiguió un gancho de alambre y Babalucas se aplicó afanosamente a quitar el seguro de la puerta. "Date prisa, Baba -le dijo la señora-. No tardará en llover, y el techo del convertible está bajado"... Prematurio era muy rápido en el trance del amor. Decía su mujer hablando de él: "En vez de pijama debería usar traje de jockey"... Don Chinguetas y doña Macalota llegaron juntos a los 60 años. "Me voy a hacer un buen regalo -anunció, jactancioso, don Chinguetas-. Me conseguiré una chica de 20 años". Replicó doña Macalota: "Yo también me conseguiré un muchacho de 20 años. Y una cosa te voy a decir: 60 no puede entrar en 20, pero 20 puede entrar tres veces en 60"... Contaba un sujeto: "Mi esposa llegó de un viaje y me encontró en la casa haciendo el amor con una morerna joven y guapísima. Le dije: "¿Qué no eres tú? Te digo que necesito lentes nuevos".Tres individuos, un inglés, un norteamericano y un mexicano, coincidieron en el pipisrúm del bar, y ahí desahogaron una necesidad menor. Al terminar, el inglés se lavó las manos usando mucha agua, mucho jabón y muchas toallas de papel. "Soy graduado de Eton -dijo-. Ahí nos enseñaron a cuidar nuestra higiene personal". El norteamericano se lavó solamente las puntas de los dedos, para lo cual apenas gastó agua, y usó una sola toalla de papel. Comentó: "Soy graduado de Harvard. Ahí nos enseñaron a no desperdiciar el agua y a preservar el medio ambiente". El mexicano se dirigió a la puerta sin lavarse. Explicó: "Soy graduado de la Escuela Primaria Rural 'Josefina Cancalledo' -explicó-. Ahí nos enseñaron a traer limpias nuestras cosas y a no mearnos los dedos"... FIN.

         MIRADOR.

                   Por Armando FUENTES AGUIRRE.

         Nos despertábamos cuando apenas empezaba a amanecer. La noche anterior habíamos puesto tres sillas junto a nuestra cama, pues ahí nos dejaría los juguetes Santa Claus. 

         Encontrábamos siempre los regalos esperados: el trenecito que habíamos visto en el aparador de la elegante Ferretería Sieber; aquel juego llamado Meccano -tan caro por estar de moda- con el que armaríamos airosas estructuras de metal...

         Una Nochebuena mi mamá nos dijo que pusiéramos una silla nada más. Años después sabríamos que la empresa donde nuestro padre trabajaba había cerrado, y él había quedado sin trabajo. Aquella Navidad recibí un carrito de lámina comprado seguramente en el mercado de la ciudad. Cuando mi padre me vio jugando con él me abrazó. Era la primera vez que lo hacía: en aquellos años los papás se veían obligados a mantener la distancia con sus hijos. 

         No pienso mucho ahora en los juguetes que tuve cuando niño. Pero nunca he dejado de sentir el calor de aquel abrazo de mi padre. Ahora sé que fue el mejor regalo de todos los que en las navidades recibí.

         ¡Hasta mañana!... 

MANGANITAS.    

Por AFA.

"... Que hayas pasado una Navidad feliz...".

         Termina en las letras "dad"

         el nombre de esta gran fiesta.

         Así, dándonos, fue ésta

         una Feliz Navidad