Opinion

¿Pues qué pasó Mr. Trump?

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Daniel García Monroy

domingo, 08 noviembre 2020 | 05:00

Acaso no era usted el más magnífico de los millonarios-empresarios-políticos caminando seguro sobre este enfermo, pobre y contaminado planeta. No era usted el símbolo del éxito (hasta sexual) entre los 7 mil millones de seres humanos hacinados un nuestra pírrica aldea global. No era usted el monarca del imperio militar más grandioso y policía del mundo. Pues ¿qué demonios pasó Míster Trump? ¿Cómo fue que le robaron la elección mientras jugaba golf?

No, por favor, no nos diga que su muro contra México ya no se va construir; que los chinos van a ganar en el comercio mundial; que Melania se le va a divorciar; que ya va pagar impuestos; que el coronavirus ¡es verdad! No, no, no, dónde queda nuestra fe puesta en usted: el amo del twitter de la falsedad; el amado supremacista del odio contra los miserables negros y latinos; el calvo dandy manoseador. No señor Trump, su derrota deja en la orfandad al encono, la estupidez y la discriminación pandémicas. ¡No se vaya Presidente! Por favor, haga algo, lo que sea. Una histórica movilización contra un ficticio fraude electoral, en la cuna de la madre de la democracia mundial. Desate los demonios de una guerra civil con millones de armas vendidas en su fantástico país de las maravillas del rifle. El mundo quiere ver sangre en el imperio para enseñarnos la ruta de los idiotas a seguir. 

Por favor Donald, qué les puede quedar, sin ti en el futuro, a los multimillonarios de Wall Street, que evaden impuestos. Imagínate, cuánto van a sufrir los que juegan en campos de golf para relajarse del estrés que les provoca despedir a miles de trabajadores, por las cíclicas crisis económicas, más las necesarias reconversiones tecnológicas que penosamente aumentan utilidades en sus empresas. Conduélete solidario de las decenas de familias del primerísimo centil, de los que obtienen el 90 por ciento de las ganancias del mercado mundial sin mover ni un solo dedo. Cuántos yates, cuántos jets, cuántas mansiones, cuántas joyas se dejarán de comprar si tú te vas. Tendrías que ser un mal hombre, un violador mexicano, un delincuente latino, un negro cochino, si nos dejas sin tu virtual paradigma. Has tu berrinche de infante gigante. Patalea hasta donde puedas querido Trump. Recuerda que la Suprema Corte también es uno de los nuevos juguetes que te has regalado. Bien lo puedes establecer a twitazos: ¡Las elecciones sólo son legales cuando gano yo! Punto.  Deja que el “lentito” Biden y su Kamala “negra”, se traguen solos su coraje, igual que la Hilary, y Al Gore.  

El mundo de los avarientos necesita héroes como tú, para reafirmar las reglas de la política como negocio. Del poder sobre la masa como el último vulgar anhelo de los que ya lo tienen todo y ven en el servirse del pueblo, una graciosa aventura más en sus aburridas vidas. 

Las elecciones como un juego de casino para una hastiada plutocracia. En cada candidato un lobo disfrazado de oveja. En cada grupo partidista una pandilla de aviesos ambiciosos en busca de riquezas y privilegios. En cada gobernante un pre-convicto saqueador de las arcas públicas con la autoridad de la ley en sus manos.    

Porque por Dios, 70 millones de votos en Estados Unidos a tu favor Míster Trump, demuestran nuestra impúdica realidad global. Se puede ser dirigente mundial siendo un analfabeta funcional, sin saber modo alguno para enfrentar los problemas sociales que un gobierno debe solucionar. Sin siquiera haber leído la Biblia o la Constitución. Sin entender lo que es un virus o el calentamiento global, ni conocer los mecanismos de los mercados financieros, que reglamentan la desigualdad social y decretan la pobreza y la opulencia, beneficiando a unos cuantos y condenando a los más.   

Para qué o por qué tengo yo presidente-gobernador-diputado-alcalde, tener siquiera una idea de esas tonteras, si soy el más famoso de los triunfadores del máximo éxito económico; el pastor de los adoradores del dios dinero, icono de lo que es la vida consumista en apogeo. El dinero generado y atesorado en mis cuentas bancarias con todo lo que puede comprar, como el único parámetro de lo que debe ser la existencia humana. El dinero causante de los privilegios. El que empodera al tener y desprecia al ser. Esa es la verdad y la vida, no vengan con que un Cristo les prometió el cielo a los pobres, esos son cuentos para adormecer a los inocentes esclavos y dejar en manos de los osados-codiciosos el cotidiano actuar de los lobos sometiendo a los corderos.     

Ha caído en su propia trampa uno de los lobos mundiales más siniestros y hambrientos de los últimos años, quedan otros tantos y otros más vendrán. En el oscuro bosque de las democracias poco útiles, mísera esperanza hay para los angustiados electores. Pero buena noticia es que un loco menos gobierne al mundo. Hasta nunca Míster Trump, ojalá que la cárcel, --una de sus posibles futuros aposentos— lo humanice un poco en sus ya ancianos y últimos días de su vida.