Opinion

Puras madres

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Gabriela Borunda

domingo, 08 mayo 2022 | 05:00

¿Ha leído la novela “Elogio de la Madrastra” de Mario Vargas Llosa? Ni la lea, su tesis fundamental, metida en medio de increíbles relatos sexuales, es que la Virgen María es nuestra madrastra, porque si Dios es nuestro padre, pues lógicamente la Virgen María sería nuestra madrastra. Mario Vargas Llosa es conocido por su ultraderechismo, así que no sé de dónde le salió esta perlita donde la Virgen María es la madrastra de Dios.

Si analizamos los evangelios como se hace con la literatura -no quiero ofender las creencias religiosas de nadie-, veremos que en los cuatro se encuentra manifiesto el hecho que el hijo de Dios necesitaba una madre de carne y hueso, que lo acompañara hasta la crucifixión.

La literatura es otra forma de decir la verdad cuando los cronistas o historiadores no pueden o no quieren decirla. Que en su momento ciertos sectores sociales fueran minusvalorados, no significa que estos mismos sectores no le impusieran su ritmo a la sociedad. Pensemos en la Ilíada: Aquiles estaba peleando en las playas de Troya porque Helena, reina de Esparta, escapó con un troyano; el héroe casi deja a los griegos plantados por la influencia que sobre él tenía la hermosa troyana Briseida. 

De un modo u otro las mujeres han impuesto su pulso social. Volvamos a la virgen María y veamos nuevamente los evangelios como texto literario. Los cuatro evangelios, Mateo, Marco, Lucas y Juan, nos muestran un Dios con la clara visión de que los niños no son hierbas, no crecen así nomás en el llano. 

Los mejores hombres y las mejores mujeres son flores de invernadero. El acompañamiento de María a Jesús durante el proceso judicial en su contra y en la crucifixión, muestra que aun en la edad adulta, durante nuestros momentos de crisis, la figura de la madre es necesaria y recurrente. Y vuelvo a aclarar, esta no es una opinión religiosa sino del valor de la madre que atraviesa toda nuestra historia.

Muchas sociedades se construyen sobre las relaciones familiares, tribales y gremiales que la madre define, al fin y al cabo, la mayoría sabemos quién es nuestra madre. Según las más recientes evidencias dadas a conocer por el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) la madre fue fundamental en la construcción de los imperios Maya y Azteca. Considerada constructora, educadora y bastión de su sociedad, la madre en el mundo prehispánico jugó un papel determinante, como quedó reflejado y amplificado en el gran número de representaciones de diosas mesoamericanas, la madre fue el centro de la sociedad prehispánica, alrededor de ella se disponía, se repartía y se decidía el destino de la familia, y de la organización social. Simbólicamente, el hombre gobernaba, pero la madre estaba en el centro.

Menciono algunas de las diosas mexicas más veneradas, como Tonantzin o Xilonen, “nuestra madre”, diosa del maíz; Mictecacíhuatl, señora de la muerte; Toci, la diosa abuela que enseñaba a las mujeres los secretos de la vida doméstica y la coquetería, así como Tlazoltéotl, “la comedora de inmundicias”. Quizá por eso la mayor afrenta para un mexicano sea la afrenta a la madre.

En las sociedades precristianas europeas la Diosa Blanca era la luna que marcaba las fechas importantes y los ciclos de fertilidad, pero estaba también la madre tierra que alimentaba a sus hijos y mantenía el equilibrio ecológico, alejando al cazador del ciervo.

Por eso ante la llegada de las sociedades imperialistas que veían todo como un recurso para explotar, incluidas las personas, se hacen acompañar de religiones patriarcales. Pero el ser humano tiene necesidad de la protección material y emocional que la madre representa por eso las diosas de la maternidad pasan al cristianismo como santas.

Quizá nuestra exacerbada explotación del planeta (la madre tierra) este socialmente ligada a nuestra devaluación de la maternidad; “Que no anden abriendo las piernas”. Desde luego esta sociedad que arrasa con la naturaleza, reduce a la mujer a mano de obra barata, y desecha el papel materno, se siente plenamente justificada para cometer feminicidios.

Quizá un día recordaremos como santas o como espíritus protectores, a esas madres que mueren buscando a sus hijas, como la señora Jessica Corpus, la madre de Alondra María Nolasco, niña que desapareció en septiembre de 2017.

Este 10 de mayo sea usted sensato y piense que las mujeres no son las viejas que abren las piernas, sino esa mayoría de la humanidad que moldea y construye sociedades. De cómo tratemos y respetemos el papel de las madres -aun por quienes decidieron no tener descendencia- dependerá el futuro que nos aguarda a todos.