Opinion

¿Qué celebrar, independencia, democracia o revolución?

(La sociedad civil ha desaparecido casi enteramente: fuera del Estado no hay nada ni nadie).

Jaime Rodríguez Chacón

miércoles, 16 septiembre 2020 | 05:00

El 16 de septiembre y el 20 de noviembre, en la celebración de independencia y la revolución, el presidente, junto a sus sátrapas, secretarios de Defensa y de Marina, contemplan con seriedad el desfile, esos ritos cívicos de México, obedeciendo a la eterna recreación que los regímenes han construido a través de los siglos: seleccionando una fecha  significativa, resaltando las aristas y, diseñando actos protocolarios para magnificar el festejo.

Ambas fiestas tienen un laudatorio aspecto del régimen político y  sus excesos, para resaltar la supremacía del presidente sobre los demás actores, incluido la plebe, subrayando la sujeción de los burócratas al presidente.

Así, con evidente ritualismo los políticos se tornan muy religiosos. Han erigido un altar para sí mismos donde el pueblo les rinde pleitesía. Ejemplo son, el programa televisivo de Chávez: “Aló presidente” y, “Las Mañaneras Post”.  

El ejército también ha sido objeto de culto y oropel, al que se reconocen aspectos del orden, aun violentando la Constitución, y utilizándolo para reprimir protestas populares.

Primero tuvo lugar la independencia, después vino la revolución, de ahí, migramos a la  débil democracia que tomó tiempo y esfuerzo construir y que hoy cuelga de alfileres amenazada por el presidencialismo, la destrucción de instituciones y órganos autónomos.

No comprendimos que las democracias son imperfectas, no obsta, son el camino más seguro a la emancipación de los pueblos.

Por la fascinación del nacionalismo y no voltear a ver a nuestros vecinos latinoamericanos como Venezuela, y la apatía por participar en la resolución de conflictos sociales, hoy, estamos transitando de la incipiente y débil democracia, a una nueva revolución. 

Para muchos, no hay gran diferencia entre el estilo de vida de los terratenientes del Chihuahua de antaño, a la vida glamorosa de los políticos de hoy, incluido el gobernador.

Los fermentos de la revolución se anticiparon en el norte, debido a la lejanía de nuestro estado de la CDMX, y a la tiranía del gobernador Creel, en connivencia con el Gral. Díaz, contribuyendo al estallido revolucionario, el abuso político desenfrenado aunado a un severo fracaso en las cosechas de la región. 

La historia se repite: Los problemas de Chihuahua son ignorados y minimizados desde el gobierno federal.

Hoy surge una nueva conmoción social: El problema del agua.

En medio de una pandemia con efectos diversos devastadores, se agrava una prolongada sequía; aunado a eso, el presidente envía a su Guardia Nacional, que mantenga abiertas las presas para llevarse el agua que necesitan los productores del campo.

Los nuevos revolucionarios, son agricultores que reclaman un trato más equitativo de la federación. Sus armas, son los implementos agrícolas con que le arrancan a la árida  tierra lo que aquí se consume.

Corral los agredió con su policía estatal y de vialidad, cortando cartucho a sus armas, amedrentando a ciudadanos de bien en la salida a Delicias, impidiéndoles el libre tránsito y manifestación. Ambos, AMLO y Corral, son culpables por no saber o no querer negociar.

Peor aún, el ogro filantrópico, en vez de detener a narcos y sicarios, manda a la Guardia Nacional a resguardar las presas, a sabiendas que habría un enfrentamiento con los agricultores, que cansados de buscar audiencia con el presidente, enfrentaron a la Guardia Nacional.

La doble cara de Andrés Manuel se hace manifiesta a todos, sin tapujos, amenazando que para que la piensen dos veces, aludiendo a los agricultores que enfrentaron a los militares por el conflicto del agua y, por lo que hubo derramamiento de sangre. Para eso quería su Guardia Nacional.

Como resultado de la escaramuza, pero  en otro lugar, son baleados, de forma absurda  una pareja de jóvenes agricultores, se presume por La Guardia Nacional. La joven mujer falleció, y  el esposo quedó mal herido y, fue llevado a terapia intensiva.  Se espera que declare sobre los hechos. 

No le creemos al presidente y debería reservarse sus hipócritas condolencias. Ni siquiera quiso recibirlos para dialogar con ellos.

Hoy, el enemigo a vencer no es Porfirio Díaz, porque a México no le fue tan mal económicamente en el porfiriato. Para 1895 las finanzas públicas tuvieron su máximo esplendor con un superávit de más de dos millones de pesos. Hoy, El enemigo a vencer es el espíritu de Castro y de Hugo Chávez encarnado en Andrés Manuel López Obrador y su ayudante Javier Corral.

Ambos, cómplices siniestros en el ultraje sistemático a los agricultores. Con esa violencia a nuestros hermanos somos ultrajados todos los chihuahuenses.

Necesitamos a los nuevos líderes Flores Magón, en estos nuevos tiempos, del viejo presidencialismo.  ¡Apoyemos a los agricultores chihuahuenses!