Opinion

¿Qué debe suceder para que López corrija?

Poco importa el daño causado a la economía y su estabilidad ante la soberbia del tiranuelo; menos aún destrozar en cosa de meses lo logrado en decenios

Ángel Verdugo

jueves, 11 abril 2019 | 19:52

No de ahora sino desde hace una buena cantidad de años, hemos visto gobernantes aferrarse a políticas públicas equivocadas las cuales, por encima de la gravedad de los daños severos causados por ellas, son mantenidas en contra de todo y de todos por quien se resiste a aceptar sus equívocos y según él, porque no quiere quedar como un incapaz y un blandengue ante la oposición y/o sus gobernados.

Los Castro en Cuba junto con Echeverría y López (P) en México y Chávez y Maduro en Venezuela, son buenos ejemplos por claros e ilustrativos de la conducta que raya en la insania mantenida por gobernantes populistas y demagogos. Poco importa el daño causado a la economía y su estabilidad ante la soberbia del tiranuelo; menos aún destrozar en cosa de meses lo logrado en decenios.

Sin embargo, finalmente la realidad hace su trabajo y la tozudez y soberbia del populista e ignorante de cómo funcionan las economías en la globalidad y la era de las economías abiertas, deben rendirse ante el estallido de una crisis de dimensiones impensables unas cuantas semanas antes. ¿Ejemplos en México? Le doy el que mejor explica lo anterior: México en febrero del año 1982 y el problema de caja que mencionó el entonces secretario de Hacienda, Jesús Silva Herzog Flores.

Así como suele decirse por ahí que una chispa puede incendiar toda la pradera o una bachicha quemar toda la milpa, un hecho por demás inocuo puede desatar una serie de acontecimientos que juntos producen una crisis de alcances inimaginables.

Ante esa nueva realidad, el poderoso reacciona como todo populista demagogo: busca echar la responsabilidad y culpa de todo, a otros; estos, bien podrían ser locales y también, ¿por qué limitarse?, a fuerzas oscuras externas, al imperialismo y si lo apuran, al neoliberalismo.

Él y su equipo de incapaces —la mayoría de las veces—, y serviles y abyectos siempre, rehúyen toda responsabilidad y buscan, con el cinismo ofensivo por delante, salir limpios y dejar, como solemos decir coloquialmente, la víbora chillando o el gallo muerto para que lo acaben de pelar.

Sin embargo, debe decirse sin eufemismo alguno y nada de maquillaje políticamente correcto, que la responsabilidad no recae únicamente en el gobernante populista e ignorante e incapaz sino también, en millones de gobernados que medraron con cargo al erario al recibir—durante años— subsidios generalizados y dádivas los cuales, debe decirse, carecían de todo sustento financiero sano.

Aquí y ahora, dado lo visto y padecido estos últimos cuatro meses y días de desastre administrativo, decisiones estúpidas costosísimas para el país y una conducta escapista ante la realidad, ¿cuál sería el incidente inocuo que incendiare la milpa? ¿Cuál sería esa chispa o esa bachicha que causaría un incendio de dimensiones hoy incalculables?

¿La salud del gobernante, la respuesta airada y firme de un gobernador ofendido y digno, la renuncia de buena parte del gabinete y/o, ¿por qué no?, el abandono de todos los reporteros de ese circo mañanero del gobernante megalómano que padecemos?

Según usted, de no ser alguna de esas, ¿cuál sería entonces?