Opinion

Racismo en EU y en México

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Benito Abraham Orozco Andrade

martes, 02 junio 2020 | 05:00

La discriminación o la persecución hacia otra persona por motivos de su color, raza u origen étnico, no es privativo de un país o región del mundo. El racismo ha estado presente en todo el planeta -en menor o mayor grado- y no ha mermado, aún y cuando se siguen emitiendo múltiples legislaciones nacionales e internacionales para combatirlo.

Lo que ocurrió hace unos días en Minneapolis con el asesinato de George Floyd, al igual que lo sucedido en 2014 en Ferguson (Missouri) con Michael Brown, en 1991 en Los Ángeles con Rodney King, entre un sinfín de casos más, nos dan una idea de la vigencia del odio que se vive en el vecino del norte hacia los afrodescendientes, el cual se extiende hacia los latinoamericanos y los naturales de otras latitudes.

Pocas personas saben de los campos de concentración que fueron implementados durante la Segunda Guerra Mundial en territorio de EU, en los que por odio y desconfianza fueron confinados alrededor de 120 mil ciudadanos estadounidenses de origen japonés, en condiciones deplorables. 

La historia de esclavismo y de crueldad en Estados Unidos y en el mundo hacia las personas llamadas “de color”, es por demás conocida. Absurdamente, en estos tiempos de “civilización”, todavía existen algunas células del Ku Klux Klan, entre las que seguramente se encontrarán aquellas organizaciones que en la frontera con México se dedican a cazar a quienes pretenden cruzarla ilegalmente.

Sin embargo, esa recurrente violencia hacia los afroamericanos en EU, así como la complacencia que ha mostrado y fomentado Donald Trump hacia ella con su verborrea, han llevado a las protestas a un grado exacerbado en todo el país, por lo que ante la presencia de manifestantes y disturbios en la Casa Blanca, este racista y xenófobo presidente que fue electo por millones de estadounidenses (y que estaban cocientes de la clase de persona que era y es), tuvo que ser resguardo en un búnker de dicha residencia temiendo por su seguridad. ¿Lo irán a reelegir para un nuevo periodo? Pues no hay que descartar esa posibilidad.

Ese aborrecimiento hacia las personas que no son del agrado de quienes se sienten superiores a ellas, no tiene justificación válida alguna y no debe tener cabida en ninguna sociedad. Lamentablemente, nuestro país, México, también aporta a esa animadversión hacia el prójimo.

No en la misma proporción y ánimo que la sociedad norteamericana, pero, la mexicana, también es de una tradición de exclusión de los propios connacionales que pertenecen a las etnias originarias. Es un racismo que se manifiesta de diversas formas y que, si bien ha encontrado la voluntad de algunas personas, gobiernos e instituciones públicas y privadas para combatirlo, no deja de ser una vergüenza.

Pudiéramos entender cierto autoaislamiento de algunos pueblos indígenas en un propósito de preservar sus tradiciones y su dignidad, pero el pretender quitarles su riqueza material o destruir su cultura (etnocidio), así como el humillarlos con diferentes calificativos cuando hay la posibilidad de relacionarnos con ellos o, simplemente cuando les hacemos alusión en una conversación, resulta por demás reprochable.

En el artículo “El racismo que México no quiere ver” de Elías Camhaji, Sonia Corona y Gladys Serrano, publicado en la página digital del periódico El País el 30 de noviembre de 2019, refiere que “México cierra los ojos ante el racismo, pero siempre ha estado ahí. Un velo de discriminación se extiende desde los rincones más públicos hasta los más íntimos y lo cubre todo. La oportunidad de estudiar y tener un empleo digno. Ser condenado por un crimen que no cometiste o ser sometida a tratamientos anticonceptivos contra tu voluntad. La entrada a un bar, un restaurante o un centro comercial. Los noticieros de todas las cadenas, los bombardeos de publicidad aspiracional y las telenovelas que se exportan a decenas de países con protagonistas rubios, héroes blancos y villanos prietos. Se dice que ´hay que mejorar la raza´ al buscar pareja, que ´trabajaste como negro´ cuando vuelves a casa y se te pide que ´no seas indio´. La lista de frases y dichos racistas es interminable, pero en el fondo hay un hecho ineludible: el estigma de ser llamado ´indio´ o ´negro´ aún marca la vida de las personas, lo que pueden reclamar y hasta dónde se les permite llegar”.

Lo anterior ejemplifica claramente la cotidianidad con la que está presente el racismo en distintos ámbitos de la vida, tanto de quienes lo provocan, como de quienes lo padecen. 

En otro enfoque sobre los perjuicios que conlleva el racismo en nuestro país, en el artículo “Élites y racismo: el privilegio de ser blanco (en México), o cómo un rico reconoce a otro rico”, se menciona la triste condición de desventaja de quienes son morenos al señalar que “… más del 60% de las personas blancas se encuentran en el quintil más rico del país. Estas observaciones acerca de oportunidades y resultados socioeconómicos diferenciados según el color de la piel de las personas van en contra del mito fundador de México como país de mestizaje, sin ´razas´ y sin racismo. Aunque existen pocas narrativas sociales en México tan persistentes como aquella del mestizaje -que el país es resultado exclusivo de la mezcla (biológica o cultural) de nobles indígenas con poderosos españoles, culminando en una ´raza de bronce´ generalizada- la realidad es que la pobreza tiene rostro moreno, mientras que la élite sigue viéndose blanca” (artículo de Alice Krozer en edición digital de la Revista “nexos”, 7/marzo/2019).

El racismo en México ha ido acompañado de la hipocresía de la gran mayoría, pues decimos tener ciertas creencias, ideologías o sensibilidades que se supone deberían favorecer a quienes pertenecen a los pueblos originarios (entre otras personas excluidas), pero que en poco o nada les han ayudado a salir de la pobreza y de la segregación en la que ancestralmente han vivido.

Además de sorprendemos por los actos violentos derivados del racismo norteamericano, deberíamos ocuparnos decididamente en acabar con la discriminación de cualquier naturaleza en nuestro país.