Opinion
Periscopio

Rasgos de la familia democrática

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Armando Sepúlveda Sáenz

sábado, 29 agosto 2020 | 05:00

El referir algunos valores centrales que identificara Anthony Giddens, que son asumidos por los integrantes de la familia identificada como democrática, suscita reflexiones en los lectores de esta columna, relativa al tema en la semana previa. Es comprensible que despierte curiosidad por entender su significado integral y su operación. 

Las preguntas recordaron al autor dos sucesos trascendentales para el enfoque de derechos humanos en el desarrollo normativo, de definición de políticas públicas y en la procuración y gestión judicial; Y otro artículo publicado es este espacio a mediados de 2018 cuando la entonces futura secretaria de Gobernación, en su etapa emotiva y de fogosa legisladora, se manifestó precisamente sobre la relevancia de la familia democrática. 

Al respecto este autor escribió que era un elemento alentador y generó en el que pergeña estas letras, una esperanza sobre el desempeño de la futura secretaria. A la postre se ha mostrado que sustancialmente correspondía a una expectativa ingenua. Aun cuando al final de dicho artículo la condicionaba.

Sobre la reforma constitucional en materia de derechos humanos el autor la valoró de inmediato como una transformación de primer orden de importancia, los artículos relativos a derechos humanos testimonian esta ponderación. A este antecedente, se vinculan las opiniones de compañeros de trabajo en la Secretaría de Servicios Jurídicos y Legislativos del Congreso del Estado, en el sentido de que únicamente se trataba de un cambio nominal. Los hechos han demostrado que a partir de ese momento hubo un desarrollo acelerado en las leyes que instrumentaban el enfoque de derechos humanos, la asunción en forma limitada de la aplicación de recursos a su operatividad, y la potenciación de los entes operativos en la materia.

La secretaria de Gobernación en el tiempo transcurrido de su gestión ha olvidado lo postulado por la entonces senadora, en cuanto a la familia democrática –aunque nunca la perfiló ni especificó el papel que el gobierno jugaría en su promoción-, y en la defensa de los avances logrados en materia de derechos humanos, lo cual le ha servido para que en los medios se le tilde de ser, secretaria florero.

En lo personal mis primeros acercamientos a la familia democrática los asimilé de los planteamientos formulados por el sociólogo británico Anthony Giddens en su libro La tercera vía, que en buena medida expresaba la base ideológica del Partido Laborista previamente al triunfo en las elecciones que le dieron la titularidad del ejecutivo británico a Anthony Blair.  Es una tesis que defendió después en su obra La tercera vía y sus críticos. 

En sus lecturas encontré el sustento académico de ideas que vislumbré en mi trabajo en el Congreso del Estado y que se plasmaron en varios artículos publicados en este espacio. Los derroteros de los nuevos caminos son múltiples: legislativos, educativos, políticos, económicos, de seguridad social, entre otros. 

La actual administración gubernamental federal y el legislativo en particular, no han dado visos de interesarse en remover los paradigmas autoritarios sancionados culturalmente. Ya el desarrollo de la doctrina en materia de derechos humanos de las niñas, niños y adolescentes anticipaba la revolución en el marco normativo. 

Con la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) se arranca una transformación universal que incide en las condiciones familiares y sociales de niñas, niños y adolescentes. 

En nuestro país se fortaleció su impacto con la reforma constitucional de junio de 2011 y luego, con la entrada en vigor de la normativa general y local que involucra a este grupo etario y sus derechos.

Sobre esta base se avizoraba un impulso del proceso de transformación de las condiciones reales, tanto en la sociedad como en la familia. Se le ha dado menor atención a la dimensión micro, al desempeño del menor en la familia. Aunque la Constitución en su Artículo 4º es clara al determinar los roles de algunos agentes en cuanto a los derechos: “Los ascendientes, tutores y custodios tienen la obligación de preservar y exigir el cumplimiento de estos derechos y principios”. 

Este precepto es válido al interior de la familia como a extramuros de ella. Los derechos son el principal conducto de vinculación del microsistema familiar al microsistema social; hay otros vínculos, como los económicos, el microsistema no se puede aislar de los mercados. O los ideológico-políticos, que son optativos. 

La familia como microcosmos o microsistema social, contiene una diversidad de relaciones entre sus integrantes, independientemente del tipo de familia. Una de las dimensiones son las que podemos identificar como políticas. En éste ámbito existen principios reguladores de las relaciones entre los miembros. 

Tiempo atrás era clara la relación de subordinación de la esposa al marido, o de la mujer al hombre con el que mantenía un vínculo. El reconocimiento de la igualdad para las mujeres y los hombres ha ido cambando los roles al interior de la familia, reforzados por la ocupación productiva de las mujeres. 

Ahora, legalmente la igualdad se extiende a los menores y se les reconoce como sujetos activos de derechos. Claro, en la práctica, o como se dice coloquialmente “en la realidad”, buena parte de las familias siguen patrones de conducta ligados a concepciones patriarcales o autoritarias, y el principio que las guía es el de Patria Potestad (PP) tal como aparece todavía legislado en los Códigos Civiles.  

Por otra parte, la noción de familia democrática de Giddens debe remozarse a la luz de los derechos humanos vigentes. No obstante sigue siendo válido el rasgo relativo a la definición de reglas de relación entre los miembros de la familia de forma igualitaria (incluyendo a los hijos, en función de su madurez progresiva).