Opinion

Rebelión de las redes digitales

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Francisco Flores Legarda

jueves, 14 enero 2021 | 05:00

"Social network”, red social, es un negocio. Quienes tienen los derechos de la aplicación se manejan como los casinos: la casa nunca pierde. Los usuarios pagan con sus datos personales su ingreso a las redes sociales digitales. Lo atractivo de las redes es su disposición de horizontalidad relativa. De inicio, el ciudadano de a pie como el criminal, el magnate como el personaje de cualquier área, cumplen con los requisitos mínimos para ingresar. Virtualmente, todos los miembros de una red están en el mismo piso, ahí está su horizontalidad. Los periodistas, por ejemplo, tienen una tribuna propia y se sienten en un piso superior, han quedado atraídos por las redes. No importa lo que escriban en un diario o digan en un noticiero, la red social los ha puesto a iniciar desde cero. A pelearse por los halagos de un me gusta o aguantarse una respuesta corrosiva.

Pero quienes controlan el negocio de una aplicación tienen su impulso inicial, con la experiencia de la horizontalidad que perciben sus abonados, es la base del negocio. Para hacer crecer el negocio tienen que vender la idea al usuario de convertirse en un “influencer” y le piden una cuota periódica. También se ofrece el medio de la red para hacer publicidad comercial, tanto como campañas políticas. Es entonces que la ambición amenaza al piso parejo en el que supuestamente se encuentran los miembros de una red. Las noticias falsas se multiplican, las granjas de “bots” incursionan. La red se convierte en un espacio virtual propicio para el odio y la pendencia. Luego, su encanto termina cuando se llega al extremo de que los dueños del negocio se arrogan el lugar de “Big brother”.

Se viven las redes sociales como si fueran un invento del siglo XXI, presente puro sin pasado al cual remitirse. En cierto modo así es si se hace tabla rasa. Pero, acaso la comunidad primitiva no fue una forma primigenia de red social establecida sobre la horizontalidad en la que se situaban sus miembros a través de rituales y símbolos. O se podría considerar, desde la antigüedad, la red social construida por Pablo de Tarso. Una red abierta que incluía a todos sin importar diferencias, a la cual se ingresaba cumpliendo el requisito de creer en la palabra del Salvador y difundirla. En ese esquema de horizontalidad que se ofrecía en la asamblea (ekklesia) en la cual se congregaban en distintos pueblos los primeros cristianos. Sin la red social que construyó Pablo de Tarso, de la que sus epístolas son su mayor testimonio, no se podría entender del todo el éxito de la religión fundada en el nombre de Cristo Jesús.

Más allá del tono especulativo en el que incurro, lo interesante es el registro de una modalidad de construir redes sociales literalmente a pie (y en cuadrúpedo) sigue siendo efectivo. El periplo misionero del apóstol, del Asia Menor a la Roma Imperial, pasando por Grecia y Macedonia, es de emular en la convocatoria de asamblea en asamblea, en el ir de pueblo tras pueblo. El modelo de red social construido por un personaje, ya saben quién, que ha recorrido todos los municipios de la República Mexicana. Es Andrés Manuel López Obrador fundando y formando el obradorismo. Una red social en la que se apoya y de la cual “Social network” es un complemento en hibridación.

Mientras, la oposición partidista (PRI-PAN-PRD) ni siquiera intenta formar una red social que compita con el obradorismo. No se les ve haciendo recorridos de pueblo en pueblo, todo los hacen desde la conspiración y la cobertura de los medios tradicionales y el internet. No se vayan a desgastar Alito, Chuchito y Markito, pues se creen bien acunados por papá Claudio ¿Para cuándo se rebelarán sus bases?