Recuerdo perenne de una persona valiosa

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Benito Abraham Orozco Andrade
sábado, 09 febrero 2019 | 01:14

Después de varias décadas de resistencia alimentada por prejuicios principalmente en contra de los sacerdotes católicos, logré aceptar muy gratamente la presencia de Dios en mi vida.
Esto ocurre a raíz de una serie de experiencias personales que asumía como inexplicables, así como de un acercamiento que tuve junto con mi familia a diversas actividades que se llevaban a cabo en la Pastoral Familiar del Templo de San Felipe Apóstol de la ciudad de Chihuahua, en donde también nos involucramos con mucho entusiasmo en el Ministerio de Pequeñas Comunidades.
Hasta la fecha hemos tenido la oportunidad de conocer personas y familias por demás valiosas, interesadas en una sincera convivencia y amistad producto de la fe en Dios (los Valles, Durán, Mata, Romero, Amador, Ronquillo, Ruiz, Luján, Peláez, Borunda, Organista, González, Padilla, Serna, Alba, Zamarripa, Tena, Villa, entre otras igual de apreciadas), que nos han permitido continuar con nuestro desarrollo espiritual, haciendo patente -sin fanatismo alguno- el camino que hemos escogido como deseable para nuestras vidas.
De igual manera hemos tenido la fortuna de conocer a personas de una notable congruencia con su ministerio, como es el caso de los sacerdotes Héctor Gerardo Castro Hinojos, Luis Leonardo Padilla Lomelí, Daniel Portillo Trevizo, César Carrillo León y Edgar Iván Estrada León, quienes de una u otra forma han marcado positivamente con su ejemplo mi vida (al igual que lo han hecho otras personas en ámbitos distintos al religioso).
De los presbíteros mencionados, el padre Héctor Gerardo Castro Hinojos lamentablemente falleció hace algunos años de una enfermedad, y el padre Edgar Iván Estrada León desafortunadamente murió hace unos días. De ambos existen recuerdos sumamente agradables.
Desde que se tuvo la noticia del sorpresivo deceso del padre Estrada León, han surgido en las redes sociales un sinnúmero de comentarios satisfactorios hacia su persona, que denotan esa estrecha y excelente relación que mantenía con las personas que lo conocían, algo en lo que indudablemente coincidimos mi familia y yo.
En lo personal tengo muy presente la destacada pedagogía que utilizaba cuando oficiaba la misa, lo que permitía mantener a los feligreses atentos y con una alta claridad de la celebración eucarística.
Sin embargo, creo que describen mejor al padre Édgar las palabras utilizadas en un mensaje emitido con motivo de su fallecimiento por el arzobispo de Chihuahua, don Constancio Miranda Weckmann, en el que entre otros aspectos destaca: “Él fue un gran Sacerdote, formador, guía y ser humano, que tocó el corazón de muchos, que enjugó las lágrimas de tantos más, que acompañó enfermos, que evangelizó con su palabra y que compartió con nosotros su alegría”.
Fueron personas como el padre Édgar las que influyeron considerablemente en el ánimo de mi conversión, y las que me abrieron los ojos en cuanto a la visión errónea y negativa que tenía hacia los sacerdotes católicos, pues mis vivencias con ellos no han aportado más que cosas positivas para mi familia y para mí.
Por este medio hago llegar mi más sentido pésame a la familia del padre Édgar Iván Estrada León y a todas aquellas personas que lo conocieron. Descanse en paz un hombre de bien, un hombre de Dios.

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