Opinion

Reforma eléctrica anunciada

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César Jáuregui Robles

lunes, 11 octubre 2021 | 05:00

Ciudad de México—La presentación de la iniciativa de reforma eléctrica, que en realidad es una contrarreforma a la establecida en el año 2013, ha generado diversas opiniones contrarias, pero valiosas todas ellas.

Se podrá cuestionar al Presidente de la República por estar estableciendo medidas retrogradas y ancladas en el pasado estatista, que ya exhibió su fracaso para controlar y fortalecer desde una empresa del Estado a la población usuaria del servicio de energía eléctrica; sin embargo queda de manifiesto su congruencia y a nadie puede sorprender su énfasis en que se apruebe, ya que dentro del plan de transición que elaboró hace ya tres años, antes de asumir el poder en septiembre del 2018, planteó el Presidente esta proposición que, no por ser consistente con su pensamiento deja de ser ominosa ante los efectos económicos, financieros, ambientales y hasta sociales que traería como consecuencia su aprobación.

En efecto, el pasado jueves tuvo lugar en el Congreso mexicano una sesión de parlamento abierto, a donde fueron convocados diversos especialistas en temas energéticos que alertaron de los riesgos que conlleva esta iniciativa, pues entre otras cosas dejaron en claro el costo tan elevado que representaría fondear a la Comisión Federal de Electricidad con la preponderancia del 54% del mercado que artificialmente le pretende otorgar la ley que se aprobara. Esto sin contar los costos de indemnización que se tendrían que asumir para resarcir a todos aquellos que invirtieron cantidades mayúsculas en la generación de energía y que ahora se verían afectados.

Quizás el dato más revelador fue las múltiples violaciones que se tendrían a los tratados y acuerdos internacionales, pues en el caso de los vecinos del Norte, el TMEC contempla garantías para las inversiones que se producen en la geografía de los tres países que lo integran.

Tratándose de los Acuerdos de París, los parámetros de generación de energías limpias no permiten retrocesos como el que prevé la iniciativa que busca fortalecer a la CFE tolerando los combustibles fósiles y demás contaminantes como es el combustóleo que le urge a Pemex desplazar y que no encuentra espacio porque la energía solar y la eólica han cubierto con mucho menor costo y aceptación algunos espacios del mercado.

Por otro lado, se aduce que esta iniciativa es un distractor más para poner en tela de duda la alianza conformada por grupos opositores que hoy se ve en riesgo de resquebrajarse por la falta de contundencia del PRI en pronunciarse en contra. En su lugar, la dirigencia de este Partido determinó convocar al análisis de la iniciativa sin establecer un rechazo absoluto de lo que son posiciones contrarias a lo que hace menos de una década propuso y logró como transformación constitucional: la participación de los privados en la generación de energía.

El tema de la competitividad fue otro que se discutió y quedó de manifiesto que el antecedente histórico y el análisis de comparación con otros países produce un déficit y juega en contra de la iniciativa presentada, pues es claro que las políticas concentradoras, traen como consecuencia el fracaso económico y las crisis financieras en que han estado inmersos otros países y el nuestro no es la excepción.

Por otro lado las múltiples violaciones al Estado de derecho y la incertidumbre que genera esta iniciativa para las inversiones tanto extranjeras como nacionales hacen contrario al sentido común la aprobación de la iniciativa de marras, pues se estaría empeñando el futuro de las próximas generaciones por una decisión presidencial, que si bien es congruente con lo dicho antes de asumir el cargo, no por ello deja de ser contraria al bienestar de la población.

Si todo lo anterior resultara poco, otra consecuencia de la presentación de la iniciativa ha sido el maniqueísmo con que ha actuado nuestro Presidente, amenazando a los legisladores con exhibirlos en caso de que no se plieguen a sus propósitos y desde luego manipulando al decir que esta es una decisión en la que algunos se colocarán con el pueblo y los que no, con los empresarios. Esto es verdaderamente nefasto en un país que lo que menos necesita es división entre su gente, como día con día la promueve Andrés Manuel López Obrador.