Opinion
Desde Wachochi ST

Reformas indígenas, explotación forestal y alcoholismo

“Vamos a luchar carajo o nos quedamos sin montes”.

Gabriel Valencia Juárez
viernes, 13 septiembre 2019 | 05:00

Hay dos graves problemas, entre otros más, que azotan a los pueblos indígenas y mestizos que habitan en la Sierra Tarahumara de Chihuahua: el alcoholismo con su pobreza y degradación humana, y la tala/explotación legal e ilegal de los bosques, una vieja tradición que se hizo norma “legal” de robar madera y de tumbar pinos como si fuera zacate en los ejidos, caso específico: Rocheachi (Lugar de peces en idioma rarámuri) que no entregan cuentas claras, sólo deudas a los ejidatarios.

Al respecto en las conclusiones y propuestas de los foros nacionales de los 64 pueblos indígenas y [email protected] que se hicieron en todos el país, una de ellas en Wachochi en meses pasados, no tocaron ni se analizó a fondo el grave problema de la explotación y tala irracional del bosque en la Sierra de Chihuahua por unos cuantos mestizos avaros, codiciosos y explotadores que realizan diariamente en los ejidos forestales, donde la mayoría de habitantes son indígenas rarámuris. Sobre la etnia de afromexicanos, en Wachochi viven en las comunidades de Wirichike y Owibo del ejido de Santa Anita, por donde hay vestigios de Cocoyomes, o de “cocoyotes”.

Respecto al grave consumo de alcohol y drogas, va en aumento en la población infantil y adolescente, sobre todo entre [email protected] jóvenes de los barrios pobres de las colonias de Wachochi y en las comunidades serranas donde campea la miseria y consumen licor falsificado del más corriente que hace mal a la salud de los consumidores y que venden a raudales en las licorerías por su bajo costo económico; o bien tesquino de maíz adulterado con licor barato de tal forma que, no sólo están destruyendo su salud, sino su cultura tradicional milenaria.

Algunos sectores de la sociedad serrana, como las iglesias, han denunciado la triste realidad que por “la venta de alcohol su consumo va en aumento, igual que los expendios legales y los clandestinos, en manos de quienes tienen poder económico o “influencias”. Las utilidades de los expendios autorizados a “Comités pro Obras” en beneficio de las comunidades, no es raro que una buena parte de ellas queden en manos de las autoridades y de algunos integrantes de dichos comités”.

Es lamentable que los apoyos económicos que otorga el gobierno por medio de diversos programas y los misérrimos salarios que la gente recibe con frecuencia queden disminuidos por la compra de bebidas embriagantes y no es la familia la beneficiada, sino los vendedores de alcohol. En muchos lugares de la Sierra es normal pagar trabajos con licor barato. Su consumo afecta gravemente la identidad y el fortalecimiento de las culturas, se aumenta la violencia intrafamiliar y social y se destruyen hogares y comunidades”, como reza el capítulo 7 del Plan Pastoral de la Diócesis de la Tarahumara con sede en Wachochi.

Respecto al criminal quebranto del sistema ecológico en la Sierra Tarahumara, la información indica que el 25 por ciento de la madera que se consume en México sale de la Sierra Tarahumara de Chihuahua y no hay utilidades visibles para los propios habitantes, en su mayoría indígenas. El desarrollo forestal sustentable, extendido por casi todo el país, aquí se desconoce y siguen los sistemas de explotación de antaño”.

Es ridículo y lamentable que en Wachochi como “capital/corazón de la Sierra Tarahumara” que tiene un bien natural como es la madera, venga gente de otros estados de la República –Estado de México o Michoacán- a vender roperos, mesas, sillas, camas- pero de madera de baja calidad, unos hechos de aserrín, cuando desde hace varios años Wachochi debería ser un potente centro de explotación de madera con valor agregado, es decir, beneficiarse con una gran industria forestal fabricando muebles de alta calidad. Ciudad Delicias es un centro potencial de fabricación de muebles de madera y hasta exporta al extranjero, cuando no tiene bosques. 

Al destrozo de los bosques contribuyen diariamente los cientos de camiones troceros que acarrean o saquean trozos de madera en rollo, troncos delgados y hasta palos (verde, aserrada, celulosa) dejando cada vez al bosque erosionado y sin posibilidades de recuperación. 

“A las hectáreas afectadas por la tala irracional e incendios, no se les pone el cuidado que merecen; los programas gobierno federal –incluido al de la Cuarta Transformación obradorista del cual se espera (nza) de acción-, de protección al bosque han sido inadecuados y un fracaso para el desarrollo sustentable, por lo cual los ejidatarios mal informados y manipulados, se acostumbraron a recibir el reparto ejidal como limosna –dádivas, una despensa y mil pesos al año, sin bien les va-, sin valor a la importancia de valorizarse y organizarse”, denuncia con índice de fuego el documento eclesiástico. 

Por la pobreza, la ignorancia y la falta de trabajo en la Sierra, la gente es fácil presa de los políticos “asnócratas” y de los delincuentes que manipulan, intimidan para sus intereses personale$ lanzados por algún partido político. Entre la población mestiza/chabochi hay grupos de poder caciquil que buscan controlar al resto y manipular a la población indígena que en varios ejidos y municipios son mayoría. “Esos caciques explotadores utilizan con frecuencia y agresividad la estrategia de difamación, y es común que exageren en reacciones si algo afecta a sus intereses”, convirtiéndose en vulgares [email protected] para desorientar, corromper y desinformar a la población para sacar provecho y lucrar con todo cinismo de ella.

Dentro de las reformas al artículo segundo de la Constitución Nacional de México y otras “iniciativas” sobre los derechos de los 64 pueblos originarios “de los hermanos indígenas”, se han hecho varias “consultas y propuestas” a lo largo del periodo neoliberal, racista y reaccionarios prianistas, y nada concreto se aprobó en su beneficio. Sólo fue pura faramalla, demagogia, cinismo, manipulación y provecho político-electoral sacado de los indígenas.

Se espera que esa alharaca racista pasada ya no se vuelva a repetir en el nuevo gobierno de la 4T. Que todas las propuestas que recibió Regino Montes, director nacional del INPI, y enviadas a las cámaras de diputados y senadores para su aprobación, se ponga en marcha lo más pronto posible en las comunidades indígenas y sean respetadas su autonomía, sus formas de gobierno, su cultura ancestral, su medicina y comida tradicional; si no seguirán azotadas por los talabosques, las delincuencias organizadas políticas y por los caciques ejidales. Por eso hay que tener cuidado, concientizarnos, porque si no luchamos por preservar y defender el bosque que es vida, al rato tendremos cerros pelones. “Vamos a luchar carajo o nos quedamos sin montes”.