Opinion

¿Renovación?

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Yuriria Sierra

miércoles, 21 abril 2021 | 05:00

Ciudad de México.- La idea es abrir paso a la renovación generacional. Si lo que se desea es dar paso a nuevas políticas, éstas cada vez más cercanas a la globalización de los mercados, tendríamos que ver la llegada de rostros más jóvenes que lo permitieran. Otros rostros, nuevas corrientes, más posibilidades. Pluralidad, pues. Cuando sólo es sustitución de personajes que deberán seguir consultando todo con quienes salen y siempre han sido parte de la esfera de poder, ¿cuál es entonces el factor real de cambio?

El lunes, Miguel Díaz-Canel se convirtió en el secretario general del Partido Comunista de Cuba. El presidente actual de la isla es el primer civil que llega a ese cargo en 60 años, también el primero nacido después de la revolución. No tiene el apellido Castro, pero sí todo el apoyo de esta familia que ha dirigido el destino de la isla desde mediados del siglo pasado. Vaya, quien aún se resista en decirle dictador a Fidel no sé con qué maromas intelectuales lo lograría, hablamos de un país que hoy sigue contando las consecuencias por la cerradísima ideología.

“El compañero Díaz-Canel no es un improvisado, a lo largo de los años ha demostrado madurez, capacidad de trabajo, solidez ideológica, sensibilidad política, compromiso y fidelidad hacia la Revolución…”, dijo Raúl Castro en 2018, cuando aquél fue electo presidente de los Consejos de Estado y de Ministros por la IX Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular. Desde ese entonces ya lo perfilaba como el relevo natural de un movimiento que, tras la salida de Fidel, ha logrado pocos guiños a los mercados globales. Y sí, mucho tiene que ver el embargo impuesto por EU, pero, tras la pandemia, la urgencia de este país, como los del resto del mundo, tendrá que ver en la economía su principal reto. Analistas apuntan escasas posibilidades de que haya movimientos fuertes en este sentido. Díaz-Canel es hoy el hombre más poderoso de Cuba, pero esto no le otorga completa libertad. Él mismo lo afirmó cuando el lunes subrayó que las decisiones estratégicas las consultará con Raúl Castro. La confianza que le tienen, la seguridad de tener su lealtad en la bolsa es uno de los factores innegables que lo colocaron ahí, a la cabeza de la que se aferran a llamar aún como la Revolución Cubana, así, en altas, como aferrándose a la idea romántica que les permite un proceso histórico que quedó rebasado. No es una afirmación al aire, es un hecho ampliamente evidenciado con lo que ha ocurrido dentro y fuera de la isla en las últimas seis décadas.

Cuba anuncia una nueva era, pero todo lo que suceda bajo la sombra de los Castro es continuidad. Raúl, tras la muerte de Fidel, se aseguró de que, con el paso de los años, las nuevas figuras al poder respondieran a su movimiento. Con varios años menos, Díaz-Canel tiene una oportunidad de marcar la diferencia en el futuro de la isla, que por años ha seguido la marcha de unos cuantos gobernando en ella y otros más limitando sus posibilidades desde afuera. Cambiar eso sería una real renovación.