Opinion
Álter Ego

Revocación o ratificación

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 01 septiembre 2021 | 05:00

Pregunta la muchacha al novio “¿Deseas que revoquemos nuestra relación?”. Él no sabe qué contestar y consulta el Diccionario: “Revocar” es  “dejar sin efecto una concesión, un mandato o una resolución. Apartar, retraer, disuadir a alguien de un designio.  Hacer retroceder ciertas cosas, pintar la parte exterior de las paredes de un edificio y enlucir cualquier paramento  (Prenda que cubre y a la vez adorna una superficie)”. Busca el término en un Diccionario de Derecho: “la revocación es la anulación o cancelación de un acto anterior de la Administración Pública. La revocación cancela la eficacia jurídica de un acto o fallo”.

La chamaca insiste en que manifieste un sí o no rotundo. El chaval piensa “ni modo que pintemos un edificio y nada que ver nuestro noviazgo con la Administración Pública”. Ante la urgencia de la respuesta el joven dice “lo mejor es que ambos lo consultemos con la almohada”. En México la Revocación de Mandato es un mecanismo por el cual la ciudadanía decide si un servidor de elección popular –en este caso el presidente- deba concluir anticipadamente el cargo para el cual fue designado de acuerdo con reglas y condiciones que contenga la convocatoria.

Si en la boleta dice así: “¿Desea revocar el mandato de AMLO?” tiene que responder con un sí o un no. El elector pensará “si digo sí ¿qué pasará? Si digo no ¿…?” Tomemos en cuenta que el pueblo es bueno, pero no tan sabio. Los mexicanos sin escolaridad representan el 4.9%; Educación Superior el 21.6%; Media Superior 24% y  Básica 49.3%. La tendencia de los individuos es responder afirmativamente cuando no saben qué les preguntan. Si un extranjero les inquieren “D'où viens-tu?” contestan tímidamente con un… “ouí…”. Algo más sencillo: “Where are you from?” fácil “Yes, my name is Ralph Sotou”. Si el pueblo no entiende qué significa “revocar” será complicado que emita su opinión y o cancela la boleta -o lo peor para el sistema- dice que SÍ.

Por eso al gobierno federal y sus fieles escuderos morenistas les urge modificar el concepto y cambiarlo por el de “Ratificación” aunque violenten la Carta Magna y que sea: “¿Desea ratificar en su honroso cargo de presidente de la república a AMLO?” aunque según la RAE “ratificar” es “aprobar o confirmar actos, palabras o escritos dándolos por valederos y ciertos”. En Derecho, se dice de una ratificación cuando un sujeto consciente de que las consecuencias de un acto jurídico que no le afectarían también lo alcancen a él (?).

Llevar a cabo la consulta es por sí difícil y su resultado complejo –aunque la vida nos da sorpresas- porque se necesita que el 3% del padrón electoral la solicite y después –para ser válida- que al menos el 40% de quienes tenemos derecho al sufragio participemos. Supongamos que si se dan las condiciones entonces surgen dos preguntas: Quienes no están de acuerdo en que el presidente permanezca en el trono ¿podrán hacer campaña en los mismos espacios y tiempos que usa el gobierno (en estaciones de radio y televisión) para promover su salida? Y segundo, si se realiza el referéndum ¿qué ocurrirá si las opciones empatan?

Mi álter ego está orgulloso de su presidente. Se levanta a las 4:45. A las 6:00 se reúne con el Gabinete de Seguridad. A las 7:00 Conferencia de Prensa. Más tarde giras de trabajo y después de más de doce horas ininterrumpidas de labores descansa. Es el  segundo mejor mandatario del mundo y el 60% aprueba su gestión.   ¡Y tiene tiempo para escribir libros! “A la Mitad del Camino” es el más reciente. Ya ni amuela Dante Alighieri, tardó 15 años en redactar los versillos de la “Divina Comedia” y sin ser primer mandatario.