Opinion

Revolución Mexicana, beneficio de unos cuantos

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Héctor García Aguirre

martes, 16 noviembre 2021 | 05:00

Era la lucha del pobre

que sin miedo fue a la guerra,

a pelear sus libertades

y un pedacito de tierra.

Corrido del Agrarista, J. Cortazar.

Aunque no existen cifras oficiales, se estima que durante el conflicto armado de 1910-1921 perdieron la vida cerca de un millón de personas. El caos postrevolucionario incrementó esa cifra fatal incluyendo el movimiento cristero de 1926-1929 como consecuencia directa de la desafortunada aplicación de la reformada Constitución a los bienes y actividades del clero. La intolerancia del presidente Calles y su falta de tacto político provocó un estéril enfrentamiento fratricida teniendo de por medio una de las instituciones más poderosas de la época.

 La versión más romántica del movimiento armado es la historia oficial, mi suspicacia me hace diferir de ella: la Revolución Mexicana en su fase de lucha armada la hicieron los pobres, los desposeídos, los humillados por los terratenientes y empresarios, los cuasiesclavos de minas y haciendas, fueron ellos quienes empuñaron las armas para defender “… sus libertades y un pedacito de tierra…”, pero al terminar la lucha revolucionaria los pobres volvieron a sus jacales, los curas a sus oficios, los empresarios siguieron amasando fortuna y la nueva casta política se olvidó de su origen y se unió a la burguesía una vez que “les hizo justicia la Revolución”. 

Fue una lucha orquestada y culminada por la burguesía en contra de la burguesía, “quítate tú para ponerme yo” (los Maderos, los Obregones, los Carranzas, los Calles en contra de los Creel, los Terrazas, los Díaz). Sería interesante levantar una encuesta donde se les pregunte a los millones de mexicanos que viven en la extrema pobreza de qué les sirvió la Revolución, entre ellos debe haber descendientes de los hombres y mujeres que empuñaron las armas con la ilusión de una vida mejor y que  ahora, muchos de ellos viven en la indigencia.  

Una de las verdades oficiales es que el Congreso Constituyente de 1917 nos dio una Constitución. Si revisamos la de 1857 y la comparamos con la vigente, nos damos cuenta que en esa legislatura tuvo sus primeras manifestaciones el “copy-paste” de nuestros días. 

Debo reconocer que las garantías sociales contenidas en los artículos 3, 27 y 123 fueron el gran avance constitucional de México. Los “peros” que le pondría a ese avance: a) La cuestionabilidad de la educación laica y gratuita; b) Si la tierra y lo que produce, sobre todo de los ejidos, son de quien la trabaja; y, c) Si realmente existe una política laboral justa. 

Nada de eso, la religión sigue metida hasta el tuétano en la educación de millones de mexicanos, en contravención con el artículo 3o. fracción I de la Constitución Federal. Las tierras producen para beneficio de los intermediarios, banqueros y usureros que se aprovechan del campesino, y aun del agricultor, para despojarlos de sus ganancias so pretexto, como en las tiendas de raya, de todo lo recibido en concepto de préstamos para laborar sus parcelas. ¿Y la reforma laboral? bien, gracias. Los trabajadores siguen esperando la justa retribución a su esfuerzo. Si usted no me cree, dese una vuelta por las juntas local y federal de Conciliación y Arbitraje donde pulula un tufillo a corrupción por sus pasillos. Miles de asuntos esperan resolución ante la mirada displicente de sus presidentes. Los jueces laborales, en poco tiempo, se encargarán de pedirles amablemente su renuncia.

Así las cosas, la Revolución Mexicana sólo sirvió como pretexto para que una purulenta casta política se envolviera en sus principios para incrementar ostentosamente sus fortunas. Cada sexenio, particularmente priistas, se cocinó una comalada de ricos que de la noche a la mañana dejaban de ser políticos pobres para convertirse en "respetables" señores acaudalados sin pudor alguno. Ejemplos hay muchos, la cloaca apenas se está destapando.

El pueblo, en su mayoría de clase media para abajo, nada tiene que festejar, pero sí conmemorar la fecha en la que miles de sus ascendientes dieron la vida esperando un mejor futuro para su prole, pero no hubo tal futuro prodigioso, la realidad es otra. Existen en México 57 millones de pobres y 11 millones de éstos en pobreza extrema, frente a muchos políticos y empresarios de la vieja guardia que hacen ostentación de una riqueza ignominiosa, tal como se ha ido evidenciando al correr del presente sexenio.

Los pobres y extremadamente pobres no brotaron como los hongos de mi tierra, de la noche a la mañana, o en los últimos 3 años como pregona el bloque opositor al presidente. No, las cifras fueron creciendo como bola de nieve durante muchos años, particularmente en la época de bonanza del PRI. En este tiempo la casta parasitaria "conductora" del país llenó sus bolsillos de dinero y el que no les cupo, lo enviaron a los paraísos fiscales, Andorra, Islas Caimán, Suiza y Bermudas por mencionar sólo algunos. Las investigaciones apenas empiezan, y como dice el dicho: "A cada santo se le llega su capillita". De aquí para adelante esperemos que también a los pobres les haga justicia la Revolución.

Que así sea.