Opinion

Rompiendo paradigmas

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Francisco Ortiz Bello

domingo, 24 abril 2022 | 05:00

Ciudad Juárez.- Nada hay más difícil y complicado que romper con un paradigma, porque implica terminar de tajo no solo con un modelo o esquema preestablecido, sino con todo un estatus quo de seguridad, rutina y comodidad, que no siempre da buenos resultados pero que garantiza la certeza de ciertos resultados alcanzables, aunque no sean precisamente los mejores. 

¿Qué es un paradigma? De acuerdo con la RAE (Real Academia Española de Lengua) “es una teoría o conjunto de teorías, cuyo núcleo central se acepta sin cuestionar y que suministra la base y modelo para resolver problemas y avanzar en el conocimiento”. Es decir, se trata de una serie de máximas y postulados secuenciados en tiempo, forma y modo, que aseguran determinados resultados de alguna acción específica.

Un ejemplo claro de un paradigma es una receta de cocina. Sí, esas recetas de la abuela tan codiciadas en todos los hogares, por su extraordinario sabor, pero que son eso, un paradigma. Siempre los mismos ingredientes (de preferencia siempre adquiridos en los mismos lugares), siempre los mismos tiempos de cocción o cocinado y orden para cada ingrediente, siempre la misma marca de productos, siempre la misma flama, siempre la misma secuencia de integración de los ingredientes, en fin, un esquema rígido de pasos, ingredientes y modos que se deben repetir sin alterar nada en absoluto. Eso es un paradigma, una camisa de fuerza que asegura una forma de hacer las cosas o determinados resultados.

Los seres humanos somos, en esencia, paradigmáticos, es decir, altamente propensos a refugiarnos en la seguridad de modelos o esquemas que nos garanticen que las cosas saldrán más o menos como queremos que salgan, e incluso, cuando no salen así, nos reconfortamos pensando que, si algo no salió bien, no importa, porque nosotros hicimos lo mismo de siempre.

La muy famosa frase “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, mayormente atribuida al científico Albert Einstein, aunque también a Mark Twain y a Benjamín Franklin, es el mejor ejemplo de lo que es un paradigma y para qué nos sirve distinguirlo.

La rutina diaria de arreglo personal, la manera de pensar sobre religión, política, relaciones sociales, la educación de los hijos, la disciplina familiar y la convivencia social, son algunos otros buenos ejemplos de los paradigmas más comunes de los seres humanos.

Por eso, cuando una persona se pone a dieta para reducir peso, o para cualquier otro hábito de conducta se dice que está “rompiendo paradigmas”, porque eso implica un cambio drástico en la forma de vivir y de hacer las cosas. Salirse de la cápsula de seguridad y comodidad.

En este momento, en nuestra ciudad se están rompiendo varios paradigmas en diversos temas. Por primera vez Juárez es gobernada por un partido de izquierda, hay una gobernadora que está dándole una preponderancia que nunca antes había tenido de ese orden de gobierno, tendremos un sistema de transporte urbano muy distinto al que habíamos tenido por décadas, tan solo por mencionar algunos de esos paradigmas.

Un transporte urbano que por décadas ha sido dolor de cabeza de todos. Autoridades, usuarios, automovilistas, hemos lidiado con un transporte ineficiente, inseguro, caro y peligroso, con unidades que no cumplen los mínimos requisitos para circular y menos para brindar seguridad y buena atención a los pasajeros.

Transportistas tozudamente aferrados a sus viejos paradigmas, estrechamente vinculados al usufructo inconfesable de sus relaciones con el poder público, negados a la modernización de sus unidades y a brindar un servicio digno, de calidad, eficiente y seguro a los usuarios. Todo eso en el marco de un sistema de gobierno permisivo, corrupto, tolerante e indiferente ante la problemática.

Sin embargo, como en cualquier aspecto de la vida, nada es totalmente negro, o totalmente blanco, los absolutos no existen. En esta semana que hoy termina, tuve la oportunidad de entrevistar en dos ocasiones a un hombre, a un juarense, que me sorprendió muy gratamente. Tanto, que me hizo reflexionar a fondo sobre el estigma a los transportistas. Hoy pienso que es injusto generalizar.

Además de las entrevistas para mis programas de radio en 860 Líder Informativo, las conversaciones previas y posteriores a las mismas, fuera de libreta, me permitieron conocer y admirar la grandeza de un juarense realmente comprometido con su ciudad y con su trabajo.

Se trata de Don José Heber Morales, juarense, chofer de ruta desde su mocedad, concesionario de unidades de transporte urbano, y hoy flamante empresario del nuevo sistema de transporte urbano BRT en la troncal 2, que como él mismo reconoce, acaba de dar el salto enorme de hombre-camión a empresario del transporte, ha roto pues uno de los paradigmas más grandes de su vida.

Con una situación personal y familiar resuelta en lo económico desde hace muchos años, por el éxito en el buen manejo de sus unidades en la ruta 5 Lazos, Don José habla entusiasmado de esta importante decisión en su vida, como si fuera un pequeño niño jubiloso porque ha logrado ganar un juego de futbol o una partida de canicas con la pandilla de la cuadra.

Pero lo que más me sorprendió es que, a pesar de no necesitarlo, es más, sin necesidad de arriesgar incluso el patrimonio forjado a lo largo de los años con esforzado trabajo, Don José decidió entrarle a la conformación de la empresa que va a operar la troncal 2 del BRT o Juárez Bus, pese a todos los cuestionamientos en contra de dicho proyecto impuesto al final del gobierno de Javier Corral.

Pero no solamente decidió entrarle, sino que, con la visión propia de un verdadero empresario, también decidió invertir prácticamente todo su patrimonio y ahorros para adquirir los primeros dos camiones articulados que ya circulan por la ciudad, y que formarán parte de este nuevo sistema de transporte urbano.

Con un costo superior a los 8 millones de pesos, cada camión articulado podrá transportar cómodamente a 160 pasajeros, en una unidad moderna, con clima artificial, WiFi, espacios especiales para personas con discapacidad (silla de ruedas), asientos para invidentes, estas unidades recorren ya la ruta de la troncal 2 en una etapa preoperativa que permita identificar y corregir las posibles fallas u obstáculos para que el recorrido inicial, del Aeropuerto Internacional Benito Juárez a la avenida de las Américas, se realice en 45 minutos, de ida y vuelta.

“Lo que me motivó para entrarle a este proyecto y que es por lo que siempre he trabajado, fue para dignificar al usuario, para darles un servicio del que se sientan satisfechos y contentos de pagar su precio” dijo Don José en una de las entrevistas.

Don José rompió un paradigma importante en su vida, la forma de trabajar, convirtiéndose de trabajador del volante a próspero empresario del transporte, pero aun a sus años se muestra entusiasmado por brindarle a los juarenses un servicio de transporte urbano, digno, seguro y a precio justo, aunque para ello haya tenido que arriesgar incluso el patrimonio familiar.

Cuando ve uno a un juarense así, entusiasta, optimista, decidido, comprometido, seguro de lo que hace por el bien de su ciudad y de sus conciudadanos, no queda más que reconocer que, en ocasiones, nos equivocamos en la generalización de juicios sobre las personas, sobre todo cuando generalizamos y etiquetamos sin distinguir o aceptar que hay excepciones. Don José es una valiosa excepción en el gremio transportista de Juárez.

Es verdad que la operación del BRT tanto en su troncal 2 como en la pre troncal de la Gómez Morín, tenga que enfrentar serias dificultades en su operación efectiva, cotidiana, pero también es claro que, con el entusiasmo, fuerza y optimismo de personas como Don José, no cabe duda que no habrá obstáculo o falla que no se pueda corregir y hacerlo funcionar adecuadamente.

Con la implementación del BRT, Juárez está rompiendo paradigmas. El primero de ellos, la visión de una ciudad más moderna y cosmopolita, el segundo, el de una comunidad esforzada y visionaria, que arriesga su comodidad presente por una notable mejoría futura. Enhorabuena por los juarenses como Don José.