Opinion
Periscopio

Saldos de la Cumbre Biden

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 28 abril 2021 | 05:00

La Cumbre sobre el Clima convocada por el presidente de Estados Unidos, Biden, se da en ámbito de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, que ha sustentado la realización de la Conferencia de la ONU sobre el Cambio Climático o Acuerdo de París, COP25, que tuvo lugar del 2 al 13 de diciembre de 2019.

En la Conferencia se estableció disminuir la temperatura a nivel global a no más de 2°C al 2100, a través de responsabilidades comunes pero diferenciadas de las partes. El Acuerdo de París entró en vigor en 2020. La evolución de las variables climáticas ha mostrado la insuficiencia del esfuerzo y evidenciado que la meta se ha quedado corta. 

Esto entre otras razones por incumplir los compromisos autoimpuestos por los países parte. Pero también por el efecto de la remisión de los gobiernos negacionistas de la crisis climática, principalmente de Estados Unidos. 

La regresión ocurrida en este país no sólo afecta los niveles adversos a su interior. Lo que se omite hacer en el vecino país no afecta únicamente a sus habitantes, sino que trasciende allende sus fronteras y afecta a todo el mundo, en particular a nuestras variables climáticas (lo cual también es válido a la inversa).

El presidente estadounidense, Joe Biden, intentó retomar el papel de liderazgo que en el pasado, jugara Estados Unidos en la lucha contra la crisis climática, antes del advenimiento del gobierno de Trump; esto, apenas cumplidos tres meses después de reintegrar a su país en el Acuerdo de París.  

Al organizar una conferencia virtual en la que participaron el jueves y viernes pasado unos 40 dirigentes de todo el mundo. En este contexto, Estados Unidos, Brasil, Japón y Corea del Sur anunciaron nuevas metas para recortar sus emisiones y alcanzar la neutralidad climática en 2050, un objetivo que también ha asumido la Unión Europea (UE) y al que han prometido sumarse otras potencias, como China y Rusia. 

“Estados Unidos emprende un camino para recortar a la mitad los gases con efecto invernadero para el fin de esta década (...), para convertirnos en una economía con cero emisiones netas para no más tarde de 2050".

Ese nuevo compromiso de Estados Unidos, que consiste en recortar sus emisiones entre el 50 % y el 52 % para 2030 respecto a los niveles de 2005, supone el doble de su objetivo inicial bajo el Acuerdo de París. Se trata de una meta cercana a la que ha asumido la UE, que planea un recorte de emisiones de al menos el 55 % para el fin de esta década, sin embargo, su compromiso de alcanzar la neutralidad de carbono para 2050 es idéntico al del bloque europeo.

Adicionalmente, Biden se comprometió a duplicar para 2024 los fondos que dedica anualmente a financiar iniciativas verdes en países en desarrollo, algo que puede “evitar los costos de desastres y conflictos”, evidenciando un papel proactivo y conciencia de la naturaleza global del problema.

Además de intentar retomar un rol de líderazgo en la lucha contra el cambio climático, los compromisos anunciados y avalados por las medidas de política ambiental instrumentadas en Estados Unidos; resulta evidente que pretende impulsar a los otros actores de la COP 25 a asumir propósitos más ambiciosos con miras a la cumbre COP26 de noviembre en Glasgow (Escocia) y fueron bienvenidos por muchos de los líderes participantes, tras cuatro años de hostilidad a la agenda climática bajo el Gobierno de Donald Trump.

Entre ellos, la canciller alemana, Angela Merkel externó: “Estoy encantada de ver que Estados Unidos ha vuelto a trabajar con nosotros en políticas sobre el clima”.

La Cumbre del Clima cerró el viernes con redoblados compromisos internacionales y el dibujo de un futuro en el que se generarán millones de empleos, muchos de ellos en sectores aún no imaginados como las "islas de energía" para frenar el calentamiento global. Las islas de energía son microredes que permiten el abastecimiento continuo del servicio eléctrico, en pequeños poblados o lugares aislados de la red pública, de modo que sus servicios, tanto públicos como privados puedan seguir operando. 

El país líder en esta tecnología es Dinamarca, que se ha planteado en el corto plazo establecer estas islas artificiales para satisfacer las necesidades danesas como de Europa. Combinan y operan subsistemas de turbogeneradores, energía fotovoltaica, maremotriz, hornos solares, convertidores de agua marina a potable, entre otros. Los turbogeneradores en su mayoría, centenares, se ubican en el mar, pero conectados a la isla. El suministro de energía, contrariamente a lo que se piensa en las nuevas tecnologías, permitirán la diversificación de actividades económicas y el crecimiento de las actuales, aportando al empleo y al ingreso.

En relación con los cambios tecnológicos que precisan los objetivos del cambio climático, Biden postuló: "Habrá gente trabajando en campos que aún no hemos imaginado en granjas y fábricas, en laboratorios y universidades", al destacar la "oportunidad" que se abre para crear "millones de empleos bien pagados" en todo el mundo. 

Es claro que esto no ocurrirá de mano de las decisiones de las empresas, se requiere del liderazgo gubernamental a fin de generar los incentivos correctos y las correspondientes políticas públicas de todo orden. Por ejemplo, los costos de la tecnología aún no se encuentran en línea con los objetivos de la lucha contra el cambio climático. De tal modo que los incentivos correctos, tanto positivos como negativos, cobran mayor relevancia para el desarrollo tecnológico y su aplicación. El esfuerzo deberá ser compartido entre los sectores público y privado.

Finalmente, quedó evidente que algunos estados parte, no comparten ni los objetivos ni el esfuerzo, los casos más evidentes fueron Rusia, Brasil y México, a los cuales algunos analistas han calificado de estados “gorrones”. Quieren sacar hasta la última gota de los combustibles fósiles y las tecnologías que las insumen, o ejerciendo el chantaje de “presto el servicio de procesar el bióxido de carbono a cambio de transferencias en recursos monetarios”, propuesto por Bolsonaro que se ha caracterizado por liderar la deforestación. O financias la homologación de mi programa sembrando vida en Centroamérica, y cuando se hayan cumplido las metas les proporcionas visas de residencia en tu país. Estos países están en riesgo de que se les recuerden sus compromisos, con los tratados como con las metas de las Rondas.

El problema lo tenemos todos aun cuando algunos contribuyan más a los gases de efecto invernadero que otros.