Opinion
Crónicas de Mis Recuerdos

San Pedro Maldonado: a 83 años de su sacrificio (Conclusión)

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/ Después de 63 años de aquel crimen injusto, el Papa Juan Pablo II lo declara santo. Manifestación en el Palacio Federal.
/ Su sacrificio no fue en vano.
/ Enorme concentración para despedir al padre Pedro de Jesús Maldonado tras su sacrificio.

Oscar A. Viramontes Olivas

domingo, 09 febrero 2020 | 05:00

Entre 1926 y 1929 fue constantemente acosado "como a un animal". Los tres períodos de la persecución religiosa vieron al Padre Maldonado, huyendo constantemente de la Policía y de los agentes del gobierno. El Viernes Santo de 1936, mientras regresaba a su escondite en el poblado llamado La Boquilla en Santa Isabel, después de una visita para ayudar a una mujer moribunda en la vecindad de la estación del tren del mismo pueblo, fue emboscado junto con sus acompañantes. Al día siguiente se contaron doscientos cartuchos en el lugar de la emboscada.

Al inicio de la administración del gobernador Fernando Orozco en 1927 y con la firme convicción de poner “orden” en el estado, sacaría una de sus cartas más fuertes para que la ley se convierta en “mano de hierro” por lo que nombraría a Francisco Ponce Orozco, como jefe de la Policía Rural, muy temida en todas partes por sus formas sanguinarias de actuar. No esperaría un pretexto para atrapar a Pedro, pues desde México se girarían órdenes de aprehensión en contra del padre que el mismo “chacal” la recibiría con gusto. 

En Santa Isabel, ya recientemente bautizada como “General Trías” en 1934, el nuevo jefe de la Policía el general Raúl Mendiolea Zerecero, haría llamar al padre Maldonado para que fuera a la Presidencia: “Tráiganme a ese curita hijo de la chin……” Con estas palabras sus huestes fueron en búsqueda del “soldado de Dios” hasta que fue encontrado. 

A paso firme con el Rosario en la mano, Maldonado se encaminó al cuartel. Fue introducido en los fríos rincones de una celda y a los pocos minutos fue sacado con lujo de violencia y puesto en el banquillo de los acusados para recibir un largo y agotador interrogatorio. El verdugo Mendiolea aplicó la tortura psicológica, llevándoselo de un lugar a otro, ya que por la noche conduciría a Maldonado con los ojos cubiertos a un paraje. Cuando el reloj daba las 10 de la noche, fue puesto para ser fusilado. 

Eventos y más eventos se dejaron sentir, pero llegaba el miércoles 10 de febrero de 1937 cuando la Policía iba definitivamente en la búsqueda del padre Maldonado. Llegaron a la casa de las hermanas Loya y algunas mujeres estaban rezando lo que les impidió a los policías la entrada a la vivienda. Este hecho, le permitió al padre Maldonado y a Bonifacio Frescas, su acompañante, huir del lugar para refugiarse en un establo cercano a la casa.  

Los policías con una “rabia” que nadie se las quitaba, empezaron a buscar a Maldonado hasta que lo encontraron, exigiéndole que saliera a lo cual éste se negó. A los pocos minutos, el padre accedió para ser llevado a la Presidencia municipal haciéndolo prisionero junto con Bonifacio Frescas. Ambos fueron llevados a pie recorriendo cerca de tres kilómetros hasta la plaza. La distancia fue todo un calvario, con los pies desnudos, caminando bajo el ardiente sol junto a los insultos y golpes que les propinaban los policías. Sintió miedo pero con valentía enfrentaba a sus verdugos. 

Lo acompañaban Luz Maldonado, Jesús J. Ortega, entre otros. Al llegar frente a Rivera, el jefe de la policía Francisco Frescas y el alcalde Jesús Salcido, lo empezaron a golpear brutalmente pero en la memoria de Maldonado aparecía la imagen de aquello que le había sucedido a Jesucristo en el camino hacia la cruz. Él también había sido golpeado, ese era el mejor ejemplo para el sacerdote. 

Le ataron una cuerda al cuello y el padre fue llevado de un lugar a otro, recibiendo incesantemente lluvia de golpes. La sangre empezaba a brotar como manantial con un brazo quebrado y el ojo hundido, soportaba el dolor y la burla de sus “chacales”.  Ahogándose con su propia sangre y casi moribundo seguía caminando. 

Con el temor de que muriera, sus agresores mandaron traer una ambulancia desde Chihuahua, para que el padre fuera trasladado a la ciudad de Chihuahua hasta el hospital Civil del Estado, hoy Hospital Central. Al saber el obispo Guízar, envió inmediatamente a los sacerdotes Francisco Espino Porras y Sixto Gutiérrez, éste último permaneciendo toda la noche con él hasta su muerte.

Era el jueves 11 de febrero de 1937, cuando el reloj marcaba las 5:15 am y el corazón de Maldonado se detenía, ya no había nada que hacer, ya el Señor lo había llamado y a sus 42 años dejaba este mundo, un mudo cruel e injusto, pero esa había sido la misión de Pedro de Jesús Maldonado Lucero, venir a este mundo a rescatar a los humildes de las garras de las injusticias, sí, su misión había sido consumada. 

La causa de su muerte sería una brutal y salvaje golpiza que le causó un severo daño cerebral y heridas en diversas partes del cuerpo. Esto sucedería en la Presidencia municipal de Santa Isabel el 10 de febrero, Miércoles de Ceniza en aquel año y terminaría al día siguiente en Chihuahua.

Maldonado no descansó, sino que ofreció su vida como un valiente “soldado” de Cristo. Posterior a todo esto, el padre sería llevado a su última morada el Panteón de Dolores y sería sepultado ante la asistencia de miles de católicos. Con el féretro en hombros y a pie, la multitud se unía al mártir Maldonado; un mar de gente se agolpaba gritándole ¡Viva Cristo Rey!, ¡Viva el Padre Maldonado. Con todo este amor manifiesto por un pueblo ofendido, dejaban a Maldonado en su última morada. 

Su sacrificio no fue en vano, sus perseguidores más que ganar, quedaron ante el juicio de la historia y las restricciones del gobernador Rodrigo M. Quevedo para las celebraciones religiosas de la iglesia, quedando abolidas el 26 de abril de 1937 cuando el gobernador el Ingeniero Talamantes, autorizaría la libertad de todas las actividades católicas. 

Finalmente, el 10 de marzo del año 2000, el Papa Juan Pablo II lo canonizaría y hecho santo junto a otros mártires que murieron a causa de la injusticia de un poder absurdo, represor y maligno, entre esos mártires que fueron hechos santos junto a Pedro de Jesús Maldonado, fueron los sacerdotes: Cristóbal Magallanes Jara, Román Adame Rosales, Rodrigo Aguilar Alemán, Julio Álvarez Mendoza, Luis Batís Sainz, Agustín Caloca Cortés, Mateo Correa Magallanes, Atilano Cruz Alvarado, Miguel De La Mora De La Mora, Pedro Esqueda Ramírez, Margarito Flores García, José Isabel Flores Varela, David Galván Bermúdez, Jesús Méndez Montoya, Toribio Romo González, Jenaro Sánchez Delgadillo, David Uribe Velasco, Tranquilino Ubiarco Robles, Justino Orona Madrigal, Sabas Reyes Salazar, José María Robles Hurtado y los laicos Salvador Lara Puente, Manuel Morales y David Roldán Lara.

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violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh

Fuentes:

Libro: El Mártir de Chihuahua de Javier H. Contreras, 1992

Fotos: Colección del Dr. Javier H. Contreras Orozco. 

Libro: El Martirio del Padre Maldonado. Gerald O Rourke, 2000.

Archivo Diocesano de Chihuahua. 

Archivo Histórico de la Ciudad de Chihuahua