Opinion

Seducir con palabras

"Pero se van tiñendo con tu amor mis palabras." Pablo Neruda

Sergio Sarmiento
jueves, 14 febrero 2019 | 01:49

Ciudad de México-- Los piropos son tan antiguos como la historia; emplean la palabra para el objetivo más importante que un hombre puede tener: seducir a una mujer. El piropo no es una forma de acoso, como hoy se acusa, sino una consecuencia de las libertades de la mujer. Ningún piropo, ningún intento de seducir con la palabra, es necesario donde las mujeres son propiedad del hombre. Sólo en un ambiente de libertad debe desplegarse el ingenio para seducir. Por eso María Félix decía: "La elegancia de un hombre está en la seriedad de su boca".      
María Guadalupe Cevallos Almada ha publicado un hermoso libro, Piropos y refranes: hazme el milagrito, con muchas de las expresiones populares que buscan seducir. Algunas son finas: "¡Quisiera ser tu sol para alumbrar tu día, y tu luna para velar tus sueños!". Otras vulgares: "Si verde te caes de buena, ¿qué será cuando estés madura?". Algunas esperanzadoras: "Si no te tardas mucho, te espero toda la vida". Y otras tecnológicas: "¡Quién fuera mousepad para que me acariciaras todo el día!".
Ciertos piropos son cursis: "Por un beso y un te quiero pongo a tus pies el mundo entero". Otros románticos: "¡Quisiera ser canción para vivir en tus labios!". Algunos prácticos: "Por favor, dile a tus padres que soy un ferviente admirador de las personas que hacen las cosas bien". Otros teológicos: "Has de ser atea porque estás como quieres y no como Dios manda". Algunos modifican los conceptos mismos de la ciencia o de la anatomía: "¡Los ángeles no tienen espalda!".    
Los piropos pueden ser simpáticos: "¿Me prestas un beso? Te juro que te lo devuelvo". Otros exigen respuesta inmediata: "¿Crees en el amor a primera vista o tengo que volver a pasar?". Algunos presentan ofertas inmejorables: "Mi reina, soy tuyo sin enganche y con facilidades de pago".      
Los hay tiernos: "Dicen que un sol en el cielo para alumbrar puso Dios; el cielo puso uno, pero en tu carita dos". Impunes: "Por un besito ni dos, a nadie castiga Dios". Contemplativos: "¿Te importa si te miro un ratito? Quiero recordar tu cara para cuando sueñe contigo". Puntuales: "Mi acta de nacimiento tiene la fecha equivocada, yo nací el día en que te conocí". Posesivos: "Tengo celos de tu sombra, del confesor que te escucha, del canario que te canta y hasta del sol que te alumbra". Y casi inocentes: "Por ti sufro, por ti muero, por ti estoy flaco como un plumero".    
Muchos son pícaros: "Bonita blusa, ¿puedo hablarte sin ella?". Tentadores: "Quisiera ser ciego para leerte con mis manos". Atrevidos: "Papito, préstame a tu general, que yo te lo hago mayor". Groseros: "¡Quién fuera mecánico, para meterle mano a esa máquina!". Algunos quieren ser simpáticos: "¡Acabo de encontrar al padre de mis hijos". Embriagados: "Te veo doble. Doble de guapo que la semana pasada". Otros, ¿por qué no?, corrientes: "¿Jugamos a la basurita? Tú te tiras al suelo y yo te recojo". Los hay ayunantes: "¡Qué harta carne y yo en vigilia!". Ferrocarrileros: "Si tus piernas son las vías, ¡cómo estará la estación!". Generosos: "Al que te pide has de dar pues tiene necesidad". Despreciativos: "No te calientes garnacha, que no es para ti este aceite". O imperecederos: "Si la belleza fuera un instante, tú serías la eternidad".    
Nacimos para seducir y para amar. Cada uno lo hace a su manera, pero la belleza o el dinero palidecen ante el poder de la palabra. "Vale más la labia que la billetera o la pinta", explicaría la voz popular. Por eso Jorge Arroyo escribe: "Al piropo hay que defenderlo cuando exhiba el ingenio en labios del pueblo".  
Responsable
Ahora resulta, dice el presidente, que el neoliberalismo conservador (sic) es responsable de los supuestos actos de corrupción de las estancias infantiles. Pero no sabemos ni cuáles son esos actos ni por qué no se castiga a nadie. 

Twitter: @SergioSarmiento