Opinion
Ya es momento

Seguridad para todos

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Kenya Durán Valdez

viernes, 23 septiembre 2022 | 05:00

Hay temas políticos o sociales que para los editorialistas o líderes de opinión les es inevitable abordar; uno de ellos es, -sin duda-, la seguridad pública. Podría equivocarme en alguna terminología por no ser mi área de expertis, sin embargo, ante la confusión que se está suscitando en la agenda nacional con motivo de la militarización del país, simple y sencillamente me permitiré hacer algunas reflexiones al respecto.

Seguramente muchos habremos de recordar cuando en la época de Felipe Calderón -como presidente-, se hablaba precisamente de este término: “la militarización”. Por lo que sé, se generaron lo que se denominaban “células mixtas”; esto consistía en que se conformaba un convoy con elementos y patrullas, tanto de la policía municipal, como de la estatal, así como de la federal y el ejército, para circular por las diferentes ciudades, pueblos y comunidades a lo largo y ancho del país; con la intención de que existiera una mayor vigilancia y con ello, tratar de aminorar el grave problema de inseguridad y de criminalidad prevaleciente en aquellos tiempos.

Es por todos sabido, que la seguridad pública, no solo se trata de más policías, patrullas o armamento, sino que las estrategias de los distintos entes, deben estar perfectamente alineados y abarcar incluso otros aspectos del quehacer gubernamental, -que pareciera que no necesariamente están relacionados con la seguridad-, como lo son: la educación, el desarrollo, el empleo, la infraestructura, las telecomunicaciones, etc. 

Considero pertinente que lo que debe hacerse para garantizar a la ciudadanía un clima de paz y tranquilidad, para poder salir a la calle, para seguir con las actividades cotidianas, para que los jóvenes vayan a las escuelas o acudir a los centros de trabajo o espacios de diversión y esparcimiento para disfrute de las familias, conlleva toda una estructura integral de coordinación y colaboración, no solo de los cuerpos policiacos o de la milicia sino de todas las áreas gubernamentales.

La presencia del ejército en las calles, no nos es ajena. De hecho lo vemos con cierta naturalidad al circular por las calles o avenidas, que vayan vehículos con personal militar armado, vigilantes de lo que acontece en nuestra sociedad. 

El ejército era y sigue siendo la Institución mejor calificada en México, muy por encima incluso de lo que llegó a estar el porcentaje del propio presidente Andrés Manuel, en su mejor momento en 2018, el que por cierto ha sufrido una debacle precisamente ante su mal gobierno y sus malas decisiones; sin embargo, el ejército se mantiene como el más aceptado en toda clase de encuestas.

Se ha propiciado un gran revuelo con este asunto de la militarización, en virtud de que hay una gran confusión en la sociedad, por la falta de información o porque se han fijado posturas por distintos actores políticos nacionales que no terminan de comprenderse, ya que quienes en otro tiempo hablaban en sus discursos de manera enfática en el sentido de posicionarse en contra de la militarización como lo es el propio AMLO, ahora son quienes están a favor de generar reformas constitucionales y demás cuerpos normativos para dar facultades al ejército en materia de seguridad y en tiempos de administraciones panistas, lo que se le conoce como: “la guerra contra el narco”, ahora son los albiazules quienes se oponen a esta situación, en la cámara de diputados y de senadores, junto con los legisladores de otros partidos. 

Parece que los que estaban a favor ahora están en contra y los que se pronunciaron en contra ahora son los que están a favor. Así de extraño. 

Lo verdaderamente grave no es si el ejército permanece en las calles o en los cuarteles, sino la ambigüedad que existe al no tener una estrategia de seguridad que de certidumbre a los mexicanos; una estrategia bien planeada y estructurada; una estrategia de coordinación de todos los entes; una estrategia que lleve a mejores estadíos a nuestra sociedad; una estrategia que acabe con la criminalidad de forma certera y contundente.

Aunado a lo que ya he estado mencionando sobre la colaboración de las distintas fuerzas policiacas, debe también considerarse la parte correspondiente al poder judicial; pues la impunidad genera mayor inseguridad. Los hechos delictivos deben ser denunciados, investigados y castigados, como una medida adicional que aminore la comisión de delitos.

Por supuesto, que la sociedad en su conjunto juega un papel preponderante. Debemos conocer, practicar y promover una cultura de legalidad, de respeto, de tolerancia, de paz. 

Ya es momento, de concientizarnos todos del nivel de criminalidad en el que estamos y de lo fallido de los planes hasta el momento. 

Ya es momento…