Opinion

Ser o tener felicidad

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Arturo Limón D.

domingo, 09 enero 2022 | 05:00

REFLEXION NECESARIA

Ayer (sábado 8) cerró la contabilidad de contagios de Covid 19 y Ómicron para el estado de Chihuaha por segundo día consecutivo, con más mil casos en un día y rompió de nuevo el récord que acababa de establecer apena, el viernes 7, habrá que ver el de hoy domingo que usted lea estas líneas lo que suceda con los contagios de ayer que dieron 1,143 positivos nuevos de ellos corresponden a los municipios de: Juárez (+218), Chihuahua (+502) (poco más de doscientos por ciento) de ahí la importancia de la declaración del semáforo naranja dado el viernes ante las cifras desbordándose, pero ojo, no debe temblar a la autoridad de Salud la mano si requiere decretar el semáforo rojo en caso de ser necesario, hago este énfasis y exhorto a la autoridad a toar de ser necesaria esa decisión toda vez que desde el 18/23 de marzo del 2020 que se decretó la medida de resguardo, jamás como en estos días he advertido la cercanía de contagios y no es sólo que sean cercanos, sino de que han cobrado una intensidad 

preocupante por la amplitud que es necesario contener ya implementando las medida necesarias.

DE VUELTA A LA REALIDAD

Han pasado las fiestas decembrinas, la realidad aparece de nuevo, nos enfrentamos a nuevo un predial al menos en la ciudad capital de Chihuahua que sube como es el viejo y sempiterno estilo de la vieja usanza que coloquialmente podría decirse se aplica "según el sapo, la pedrada" así algunos prediales menores de cierto precio supongo, aumentan $300 pesos y otros de mayor valor $600 pesos según lo advierto al pagar, de otros de mayor cuantía ni referencia tengo, pero con estos dos me bastan, el Ayuntamiento nos ajusta a pagar más allá de la realidad financiera que cada cual viva.

Está pendiente cual espada de Damocles un reemplazamiento que es paradójico, diría surrealista se ordena cuando por la iniciativa cuando ni placas hay,  pero tarifas sí, se habla de un pago promedio de dos mil quinientos pesos por vehículo, cobro lesivo a la ciudadanía que está atenta a una pandemia que no atiende a los colores de un semáforo movido por la economía también.

Lo señalo con claridad aquí, no pueden darse más cobros indebidos so pena de generar una reacción de hartazgo social, porque no es posible sostener este nivel de pagos, que se suman a las pruebas Covid-19 u Ómicron es igual, a las medicinas, a las hospitalizaciones y lo peor a las defunciones de ciudadanos que advierten como bajo este manejo la autoridad les esquilma y poco les protege.

Porque en verdad este vacilar en cuándo y cómo volverá tomar medidas drásticas de control sanitario que parecieran estar sujetos a la demanda económica o al capricho político, no son nada saludables socialmente hablando.

Por si hay dudas de esta realidad aquí referida, daré un hecho incontrovertible, ahí está la actual gobernadora enferma de nueva cuenta de contagio por Covid según se ha señalado, lo cual lamentamos y esperamos se recupere pronto, le deseamos sinceramente que así sea, igual que esperamos lo hagan nuestros familiares y amigos que se encuentran también hasta hoy enfermos.

UN REGALO Y UNA REFLEXION

Comenzamos el año, y claro que deseamos lo mejor para nuestros amables lectores y amigos siempre, aunque tengamos que hablar de la realidad obligadamente siempre, no dejamos de sentir ese espíritu de gozo y aun esperanza por el año que inicia, para comenzar deseo compartir con ustedes un hermoso cuento del maestro ruso León Tolstoi cuyo título es: La camisa del hombre feliz, aquí la narrración;

"En las lejanas tierras del norte, hace mucho tiempo, vivió un zar que enfermó gravemente. Reunió a los mejores médicos de todo el imperio, que le aplicaron todos los remedios que conocían y otros nuevos que inventaron sobre la marcha, pero lejos de mejorar, el estado del zar parecía cada vez peor. Le hicieron tomar baños calientes y fríos, ingirió jarabes de eucalipto, menta y plantas exóticas traídas en caravanas de lejanos países. Le aplicaron ungüentos y bálsamos con los ingredientes más insólitos, pero la salud del zar no mejoraba. Tan desesperado estaba el hombre que prometió la mitad de lo que poseía a quien fuera capaz de curarlo.

El anuncio se propagó rápidamente, pues las pertenencias del gobernante eran cuantiosas, y llegaron médicos, magos y curanderos de todas partes del globo para intentar devolver la salud al zar. Sin embargo fue un trovador quien pronunció:

—Yo sé el remedio: la única medicina para sus males, señor. Solo hay que buscar a un hombre feliz: vestir su camisa es la cura a su enfermedad.

Partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra, pero encontrar a un hombre feliz no era tarea fácil: aquel que tenía salud echaba en falta el dinero, quien lo poseía, carecía de amor, y quien lo tenía se quejaba de los hijos.

Sin embargo, una tarde, los soldados del zar pasaron junto a una pequeña choza en la que un hombre descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea:

—¡Qué bella es la vida! Con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares ¿qué más podría pedir?

Al enterarse en palacio de que, por fin, habían encontrado un hombre feliz, se extendió la alegría. El hijo mayor del zar ordenó inmediatamente:

—Traigan prestamente la camisa de ese hombre. ¡Ofrézcanle a cambio lo que pida!

En medio de una gran algarabía, comenzaron los preparativos para celebrar la inminente recuperación del gobernante.

Grande era la impaciencia de la gente por ver volver a los emisarios con la camisa que curaría a su gobernante, más, cuando por fin llegaron, traían las manos vacías:

—¿Dónde está la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre!

—Señor —contestaron apenados los mensajeros—, el hombre feliz no tiene camisa"

COROLARIO

Muchos han meditado sobre esta historia, llena de ironía y tan sorprendente misma que deja mensajes diversos, destacamos el hecho de que al corazón humano pareciera en momentos no le satisfacerle siempre la abundancia de cosas, pues, como suele decirse, "todos queremos más", y no está claro dónde está el límite, y menos aún en una sociedad que como la nuestra es altamente consumista.

Todos queremos y aspiramos a ser felices poseyendo algo, lo que genera un estilo de vida de dominio. Pero parece que el cumplimiento de esta aspiración no se encuentra en los estilos de vida o en los modelos sociales basados en el mero bienestar material o el egoísmo, sino en la satisfacción de los deseos más hondos del corazón, más allá de cualquier condicionamiento material o imposición social: "Sé apreciar lo que tengo y no deseo demasiado lo que no tengo". Ese es el secreto del hombre feliz de esta historia, toda una actitud ante la vida.

Hemos de felicidad posiblemente no consiste en llegar a tener lo que se quiere, sino, más bien, en aprender a querer lo que se tiene.

Concluyo lo que pienso siempre el pobre no es siempre el que menos tiene, sino el que más necesita.