Opinion

Si el Presidente desea un cambio, debería cambiarse a sí mismo

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Jaime Rodríguez Chacón
miércoles, 23 octubre 2019 | 05:00

Como un cambio también significa dar reversa, retroceder, dejar de crecer. Por lo tanto, si el  presidente Andrés  Manuel desea una cuarta transformación en México, tendrá que enfrentarse al reto de cambiarse a sí mismo, ya que algunas de sus políticas y forma de pensar van contra toda lógica y ciencia.

Él, está convencido y lo ha dicho, que el Ejército no debe usar las armas contra los delincuentes, “porque ellos también son pueblo”, siendo así, entonces ¿para qué conformó una Guardia Nacional armada? ¿Para qué enviaron a Culiacán, Sinaloa, 230 elementos del Ejército, que formarían un contingente de 600 efectivos, con armas de alto poder, si no las van a poder usar?

Hay un desgaste moral  en los miembros del Ejército, porque han sido golpeados y vejados por delincuentes, quienes conocen la orden del presidente de “no reprimir al pueblo” pero, tarde que temprano va a explotar toda esa ira y rencor guardado y, puede suceder una tragedia, porque, cómo es posible que las propias familias de los soldados se vean amenazadas por delincuentes, siendo que ellos están para imponer el orden, como ocurrió en Culiacán, Sinaloa.

“No se puede apagar el fuego con el fuego” y, “no vamos a reprimir al pueblo” ha repetido el presidente, hasta la saciedad; sin embargo, dichos argumentos son fácilmente rebatibles, a través de la historia, la ciencia y, si él se considera religioso, hasta por la Biblia.

La quema prescrita, también conocida como incendio prescrito o quema controlada, es una técnica de supresión de incendios forestales, al abrir una brecha ya no queda más material combustible evitando que el fuego se propague; ¿ve usted? sí se puede apagar el fuego con el fuego. Como los grupos delictivos incendian al país, se necesita capturarlos, y aplicarles severas penas, con consejos como:”pórtense bien” y, “los voy a acusar con sus mamás, papás y abuelos, que les den sus zapes”  no van a entender. Los azotes que hieren son medicina para el malo, Y el castigo purifica el corazón: Salomón. 

“Si quieres la paz, prepárate para la guerra”: Flavio Vegecio Renato. (Quien quiera conseguir la victoria, que entrene a sus soldados con diligencia. Quien aspire al éxito que luche con estrategia, y no lo deje al azar.)  Si el presidente se considera religioso, también hay base bíblica, para aplicar todo el peso de la ley a los delincuentes.

En el nuevo testamento, ya San Pablo decía que:” la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas”.

 Dicha transgresión, conlleva un castigo, para eso, son impuestas las autoridades humanas, para ejecutar la ley; “porque los magistrados –dice Pablo- no están para infundir temor al que hace el bien, sino al malo. ¿Quieres, pues, no temer la autoridad? Haz lo bueno, y tendrás alabanza de ella; porque es servidor de Dios para tu bien. Pero si haces lo malo, teme; porque no en vano lleva la espada, pues es servidor de Dios, vengador para castigar al que hace lo malo”.

Aquí San Pablo dice claramente que, la autoridad no en vano carga las armas, pues las va a utilizar; cualquier delincuente que es un riesgo para la sociedad y, resiste a la autoridad, puede ser muerto en el proceso  y, de ninguna manera se considera un homicidio, pues por eso, se ha dado la ley, para ser respetada.