Opinion

Siete meses con AMLO

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Daniel García Monroy
domingo, 07 julio 2019 | 05:00

Parece que fue ayer, pero ya ha pasado más de medio año. Has propuesto la franqueza y la sinceridad en nuestra relación, pero la verdad  hay cosas de tu parte  bastante incomprensibles; cosas que me inquietan y me separan de ti, porque  perjudican nuestra renovada pero incipiente relación. Tal vez las menos, es cierto, pero no por eso insignificantes. Detalles de tu curva de aprendizaje que me hacen dudar del desaforado amor que me profesas. 

No eres tú soy yo, tu amado pueblo. Ese que te ve y escucha cada mañana bien intencionado, pero que desespera por la tardanza en tu compromiso de seguridad pública; y eso  me entristece, me lacera y me mata día tras día. 

Soy ese pueblo que dices y repites que es bueno y sabio. Me encanta que me sobrevalores, qué te puedo decir. Otros méndigos amantes me han humillado tanto, me han engañado tanto, me han robado tanto, que en suicidarme he pensado… ni te imaginas querido AMLO.    

Nuestro criticado amor, vituperado por los “expertos”, comenzó hace ya varios lustros. Te conocí joven y fuerte; desafiante-combativo-terco. Desde entonces me gustaste lo reconozco. Tu innegable origen priísta, fue un lastre que abandonaste pronto y acertadamente. Te acoplaste con gente respetable: Cuauhtémoc, Heberto Castillo, Porfirio, Rosario Ibarra --que no la otra, la perjura Robles--, y eso me hizo confiar en ti.   

Decirte quiero que mis 30 millones de votos te dieron el “Sí” monumental entre tú y yo. Tu aferrada obstinación me venció. O tal vez, mejor dicho, tu honesta conquista diferente derrotó a todos los demás novios ultra corruptos que me hastiaron engañándome durante más que suficientes sexenios. Sí, tú ganaste y muy bien, sin reclamo jurídico-electoral-posible. 

Y comenzó nuestra luna de miel. Tu mejor muestra de amor, el eje central de tu administración: la lucha contra la corrupción. Tu extraordinaria guerra contra el huachicol marcó la ruta digna y fraterna que entre tú y yo puede construirse. La valiente actuación frente a la perversión de un sistema del robo descarado de los bienes de la nación. 

La defensa inmediata del petróleo-gasolina, principal producto energético que nos ha mantenido a flote como familia nacional --veneros del diablo que profetizó el genial poeta zacatecano--. Demostraste la entereza e integridad del padre protector que quieres ser. Si contra los malos hijos mexicanos ladrones irracionales de nuestra propia propiedad no se podía nada, cualquier acción anticorrupción programada hubiese sido inútil demagogia de inocentes e inexpertas autoridades morenas recién empoderadas. Y porque se podía se pudo; todo era cuestión de voluntad política, inteligencia ministerial y fuerza policiaca y hasta militar necesaria contra el monstruo construido sobre el culto al dios dinero, ese que genera a la delincuencia organizada, esa de cuello blanco, tricolor, azul, verde, amarillo, negro, gris, todos sucios inmorales idiotizados con el sistema del ganar-ganar. 

Pero mira, déjame decirte algo con todo respeto: Qué necesidad de presentarte ante mí con zapatos sucios y trajes desgarbados. Para qué les das armas a los “fifís” para criticarte sobre tu propia persona. Don Lázaro, al que tanto admiras, siempre cuidó su porte y su presencia de jefe de estado. --Le gustaba la admiración femenina y buen conquistador y bailador dicen que era, que bueno--. A ver, por qué declaras que la investigación de la muerte de la gobernadora “electa” de Puebla está en curso, y no haya nadie en tu equipo de prensa que te pase una tarjetita para corregirte. Por qué batallas un día sí y otro también, para que alguien te ponga en pantalla las buenas estadísticas que quieres confirmar de inmediato en tus conferencias de prensa. 

Un par de jóvenes aplicados de la UNAM lo podrían hacer sin mayor problema. ¿Es necesario evidenciar las incapacidades de tu equipo de comunicación?  Más todavía, qué necesidad de mostrarme como tiras tu “polilla” en los campos de beisbol, cuando miles de mexicanos están detenidos y encabronados en calles y carreteras con bloqueos de respetables manifestaciones de los inconformes con tus buenos, pero mal operados proyectos de la 4T. 

Pero qué necesidad, hombre, copiar a los gobernantes de tu oposición en sus diversiones en campos de golf, o majestuosas fiestas millonarias, cuando los ciudadanos ya tenemos toque de queda nocturno, y caminamos con miedo en nuestras colonias oscuras y acorraladas por criminales armados. Sólo te pido la empatía que tantos y tantos gobernantes nunca han tenido para conmigo. Tú que aduces mantenerte en la digna vida de la medianía juarista que te creemos auténtica, para que caer en la trampa del poder para poder, esa de privilegios y ventajas exclusivas para los que confunden el servicio público con servirse del público, de sus semejantes, robándoles, humillándoles, estafándoles.

 No, pero perdón, mira que no quiero enojarme ni divorciarme de ti, digamos que tan pronto y por nimiedades. La verdad es que tu popular estilo de gobernar nos fascina a la masa. Los problemas en tu contra demuestran un cambio real. Fracturar a la mecánica nacional de la corrupción iba a generar un cisma con costos inimaginables. Quien no lo quiera entender es idiota o está lógicamente enojado por haber perdido jugosos negocios construidos al amparo del poder. Y eso es uno de tus mejores argumentos, que en algo están quedando marcados en el inconsciente colectivo nacional, sobre todo en las nuevas generaciones de mexicanos. 

Que la prensa nacional destaque cada día, como nunca antes, los errores de tu gobierno demuestra un cambio. Que el desprestigiado INAI, ese órgano de la transparencia gubernamental, ahora se publicite conque ya exige los datos sobre la verdad de los casos Odebretch y Ayotzinapa, confirma un diametral cambio. Lástima que hasta que se fueron sus padrinos que los pusieron ahí con sueldazos millonarios, haya comenzado a hacer su verdadero y exigible trabajo.  

Decirte quiero que en nuestra relación del 70 por ciento de aprobación nacional, demostrada en todas las encuestas, tienes una gran ventaja querido Andrés Manuel. No existe un México una figura política, un dirigente visible, un rival de amores que pretenda arrebatarte a tu hoy esperanzado pueblo. Ningún líder que pueda aglutinar y unificar a ese otro 30 por ciento de ciudadanos que casi te aborrecen. --A López Obrador, dicen, le falta enfrente otro López Obrador opositor creíble, confiable, honesto y perseverante--. No hay guapo mexicano alguno que siquiera este intentando quitarte el amor mío que ahora te protege. 

Pero si los errores y triquiñuelas entre tus colaboradores federales y estatales aumentan, si los medios no cejan en atacarte, la economía entre en recesión y los homicidios no bajan de aquí a diciembre ni con la Guardia Nacional. Si la realidad aniquila la esperanza. Entonces sí querido AMLO, yo tu amado pueblo comenzaré a pensar en serte infiel, hasta con cualquier otro feo-espeluznante-cacique-violador-engañador, extraído de los corruptos rateros de siempre. Disculpa, cuídate, nos vemos mañana temprano en Palacio Nacional.