Opinion

Sobredosis de vitamina P.

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Manuel Narváez Narváez

martes, 14 julio 2020 | 05:00

Todavía en la francachela el gobierno estatal sigue sacándole rendimiento mediático a la captura del exprófugo de la justicia, César Duarte Jáquez.

Preso en los Estados Unidos y enfrentando un juicio de extradición que puede tardar más de un año, el exgobernador ahora en desgracia, es disputado como despojo por la rapiña de la política.  Morenos y azules se despedazan entre ellos para cobrar el mérito de la caída del César. 

Sin restarle mérito al hecho en sí ni regatearle la perseverancia al gobernador del estado para que, a través de la Secretaría de Relaciones Exteriores, del gobierno de López Obrador, claro está, se realizaran los protocolos correctos y la Interpol hiciera su trabajo para ubicar y detener a Duarte Jáquez; la noticia de la detención coincidiera con la visita del presidente mexicano a la Casa Blanca, confirma el tufo político a un asunto supuestamente jurídico.

Sin cuidar las formas (Trump y AMLO son perfiles similares), el presidente norteamericano inmerso en la campaña por la reelección, aprovechó la visita de su homólogo vecino del sur, para obsequiarle (así lo interpretan muchísimos analistas) la captura del último exgobernador mexicano prófugo.

Este souvenir que el republicano de ultra derecha obsequió a López Obrador endulzó, todavía más, las palabras de elogio con las que el mandatario izquierdista distinguió a Trump. Los maderos (de béisbol) que ambos presidentes intercambiaron como gesto de buena voluntad quedaron muy chiquitos y opacos, comparados con poner tras las rejas al ex mandatario chihuahuense.

César Duarte era el último de una camada de gobernadores que, durante el Peñato, continuaba huyendo de la acción de la justicia. No es el primero ni será el último mandatario tras las rejas, muchos antes que él, han pisado la cárcel, y ha habido de todos los colores (PRI, PAN y PRD). 

La tardanza para la captura del oriundo de Parral muy probablemente se debía al soberbio modo del ejecutivo estatal actual para solicitar la aprehensión.

Una vez confirmada la noticia de que el ex líder de la CNC en Chihuahua había sido detenido a las puertas de un taller de refacciones usadas, allá en la paradisiaca Miami, las redes sociales estallaron en júbilo con personas que celebraban la “caída del vulgar ladrón”, como lo bautizó en campaña Javier Corral Jurado. No era para menos, la mayoría de los chihuahuenses votaron la coyuntura de castigar al presunto responsable de haber dañado las arcas estatales con más de seis mil millones de pesos.

En el curso de unas horas, las muestras de felicidad tomaron un giro y se convirtieron en dardos cargados de ira electoral. Morenos y azules se enfrascaron en una feroz competencia por reclamar la paternidad de la detención de Duarte. Los panistas sostienen que fue gracias a las denuncias interpuestas por la Fiscalía General del estado, y de ser la principal promesa de campaña de Corral Jurado.

Los Morenos hicieron tronar sus tambores de guerra para hacerse del mérito de la captura, con el alegato de que fue la Fiscalía General de la República, la que corrigió los errores en la petición de extradición, deliberada aseguran, por anteriores funcionarios de la PGR peñista, para que continuara su curso. Esto coincide con el reconocimiento que el mismo gobernador hizo por la intervención de su amigo Santiago Nieto Castillo, titular de la Unidad de Inteligencia Financiera, para que fungiera como interlocutor en el proceso de extradición.

Sin embargo, cuando los dos bandos se encontraban en el punto más álgido de la disputa, sale a escena el Lic. Jaime García Chávez, un abogado y militante de la izquierda chihuahuense. El también exdiputado local fue quien presentó la primera denuncia por el presunto enriquecimiento ilícito de CDJ cuando éste aún era gobernador. Desde 2014 fue interpuesta en la PGR una denuncia de hechos para investigar a su excompañero de legislatura.

Este enfrentamiento preelectoral no detuvo las ansias de festinar del gobernador del estado, el que aprovechó la burbuja de la detención de Duarte para exprimir mediáticamente la “caída del César”. Y aunque es poco probable que Duarte Jáquez pise el penal de Áquiles Serdán en lo que resta del año, Corral Jurado no desperdició ni un instante el momento y la cobertura. Es lo que han hecho los otros gobernadores que consiguieron encerrar a sus predecesores.

En este episodio de la campaña presidencial en Estados Unidos, previo a la Gran Elección del 2021 en México y preelectoral para suceder a Javier Corral, éste, al parecer sufrió una sobredosis de vitamina “P” (poder), la misma con la que se intoxicaba CDJ, porque ni tardo ni perezoso se lanzó en contra de los favoritos en las encuestas para ganar el gobierno del estado, su correligionaria Maru Campos y el morenista Cruz Pérez Cuéllar.

Javier sostiene que la alcaldesa de Chihuahua y el senador recibieron dinero de Duarte, lo que coincide con la campaña de desprestigio en redes sociales y a través de columnistas que en el pasado reciente gozaron de privilegios con el duartismo. 

Las acusaciones del mandatario estatal son similares a las que está acostumbrado a propalar. Lo hizo en algún momento contra Gustavo Madero al que señaló de corrupto, la misma tónica usó contra Ricardo Anaya cuando ambos disputaron la presidencia del partido, sin olvidar lo que dijo del entonces candidato a gobernador del PAN, Carlos Borruel (2010), de haberse quedado con dinero de la campaña, enviado por el CEN de Acción Nacional. Estos temerarios señalamientos circulan libremente por las redes, sin embargo, Javier Corral jamás ha tenido el valor de sostenerlos o desmentirlos.

En el contexto preelectoral que estamos viviendo, la intromisión del Poder Ejecutivo para incidir en el ánimo de los votantes y descalificar al adversario, puede llevarnos a las contiendas más virulentas y desaseadas de los últimos años. Si Trump y AMLO no tuvieron recato alguno para usar el cargo y orientar la justicia a su favor, quien garantiza que Javier Corral Jurado no está haciendo lo mismo.

Que quede claro, Duarte debe pagar por lo que haya hecho y que a los chihuahuenses se les restituyan 6 mmdp que dicen se robó. Mientras tanto, no perdamos de vista que Corral y AMLO nos deben resultados en materia de seguridad, empleo, economía y transparencia. Los dos tienen una enorme deuda con Chihuahua. 

P.D. Alguna vez el panista Diego Fernández de Cevallos exhortó a sus correligionarios a no hacer escarnio público de Mario Villanueva Madrid, el exgobernador de Q. Roo enjuiciado por narcotráfico, el que ahora cumple su sentencia en prisión domiciliaria, concedida por la presidencia de la república por razones humanitarias (edad y salud).

Es cuanto.

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