Opinion

Solidaridad con Nexos

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Jaime García Chávez

domingo, 23 agosto 2020 | 05:00

La Secretaría de la Función Pública (SFP) del gobierno federal acaba de emitir una sanción contra la revista Nexos arguyendo que en una licitación del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) presentó, supuestamente, un documento inconsistente para concursar en la adjudicación de una plana publicitaria de esa institución con valor de 74 mil pesos. El castigo comprende una multa de 940 mil pesos y la prohibición por dos años para contratos con cargo a fondos federales. La revista litigará esta medida en tribunales y ya sabremos el resultado en el porvenir. Nexos es una buena revista mensual y de calidad, como Letras Libres y otras, con análisis y pensamiento crítico. 

Esta secretaría está presidida por Irma Eréndira Sandoval, devota militante de MORENA, quien ha dado ya muestras de intolerancia y fanatismo amloísta. La sanción exhibe, en el fondo, la molestia de la llamada Cuatroté (y su líder, AMLO) con las publicaciones críticas, opiniones disidentes y opositoras. 

Al gobierno actual le fastidia la crítica, no la soporta. Todos aquellos gobernantes que se deslizan por el autoritarismo siempre, invariablemente, lo primero que comienzan a coartar es la libertad de manifestación y de expresión. Siempre tratan de acallar las voces que advierten desviaciones y abusos en el ejercicio del poder. Ha sido así desde los orígenes mismos de la democracia en la antigua Grecia.

Aprovechemos este abuso de la SFP contra Nexos para recordar cuál es el principio central de toda democracia en palabras de los actores mismos en la antigua Atenas. En una tragedia de Eurípides, Las fenicias, podemos encontrar el valor supremo de                                                     aquel régimen político. 

La trama de la obra es la siguiente: 

Siendo rey de Tebas, Edipo descubre la verdad trágica de, sin saber, haber matado a su padre, contraído matrimonio con su madre, y procreado cuatro hijos, dos hombres y dos mujeres. Ante eso se saca los ojos, queda ciego y deja de ser rey. Sus hijos (Eteocles y Polinices) lo abandonan y reciben una profecía de que disputarán con hierro entre sí. Para eludir la maldición y no pelear, acuerdan entonces alternarse cada año en el gobierno de la ciudad (Tebas) y empieza Eteocles. Mientras, su hermano se va a vivir a otra ciudad en espera de su turno. Con estos antecedentes, inicia Eurípides su obra. 

Al cumplirse el año, Polinices demanda a su hermano dejarle el poder pues es su turno. Eteocles se niega a entregar el reinado. Como las cosas apuntan a un enfrentamiento, pues Polinices con un ejército amenaza con atacar Tebas y destituir a su hermano, su madre (Yocasta) interviene para mediar y evitar la guerra. En su entrevista privada con Polinices, quien vivía en otra ciudad, encontramos la idea central de la democracia ateniense. Dicen madre e hijo:     

Yocasta: ¿Qué es el estar privado de la patria? ¿Tal vez un gran mal?

Polinices: El más grande. De hecho es mayor que lo que pueda expresarse.

Yocasta: ¿Cuál es su rasgo esencial?  ¿Qué es lo más duro de soportar para los desterrados?

Polinices: Un hecho es lo más duro: el desterrado no tiene libertad de palabra.

Yocasta: Eso que dices es propio de un esclavo: no decir lo que piensa.

(Tragedias, III, Gredos, v389/395)

Aquí está: “la libertad de palabra” es lo que más extraña el desterrado de la vida en Atenas donde los asuntos de la ciudad, de la comunidad, se discutían y decidían en asambleas públicas de los hombres libres, con votación a mano alzada, en lo que hoy llamamos  “democracia directa”. Desde entonces, cinco siglos antes de Cristo, la libertad de manifestación y de expresión está asociada indisolublemente a la democracia. Los autoritarios, los intolerantes, lo primero que atacan es esa libertad cuando intentan someter a sus designios la vida democrática. El castigo a Nexos, pues, es un paso en este sentido: quieren sofocar la libertad de palabra. 

Pero hay algo más que interesa destacar en esa tragedia. En el diálogo entre Eteocles y Polinices, auspiciado por su progenitora para buscar un acuerdo y evitar la guerra (lo cual no se lograría), Eteocles manifiesta su adicción al poder concentrado en su persona, con palabras reveladoras del alcance en el ánimo humano del usufructo del poder, y dice: “Llegaría hasta las salidas de los astros del cielo y bajaría al fondo de la tierra, si fuera capaz de realizar tales acciones, con tal de retener a la mayor de las divinidades: la tiranía. Así, pues, ese bien, madre, no estoy dispuesto a cederlo a otro en lugar de conservarlo para mí. ¡Cobardía sería, en efecto, que uno, perdiendo lo más, recogiera lo menos!”. (v505/510). 

Esto es, no hay escrúpulos, no hay ética ni moralidad, pues la ambición del poder todo lo somete, todo lo subyuga. Llama “divinidad” a la tiranía (esto es, la concentración del poder en una sola persona). Lo reafirma Eteocles ante la posibilidad de someterse a su hermano, y exclama: “Ante esto, ¡venga el fuego! ¡Vengan las espadas, uncid los caballos, llenad la llanura de carros de guerra! Que no dejaré a éste, mi poder real. Pues si hay que violar la justicia, por la tiranía es espléndido violarla. En lo demás conviene ser piadoso” (v521/526).

Llegado, pues, a este punto hipnótico, aspirar a más es difícil. Cuando la sed de mando empuja al hombre a volver posibles las metas imposibles, se desata el extravío en toda su extensión y se alcanza la cumbre de la enfermedad profesional del poder, pues el placer de mando embriaga y trastorna: tal es la sombra que acompaña siempre a la concentración excesiva del poder en manos de una sola persona.

En conclusión, en la tragedia de Euripides tenemos expuestos  dos rasgos centrales en la democracia: la libertad de expresión como el más elevado valor democrático y la búsqueda de la tiranía como el más dañino vicio en el sistema, pues conduce a la concentración del poder en una sola persona y al enfrentamiento entre los ciudadanos. 

Los siglos han transcurrido y esos dos rasgos acompañan a la vida democrática. Toca a los ciudadanos defender la libertad y evitar la tiranía. Por ello repudiamos la acción de la Secretaría de la Función Pública contra Nexos, una medida insensata que lastima esa, la libertad de expresión.