Opinion

Sólo es un chISSSTE

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Gabriela Borunda

domingo, 21 noviembre 2021 | 05:00

Sí usted no toma con humor las respuestas negativas que le da el personal del ISSSTE, va a terminar enojándose o golpeando a empleados federales, quienes como usted o yo, están sobrecargados de trabajo y mal pagados.

No es culpa de la recepcionista de citas que no haya citas para una emergencia-en el ISSSTE no hay emergencias- usted debe tener por lo menos los recursos económicos para tener una computadora con acceso a internet, quedarse despierto hasta las 11:00 p.m., entrar al sistema de citas del ISSSTE y rogarle a Dios que haya algún día libre, porque los hackers entran en el primer segundo y apartan todas las citas de quienes les hayan dado una propina. Sí, apartar cita en el ISSSTE en su portal de internet se ha vuelto un negocio para jovencitos hábiles en tecnología. 

Cuando usted que es un simple mortal logre abrir el espacio de citas, tenga a mano su CURP y su RFC, porque si pone mal un numerito ya se lo llevó la tostada. Si es usted adulto mayor y no sabe cómo prender la computadora, puede levantarse en la madrugada y a las 6:59 a.m. marcar a los números del ISSSTE para apartar su cita, ahí una amable voz robótica le dirá “Su llamada es la número 197, por el momento todos los asesores están ocupados, pronto lo atenderemos”; por suerte unas 50 personas de las que conectaron con la línea telefónica antes que usted se sienten abatidas ante la falta de atención y cuelgan, por fin una amable voz humana y chilanguil le responde y le dice que no hay citas para ese día, pero puede llamar mañana o ir a su centro médico de adscripción y pedir una cita de manera presencial,  esa es la razón por la que usted ve desde las cinco de la mañana una larga fila de ancianitos bajo el sol, la lluvia o el frío. 

Algunos de estos ancianitos tienen la precaución de revisar las cartulinas de medicamentos faltantes antes de formarse, son unos pliegos que parecen las leyes romanas, suspiran y se van con la conciencia de que gastaron en el taxi de la madrugada un dinero que su pensión no tiene. Otros consiguen una cita para la tarde, así que tendrán que volver a las dos, para ver si se desocupa algún lugar  como a eso de las 7:00 p.m., luego bajar y hacer fila en farmacia, le tocó el número 178, y cuando llega a la ventanilla le explican que ese medicamento es faltante y que quizá el miércoles llegue, porque el tráiler de medicina llega el martes, para el miércoles ya saben si lo tienen, así la persona se retira en la oscuridad de la noche con la misma oscuridad que llegó en la madrugada sin haber recibido una atención de calidad.

En el ISSSTE ya no hay endocrinólogo, aunque sólo tenían uno y uno no es ninguno; tenían dos psiquiatras uno se jubiló y el otro renunció. El gastroenterólogo se fue, dicen que cansado de no tener los medios para atender decentemente a la población, llegaron dos psiquiatras que se fueron al mes por falta de pago, lo que nunca pasa con los diputados y sus asesores. 

En plena pandemia y con epidemia de suicidios no hay psiquiatras. Tómelo con humor o va terminar tirándose de un puente.

Me cansé de juntar plástico y hacer fiestas para los niños de AMANC; me cansé de llevar alimentos a las comunidades indígenas -porque Pety Guerrero y la nada fueron dos nadas juntas-, y aun así yo y mi grandísima bocota me comprometí a hacer una campaña de salud para la mujer, porque el ISSSTE de Ciudad Juárez no tiene equipo de mastografía, todavía no sé qué voy a hacer, pero ya se me ocurrirá algo. El problema del ISSSTE no es nuevo, la base de empleados de servicio federal ha crecido, porque así demanda el crecimiento demográfico, pero los servicios que el estado oferta a sus propios empleados no sólo siguen del mismo tamaño, si no que parecen achicarse. 

Le cuento mi propia experiencia, aparecieron unos nódulos en mi cuello  y llegué al insalubre peso de 39 kilos, no importa lo que diga la revista Vogue, 39 kilos para una mujer adulta es como estar a punto de morir, por lo que me dediqué a obtener cita con el especialista en endocrinología, tardando seis meses en conseguirla. Ya estaba yo en calidad de gato anémico, y la única endocrinóloga que tenía el ISSSTE decidió cambiar de turno justo ese día. Después de horas de esperar en vano me levanté y pregunté en la ventanilla de citas porqué la doctora no nombraba pacientes, “Se me olvidó decirle que cambió de turno y usted ya no está programada, pero quédese ahí sentada sí la espera ella le hace un espacio y la atiende”. Durante unos segundos me atravesó una oleada de disgusto (el que pesando 39 kilos no me pude permitir). Eso era un chiste… esa mujer me hizo el día.

Ustedes no tienen la menor idea del ataque de risa que me dio cuando la encargada de citas me dijo, viendo que era una persona esquelética, que me quedará sentada en las incómodas sillas de espera mientras llegaba la especialista. Desde luego se negaron a darme una incapacidad, porque yo no tenía un dictamen del especialista del ISSSTE, por cierto, dice la leyenda que hospital tiene un especialista en oncología, pero nadie ha logrado probar su existencia. Aunque se aprobó un 15% en el presupuesto para salud, gran parte de este dinero será absorbido por la pandemia Covid-19, como si la diabetes, el cáncer y otras condiciones se hubieran ido de vacaciones.

Fue gracias al amor de mi esposo que absorbió los gastos de la biopsia y a mis queridos compañeros de trabajo que hicieron una colecta para recibir un tratamiento de milicurias (radiación), que pude recuperarme. El seguimiento médico y los medicamentos los busco en una Simifarmacia: lo mismo pero sin desesperar tanto.

Ayer fui de nuevo al ISSSTE, quería vacunar a mis hijos contra la influenza y desde luego quería que me aplicarán la vacuna a mí también, sólo quedaba una vacuna y fue para el más pequeño, ya veremos si la próxima semana llegan más vacunas.

No se cómo funciona el ISSSTE en otros lugares del país, pero en Chihuahua es un chISSSTE.