Opinion
Entre redes

Sophia está deshecha…

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Javier Horacio Contreras Orozco

domingo, 11 septiembre 2022 | 05:00

Abandonar la filosofía es abandonarnos nosotros como seres trascendentales

Hemos avanzado en tecnología, pero seguimos retrocediendo en humanidad. Seguimos enajenados en las redes sociales”

Ahora, el bastión que nos quedaba como contención, nos los quieren desparecer por un decreto. Un simple decreto absurdo, antihumano e injusto”

La filosofía basa su método en preguntar, preguntar y preguntar para llegar a respuestas. Y todos hacemos esto en nuestras vidas. Es el sentido simple de la filosofía para no confundirla con complicadas teorías ilegibles”

Todavía en algunos ambientes de clase media o zonas rurales, las madres y abuelas, cuando las hijas o nietas cumplían 15 años o los hijos llegaban a la adolescencia, les daban consejos de cómo enfrentar la nueva etapa de su vida.  Con una sencillez y sentido común les explicaban que la naturaleza nos había dotado de tres partes sustanciales en nuestro cuerpo. Les explicaban que en la parte superior, tenemos la cabeza, donde radica la razón; luego el pecho donde tenemos las emociones, donde se ubica el corazón y, por último, en el vientre y bajo vientre donde está el estómago y los órganos sexuales, radican las pasiones.

La lógica del uso de esas partes del cuerpo, explicaban las abuelas, es que, en ese orden, como la naturaleza dispuso, hay que utilizarlas. La razón debe estar por encima de las emociones y éstas sobre las pasiones. O a la inversa:  las pasiones debemos someterlas a las emociones y éstas a la razón.

Este planteamiento es filosofía griega pura. Sin ningún rasgo religioso así lo exponía Platón, siglos antes de Cristo, por lo cual no se puede acusar de mojigatería. Las abuelas no fueron a ninguna Universidad ni leyeron los tratados voluminosos de Platón o Aristóteles. Su simple sentido común y filosófico se lo decía, porque todos, de manera natural, somos filósofos.

También todos nos acordamos de nuestra infancia o vivimos en el presente con nuestros hijos la famosa etapa de los “porqués”. Es la época un poco incómoda donde los niños desarrollan su capacidad exploradora tenaz y persistente. Apenas dominan el lenguaje y una de sus obsesiones es preguntar insistentemente sobre el “por qué” de las cosas, de los fenómenos o comportamientos. Ese primer por qué de sus vidas es para iniciar el rastreo para llegar al final último, o al menos, eso pretenden.  Al tener la respuesta viene la primera repregunta y luego la explicación y otra vez, atacan con otro por qué, hasta hacer perder la paciencia. 

Lo que están haciendo los niños es buscar el origen de las cosas. Y eso es filosofía pura, que los filósofos, desde antes de Sócrates, llamaban arjé, que es el origen de las cosas, de dónde viene el mundo y de qué está hecho. Los niños a esa edad empiezan a ejercer su facultad natural de ser filósofos. Buscan explicaciones, buscan por qué, buscan la verdad. 

La filosofía basa su método en preguntar, preguntar y preguntar para llegar a respuestas. Y todos hacemos esto en nuestras vidas. Es el sentido simple de la filosofía para no confundirla con complicadas teorías ilegibles. 

Todos somos filósofos. Todos defendemos tener “nuestra” filosofía de las cosas, temas específicos o de la vida y la muerte. 

Desde la primera hora en que nos levantamos y nos vemos al espejo, iniciamos un monólogo, con nosotros mismos. Somos los únicos seres autorreflexivos de la naturaleza. Hablamos con nosotros, a veces sin abrir la boca, pero nos preguntamos, cuestionamos o regañamos y luego nos contestamos, justificamos o perdonamos. Rastreamos la causa de nuestro dolor o felicidad, buscamos el origen de nuestras penas y eso nos permite ir deshilvanando nuestras emociones.

Tenemos la capacidad de reflexionar sobre nuestros actos y sentimientos. Revisamos lo que hicimos bien o mal el día anterior, pensamos sobre lo que haremos y cómo le haremos ese día. Analizamos o diseccionamos los conflictos o problemas que enfrentamos para buscar una solución o alternativa. Buscamos cuál fue la causa de nuestro error o de nuestra mala decisión. 

El reflexionar o meditar sobre un conflicto cotidiano o buscar una solución a una crisis en la vida, ya sea en nuestras relaciones humanas o cuando indagamos los orígenes de una situación difícil, recurrimos a una revisión mental. Somos seres pensantes que tenemos razón y la usamos por medio de argumentos racionales para llegar a conclusiones. Llegamos a entender y aceptar ideas o enunciados que les llamamos que aceptamos “por lógica”. 

Estas acciones que practicamos todos los días y a cualquier hora, simplemente es hacer filosofía y utilizar la lógica. El problema es que cuando escuchamos el término filosofía, por lo general, hacemos cara de repudio o fastidio y nos imaginamos seres sabihondos, que hablan con términos muy sofisticados u oscuros. Podemos haber tenido también una mala experiencia con un maestro deficiente para enseñarnos filosofía y desde ese momento juramos que no volveríamos a cruzarnos en nuestro camino con algo que oliera a filosofía. Pero sólo fue eso, una mala experiencia.

No debemos perder de vista que la filosofía nos pone ante nuestra realidad y nos ofrece la posibilidad de criticar y reflexionar ante los fenómenos políticos, sociales, económicos y hasta personales o íntimos.  Por eso es tan importante la filosofía para darle sentido a nuestras vidas. 

La educación, política, sistemas de gobierno, economía y prácticamente todas las disciplinas del conocimiento están basadas en la filosofía porque de ahí surgió la inquietud de investigar, saber, procesar y clasificar esos conocimientos. La misma democracia tiene su cuna en la antigua Grecia por ocurrencia de los filósofos. A la filosofía le debemos el acumular sabiduría y buscar respuestas a las incógnitas de la vida. 

Estas reflexiones filosóficas vienen a cuento porque ronda el fantasma de la desaparición de la filosofía en programas educativos en varias partes del mundo. México no podía ser la excepción.

En algunos países el pretexto es la implantación de un nuevo curriculum educativo. En México está el proyecto de la Nueva Escuela Mexicana para “reorientar” el Sistema Educativo Nacional que ha funcionado por décadas y la conclusión de esa reforma o la “Nueva Escuela Mexicana” es el planteamiento de desaparecer las asignaturas de filosofía en el plan de estudios. El primer paso es dejarla de ofrecer como obligatoria o parte de una currícula, y pasarla a una simple materia optativa.

Ese proyecto educativo ha prendido los focos de alarma y se hace un llamado a defender a la filosofía porque es defender al ser humano, es defender la libertad y el amor a la sabiduría.

Abandonar la filosofía es abandonarnos nosotros como seres trascendentales, dotados de cuerpo y espíritu, capaces de analizar y evaluar nuestras decisiones. Somos seres volitivos para ejercer nuestra voluntad y el libre albedrío. 

¿Por qué ceder a una mala decisión, carente de fundamento y de menosprecio a la filosofía, que es nuestra propia naturaleza humana y racional?

Hemos avanzado en tecnología, pero seguimos retrocediendo en humanidad. Seguimos enajenados en las redes sociales y frente a nuestras narices, por la distracción digital, nos están eliminando nuestra principal riqueza que nos distingue de los animales.

Ahora somos capaces de sacrificar parte de nuestra naturaleza humana para sustituirla por “nuevas áreas de conocimiento” como: responsabilidad social, cuidado e integridad físico-corporal y bienestar emocional afectivo, que sólo pretenden esconder o justificar la rebelión de la materia sobre el espíritu.

¿Qué pretenderán al eliminar la enseñanza de la filosofía, ética, estética e historia de la filosofía? 

¿Hacer del pueblo mexicano una sociedad sin cultura, amorfa, carente de la capacidad reflexiva y extraviada en un mundo sin sentido ni trascendencia?    

 No conformes con ir rindiendo pleitesía cada vez más a la tecnología digital, que nos robotiza y nos va supliendo con la inteligencia artificial, ahora, el bastión que nos quedaba como contención, nos los quieren desparecer por un decreto. Un simple decreto absurdo, antihumano e injusto. 

Sophia significa la sabiduría de todos los siglos de la humanidad.

Sophia es la filosofía. Filosofía significa amante de la sabiduría

Pero ahora, Sophia está deshecha….

jcontreraso@uach.mx