Opinion

S.O.S. Ganadero

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Víctor M. Quintana S.

viernes, 02 octubre 2020 | 05:00

Nadie puede acusar a nuestros productores agropecuarios de la zona de temporal de ser conformistas y derrotistas. Seguir comprometidos a hacer producir la tierra en una región de clima extremoso, con régimen de lluvias errático, más bien tendiendo a lo muy escaso y con políticas gubernamentales que a veces les favorecen y a veces no, es una hazaña que hay que reconocerles. Con estas desventajas ni los agricultores del corn belt, el cinturón del maíz, de los Estados Unidos (Iowa, Nebraska, etc.), ni los ganaderos de las Grandes Planicies, como los de Wyoming, o Texas hubieran aguantado. Y sin embargo, nuestros y nuestras familias campesinas siguen ahí, luchando por producir.

En 30 años los productores de las zonas de temporal, que se extienden por todo el estado, no sólo en el oeste y el noroeste han cambiado sustancialmente su perfil productivo: antes dependían más de los dos cultivos tradicionales de la zona; maíz y frijol y, en menor medida de la avena. 

La entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte en 1994, la imposición de políticas neoliberales en el campo que suprimieron los precios de garantía y disminuyeron muy significativamente los apoyos a los pequeños agricultores, así como el cambio climático hicieron que las familias campesinas de nuestro estado operaran transformaciones muy importantes en sus estrategias de producción y de sobrevivencia.

Se ha dado una creciente ganaderización del campo chihuahuense en las zonas que no son de riego. Los productores saben que si cultivan maíz o frijol corren un alto riesgo. Entonces se han orientado por combinar el cultivo de la avena, mucho más seguro, para destinarla al forraje para su ganado. Así y con un programa gubernamental denominado “Ganado Mejor” se ha mejorado e incrementado notablemente el hato ganadero en Chihuahua. Ahora las familias campesinas combinan la siembra de avena, sorgo o maíz para forraje, con la cría de becerros para la exportación y complementan esa actividad productiva con las remesas que reciben de sus parientes en los Estados Unidos o con el trabajo en las maquiladoras que se han extendido mucho en nuestro estado. Cultivo de forrajes, cría y venta de becerros, remesas y maquiladoras son los cuatro pilares de la economía campesina en el Chihuahua actual.

Ahora, con la sequía que ha sobrevenido a nuestro estado y que es parte de una mega sequía que los científicos pronostican será de larga duración, dos de esos pilares de la economía del campo chihuahuense están en serio peligro. Se pronostica que por la falta de lluvias cuando menos en tres cuartas partes del territorio chihuahuense está en riesgo de reducirse a la mitad el hato ganadero. 

La sequía ha dañado seriamente los pastizales y ha derrumbado la producción de forrajes, El riesgo es que, por falta de alimentación perezca o se tenga que malbaratar una gran parte del hato ganadero que trabajosamente se ha recuperado luego de la sequía de mediados y fines de los años noventa. Si esto sucede, la ganadería en pequeño se derrumbará. Las consecuencias serán la depauperización de una amplia zona del estado, migración e inestabilidad económica y social.

Esta grave situación que apunta a un proceso de deterioro se va a tornar más severa por el hecho de que el poco forraje que se produzca en el estado se vea acaparado por las grandes empresas productoras de leche y engordadoras de otras entidades, sobre todo de La Laguna y de Sonora. Entonces el problema no será tanto el encarecimiento del forraje para la pequeña ganadería, sino la falta de existencias del mismo. No hay forraje más caro que el que no existe.

La crisis del sector ganadero, sobre todo de los pequeños productores requiere de una acción urgente e inmediata. Ha habido ya pronunciamientos en este sentido de los ganaderos del sur, oriente y noreste del estado: Jiménez, Camargo, Saucillo, La Cruz, Julimes, Ojinaga, Manuel Benavides. Pero también los productores del noroeste, agrupados en organizaciones como el Frente Democrático Campesino, de los municipios de Bachíniva, Namiquipa, Guerrero, Riva Palacio, Matachí, Temósachi, Gómez Farías, Ignacio Zaragoza y Cuauhtémoc han hecho un llamado de auxilio emergente. También la Unión Campesina Democrática ha levantado su voz en el mismo sentido.

.Por todo lo anterior, para salvar de la desaparición a la pequeña ganadería de nuestro estado, para proteger la economía campesina y garantizar la paz social,  tanto el Gobierno Federal como el Gobierno del Estado deben adopten un Plan de Rescate de la Ganadería Chihuahuense, que contemple sobre todo:

  • Un programa que dé prioridad al suministro de forraje a la ganadería de nuestro estado, antes que la exportación a otras entidades.
  • Un fondo de créditos blandos y de subsidios al que puedan acceder los productores de ganado para poder adquirir el forraje que requieren para mantener sus hatos.
  • Centros de acopio que permitan reunir al ganado en riesgo de perderse para permitir que sean alimentados con forrajes comprados y proteína vegetal producida de manera hidropónica, etc. etc.

 Todo esto debe hacerse a la brevedad para prevenir las ventas de pánico del ganado y la mortandad del mismo. Se trata no sólo de vidas de animales, se trata también de sobrevivencia de familias, de preservación de una forma de producción, de vida y de cultura muy nuestras.

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