Opinion
Periscopio

Tecnología y ética

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Armando Sepúlveda Sáenz

jueves, 05 noviembre 2020 | 05:00

El Dr. Mario Molina, recibió Nobel de química en 1995 (junto con Frank Sherwood Rowland, y Paul Crutzen), por el descubrimiento en 1974 de los efectos del clorofluorocarbono en la reducción de la capa de ozono --la cual protege la vida de las radiaciones ultravioletas-- el Doctor Molina recientemente fallecido y un activo luchador en la protección del medio ambiente y, desde el azote de la Covid-19, activo promotor de las medidas preventivas ante la transmisión del coronavirus MERS-CoV-2.  

Su descubrimiento publicado en la revista Nature, motivó la prohibición del clorofluorocarbono (CFC) como compuesto industrial. El CFC es un producto de síntesis, que integra átomos de carbono, cloro y flúor, que poseen propiedades físicas y químicas adecuadas para ser empleados en múltiples aplicaciones; tienen alta estabilidad química, bajos puntos de ebullición, baja viscosidad y baja tensión superficial. Todo mundo los reconoce por su aplicación en sistemas de refrigeración, en la expansión de plásticos y como propelente (aerosoles).

Esto nos lleva a recordar que la producción de clorofluorocarbono fue un producto de la aplicación de la ciencia, es decir un invento tecnológico, cuya aplicación tuvo un efecto nefasto. Su efecto destructivo sobre la capa de ozono era desconocido para la ciencia básica cuando se desarrolló su síntesis en laboratorio. El CFC es inerte en la baja atmósfera y de larga duración (varias décadas), al llegar a nivel estratosférico pierde su estabilidad química y reacciona eficazmente con el ozono, consumiéndolo. Quizá esto sirva para valorar la aportación del Dr. Mario Molina a nuestro bienestar, consistente en tomar en consideración que se ha calculado que los CFC, en los años de la década de 1980, contribuían al calentamiento global en un 25 por ciento.

Se debe la existencia del compuesto de CFC, al tesón e ingenio de Thomas Midgley, un ingeniero mecánico que se dedicó a desarrollar síntesis químicas industriales. En sus años productivos recibió múltiples reconocimientos y premios. También descubrió, trabajando para la General Motors, el compuesto tetraetilo de plomo (1921), como antidetonante para los motores de gasolina. Cuya nocividad es legendaria. Este efecto nos envenenó durante cinco décadas.

Cuando lograron el compuesto Etilo, ya se sabía que los compuestos conteniendo plomo eran venenosos. Midgley defendió su invento asumiendo tal vez, que el riesgo era menor. 

En la ciencia lo que se pretende es escudriñar y explicar la realidad; en la tecnología por ejemplo en el caso de las aplicaciones de la física y de la química referidos a compuestos, artefactos o ingenios (inventos) son medios para satisfacer necesidades o deseos humanos. En tanto la ciencia se mantienen dentro de la esfera del conocimiento es un objeto éticamente neutro, o bien, cuando la abandona deviene en objeto de la ética.  Para simplificar esta exposición se centra la atención en las ciencias fácticas “naturales”. Como es fácil advertir, las decisiones de los diversos agentes que intervienen en las invenciones (empresas, investigadores, centros investigación y autoridades) están involucrados en procesos que deben ser evaluados por la ética.

De los casos reseñados, se puede advertir la presencia de métodos con un panorama amplio de impactos, y el descubrimiento sujeto a procedimientos empíricos (de ensayo y error); los intereses de las instituciones o empresas, además de los propios actores directos; la relativa ausencia de los gobiernos en el control y evaluación de las invenciones; y su riesgo potencial sobre la salud humana y el medio ambiente, entre otros. Es importante señalar que los efectos negativos y positivos inciden sobre derechos humanos de las personas y colectivos. 

La preocupación para contar con normativas internacionales que atiendan estas preocupaciones y otras que no se reseñan, ha sido liderada desde décadas atrás por la ONU. Fruto de esos esfuerzos es la Declaración universal sobre Bioética y Derechos Humanos: UNESCO (adoptada en 2005). Se cita un principio que atiende parte de las preocupaciones planteadas: “Artículo 17 – Protección del medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad. Se habrán de tener debidamente en cuenta la interconexión entre los seres humanos y las demás formas de vida, la importancia de un acceso apropiado a los recursos biológicos y genéticos y su utilización, el respeto del saber tradicional y el papel de los seres humanos en la protección del medio ambiente, la biosfera y la biodiversidad”. Así mismo, una de las disposiciones normativas al caso: “Artículo 20 – Evaluación y gestión de riesgos. Se deberían promover una evaluación y una gestión apropiadas de los riesgos relacionados con la medicina, las ciencias de la vida y las tecnologías conexas”.

La ausencia en México de una normativa ética general que homologue Declaración universal sobre Bioética y Derechos Humanos, que considere los principios que asumen el enfoque de derechos humanos y la normas consecuentes, exponiendo a las personas y al medio ambiente de riesgos como  los citados y a muchos otros.

La normativa existente se vincula a la investigación médica con humanos, plasmada en el Reglamento de la Ley General de Salud en Materia de Investigación para la Salud; Norma Oficial Mexicana NOM-012-SSA3-2012, Que establece los criterios para la ejecución de proyectos de investigación para la salud en seres humanos, considerando como referencia la Declaración de Helsinki de la Asociación Médica Mundial (AMM). Principios éticos para las investigaciones médicas en seres humanos. El artículo 13 del reglamento establece el principio general: “En toda investigación en la que el ser humano sea sujeto de estudio, deberán prevalecer el criterio del respeto a su dignidad y la protección de sus derechos y bienestar”.

¿Ante el vacío de principios y normativas los múltiples espacios de contacto entre las personas y el medio ambiente, la investigación aplicada y la innovación tecnológica estamos al amparo de la Declaración universal sobre Bioética y Derechos Humanos?