Opinion
De política y cosas peores

Tenía razón don Felipe

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Catón

sábado, 05 noviembre 2022 | 05:00

Ciudad de México.- La esposa de don Gerontino les contó a sus amigas: "Le di a mi esposo Viagra y funcionó, pero se me olvidó darle la pastilla para la memoria y no supo qué  hacer". Carencio, hombre de condición humilde, estaba enamorado de Gastela, joven mujer con gran sentido práctico de la vida. Le dijo el rendido galán a su dulcinea: "Ya sé que no tengo una mansión como la de mi amigo Crésido, ni un yate ni un avión como los suyos, ni los millones de dólares y euros que tiene él, pero nadie te amará jamás en la forma en que yo te amo. ¿Cómo te lo puedo demostrar?". Al punto respondió Gastela: "Preséntame  a tu amigo Crésido". Si mis cuatro lectores hubieran conocido al señor licenciado don Felipe Sánchez de la Fuente habrían quedado seducidos por el personaje. Era él, en efecto, todo un personaje. De estatura procerosa, cabeza leonina y buena traza, vestía elegantemente y llevaba siempre en la mano un par de guantes de fina piel de Rusia que nunca se calaba. "Es un adorno personal" -decía al indiscreto que le preguntaba la razón de esa costumbre. Eminentísimo orador, su voz tenía sonoridad de trueno. Yo lo oí pronunciar un discurso en el Teatro de la Paz, de San Luis Potosí. Lo concluyó con esta frase: "Para salvar a un México crucificado es necesario que nos crucifiquemos en él". Una ovación interminable, el público puesto de pie, rubricó esa oración castelariana. Don Felipe fue rector de la Universidad de Coahuila y magistrado presidente del Tribunal Superior de Justicia en el Estado. Pero fue sobre todo un humanista. Había una expresión que detestaba  igual que si la hubiese oído en labios del demonio. Esa expresión era "el mercado de trabajo". Declaraba con tono enardecido: "El trabajo no es una mercancía. Es una prolongación de la persona humana, y tiene su misma dignidad. Con su labor el hombre no sólo gana el pan: también transforma al mundo. Considerar su trabajo un objeto de mercado es rebajarlo al nivel de las cosas que se compran y se venden, y equivale a ver en la persona una mercadería". Razón de sobra tenía don Felipe al reprobar esa expresión. Larga y cruenta ha sido la lucha de los trabajadores del mundo para lograr condiciones dignas de trabajo. Generalmente esas conquistas han debido ser arrancadas por la fuerza a los dueños del poder y del dinero. Saludo entonces la aprobación por parte del Senado de la iniciativa tendiente a alargar el período de vacaciones de los trabajadores, con lo que se mejora su condición laboral. Habrá, desde luego, quienes critiquen esa concesión alegando bajas en la productividad, la competitividad, la costeabilidad, etcétera, pero yo pienso que el trabajador será mejor cuanto mejores sean sus condiciones de trabajo. Lo digo porque empecé a trabajar formalmente a los 14 años, y algo sé entonces sobre el tema. Bienvenida sea esa aportación de Morena al bienestar de los trabajadores. Fray Goliardo conversaba con un turista que llegó a conocer su convento. El visitante quiso saber qué clase de vida llevaba el monje en el claustro, de modo que le preguntó: "¿Fuma usted?". "Sí -respondió él-. Claro, con moderación". Inquirió el viajero: "¿Bebe usted vino?". "Sí -contestó el religioso-. Claro, con moderación". Otra pregunta de más fondo hizo el visitante: "¿Practica usted la castidad?". "Sí -repuso fray Goliardo-. Claro, con moderación". Don Valetu di Nario, señor de edad madura, comentó: "Dicen que el cuerpo del hombre y el de la mujer son muy diferentes, pero en ocasiones actúan de manera muy semejante. A mí se me acabó el deseo sexual, y al mismo tiempo a mi esposa le desaparecieron esos dolores de cabeza que le daban todas las noches". FIN.

    MIRADOR

        Por Armando FUENTES AGUIRRE.

VARIACIONES OPUS 33 SOBRE EL TEMA DE DON JUAN

    Esta mañana Don Juan fue a la primera misa en la iglesia de Nuestra Señora. Ahí le ofreció el agua bendita a una dama que vestía ropas de luto. Ella rozó apenas la mano del caballero, se trazó en la frente el signo de la cruz y desapareció luego entre los asistentes al oficio.

    Don Juan pensó que conocía a la enlutada, y aguardó en el atrio su salida para verla bien a la luz del sol que asomaba ya tras las torres del templo. Esperó en vano. La mujer no salió, ni pudo hallarla el caballero en el interior del sagrado recinto.

    Volvió él a misa los siguientes días. La dama ya no regresó. En la soledad de su aposento el antiguo seductor piensa en ella y se pregunta si sería acaso una de las mujeres a las que juró amor eterno que duró una noche. Ese pensamiento lo atormenta.

    No muy lejos de ahí, en una antigua casa de la calle de la Cruz, una mujer vestida con ropas luctuosas piensa en Don Juan, y ese pensamiento la atormenta.

    ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS

Por AFA.

". Ya no subirá el precio del gas.".

     Mil veces, según entiendo,

    nos lo dicho el Presidente,    

pero el gas no es obediente

    y continúa subiendo.