Opinion

Ternuritas

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Daniel García Monroy

domingo, 10 marzo 2019 | 02:21

A su jocoso estilo, la estrella del momento les impuso la ironía. La oposición nacional (todavía grogui por el batazo amlomista), queriendo ser flaco contrapeso, debió de sonreír agüitada ante el finísimo sarcasmo del señor presidente. Qué  les queda. Y es que la verdad si dan ternura, por decirlo compasivamente.

El PRI celebra (?) sus 90 años en un funerario-aniversario. El espectáculo visto fue el de un famélico dinosaurio, triste, cansado y sin ilusiones, lamiéndose las heridas. Convención de adultos mayores --varios de ellos amparados, contra previsibles órdenes de aprehensión--, que azorados y pasmados, siguen sin entender qué demonios pasó el primero de julio del año pasado. Reciclan el discurso del: “Miren, no somos tan rateros todos y por favor compatriotas, reconozcan las flamantes instituciones que creamos en 78 años de hegemonizar y abusar del poder; y que nadie lo dude ¡otra vez resurgiremos de nuestras cenizas como la víbora fénix que somos y con el mismo nombre y logotipo tricolor, orgullosa marca de peculado sempiterno, como la ven!” (Ciérrese el spot con la imagen priísta más consagrada de la historia: la sexo-infame-roqueseñal). Ternuritas, cínicas, pero ternuritas al fin.

El PAN nacional está convertido en un mendrugo duro y desmoronado. Hecho migajas por sus conflictos internos, se observa minusválido: cojo, tullido, mudo. El partido, que dentro de la geometría política debería ser el ostensible bastión de la derecha cristiana, como auténtica oposición contra la izquierda morenista avasallante, yace postrado y perturbado en el diván del sicoanalista. La ideología y los principios se fueron por el caño de la ineficacia gubernamental y la corrupción. La profecía de don Luis H. Álvarez, se cumplió: al PAN lo ha derrotado la victoria.

No se vislumbra líder panista alguno con mínimos de credibilidad, confianza y aceptación entre su fracturada militancia. Instituto político donde todos recelan de la venganza de todos. Los panistas de cepa, copiando a los piratas arribistas, han ido quitando su granito de arena para disolver al partido mayoritario de las clases medias y empresariales; aquel que fue el exitoso blanquiazul de la primera década del siglo XXI. Pero ese PAN se perredizó, se fue rebanando en cachitos de su lotería nacional: la funesta guerra fratricida por las candidaturas, las pluris, los cargos directivos y burocráticos con sus jugosos sueldazos y prebendas. –Más nepotismo, compadrazgo, amiguismo; irrenunciable-adyacente-regalo del poder en sus tres niveles--.

Leer al ex presidente ex panista Felipe Calderón, argumentar en twitter a favor de la compra en su sexenio de un predio sobrevaluado en Sinaloa, pagándole 120 millones de pesos al prototipo de la corrupción, que fue don Antonio Toledo Corro, para luego abandonar el inútil terreno propiedad de la nación, es de un absurdo que raya en la locura. --Pues sólo loco se puede tratar de justificar imbecilidades fraudulentas--. Y qué decir del maestro Fox, cuando pensamos que ya llegó a la cima de toda sandez posible ¡zaz! nos vuelve a anonadar: AMLO va vetar por 10 años todo trabajo posterior de funcionarios públicos con conflicto de intereses empresariales, porque al tabasqueño, cuando termine su sexenio, nadie lo va querer contratar: lero, lero candelero. Fox sin duda confirma la sentencia de Einstein: “la estupidez es más asombrosa que la inteligencia, la inteligencia tiene límites la estupidez no” (Sagrado Corazón de Jesús, entre que especímenes nos habéis abandonado).Ternuritas.

El PRD es un caso extremo que no amerita un análisis sino una esquela. “Nos unimos a la pena que embarga a los amarillos por la muerte de tan respetado partido político, que en su niñez fue, porque ahora espantoso zombie es”. Leproso apestado, de quienes todos huyen y a quien todo mundo ya le dedicó los santos óleos. Se suicidó sin más ni menos que por una sobredosis de corrupción. Y como todos los perredistas que quedan ya saben que nada hay en ese cadáver viviente que se pueda rapiñar, pues ni hablar, que el último que salga apague al otrora fulgurante sol azteca. ¿Ternuritas? Más bien: que pronto los deudos chapulines encuentren la resignación --y la reasignación de recursos-- en el seno de la atrayente madrastra morena compasiva.

Y de pronto el EZLN hace una de sus intermitentes espectaculares reapariciones en su foro nacional y natural “La Jornada”. López Obrador es más malo que todo el neoliberalismo junto. Sóbate cabrón. A temblar todo el país. A la cuarta transformación se le va adelantar la cuarta revolución de los indígenas lacandones y su gordito líder güero ojiverde, que cambia de nombre cada que se enoja consigo mismo, --me imagino. Y el EPR no está muerto, más vivo que nunca también se avienta al ruedo contra el amado presidente con 80 por ciento de aprobación nacional. ¡Aguas! Se nos viene la noche. A qué dudar. Ternuritas respetables. --No se me vaya a condenar de discriminación racista--.

Recula la oposición partidista ante el nuevo ogro filantrópico que les está demostrando que el dinero no lo es todo en la vida y tan sólo con eso los humilla y los somete ante el pueblo pobre y anhelante de un cambio, el de las rechiflas ordenadas y humillantes en las visitas presidenciales. Ojalá se estén reagrupando inteligentemente, lo dudo. Más bien creó en la imagen-analogía, que ha manejado el periodista “opositor” de todos los gobiernos desde hace 18 años, Leo Zuckerman: los tiburones huelen, avistan la sangre para atacar en grupo; la sangre de fracasos en la administración financiera federal, o en la seguridad pública a cargo de la guardia nacional y su supremo comandante en jefe. Todavía no hay sangre amlomista que se pueda evidenciar en el antiguo lago de Texcoco. Tenso y tenebroso compás de espera para una oposición resquebrajada.