Opinion

Tiempo, tiempos y gratitud

¡Huye el tiempo veloz! Rápido avanza, llevando en raudo vuelo la ilusión, la hermosura y la esperanza, el grato afán, y el incansable anhelo: Vicente Wenceslao Querol.

Jaime Rodríguez Chacón

jueves, 31 diciembre 2020 | 05:00

En la jungla de asfalto, entre el ruido incesante de motores, escapes humeantes y, el estrés de los motoristas, hay   una lucha diaria por redimir algo muy valioso y que se escurre inexorable: el tiempo.

Unos, lo persiguen para el disfrute material  y, pasar lo mejor el fin de año; otros, porque en su afán de adorar a Mammón, -dios del dinero-, con rocas  verbales, humillan al empleado que no los despacha rápido, o al   infortunado que por azar se atravesare en su camino, pues: time is Money. 

Pero pocos  reflexionan unos minutos sobre el tiempo: ¿Qué es, cómo se originó, terminará algún día?  A todos se nos acabará, y con ello las fuerzas y productividad. Qué sembramos en la vida dependerá la cosecha  final. Todo lo que el hombre sembrare eso también segará.

San Pablo aconseja  redimir o rescatar el tiempo porque los días son malos.

Billy Graham decía que: "llegará el día en que la música para muchos se apagará".

No es agradable pensar en eso, pero   la cruda realidad. Salomón decía: “Mejor es ir a la casa del luto que a la casa del banquete”… porque allí habría una reflexión obligada sobre el tiempo, la vida y la muerte”.

“En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera”.

 Son tiempos de reflexión. No hay mucho que festinar, sino ponderar: Es   lamentable la pérdida de cientos de muertos por el Covid-19, entre ellos, amigos y cercanos a la familia. Me uno a su pena. Pero también agradezco a Dios la vida que inmerecidamente me concede, porque Él la da y la quita cuando quiere y nadie le dice ¿qué haces?

Agradezco a mi esposa que, con paciencia ha tolerado mis desatinos y acompañado todos estos años; a mis hijas que no les pude dar lo que debía por las estrecheces económicas. Gracias por su esfuerzo en mantener el vínculo de la paz.

Agradezco a mis amigos de El Diario, columnistas, escritores, eminentes intelectuales, que me aceptaron en su círculo de colaboradores. Me siento como Max Lucado: Un novato dentro de un equipo profesional de golf. En apariencia, soy partícipe de todos sus aciertos y jonrones editoriales; pero no, simplemente soy el corre bolas. Ellos tienen el mérito.

Gracias al Señor Juan Manuel Andazola, por haberme recibido, a quien mando un afectuoso saludo: una persona de altísima calidad humana. A todos los colaboradores  que no he mencionado por sus nombres. Gracias por sus consejos y críticas constructivas.

Como citó el Señor Hesiquio - tremendo intelectual- acerca de Sancho: ¡Válame Dios! Pues sí que nos ha valido. ¡Hasta aquí nos ha ayudado el Señor! ¡Gracias a Dios por la vida y su ayuda!

Al arribar al umbral del término de un año, hacemos un balance consciente o subconsciente  de los logros obtenidos: materiales, intelectuales, morales,   y espirituales.

¿Somos mejores personas que ayer? ¿Los reveses nos han hecho valorar  a las personas o por el contrario renegamos por  pérdidas materiales?

Nos alegramos por los éxitos, pero, ¿qué pasaría si no fuese así, agradeceríamos a Dios?

Salomón, con su gran poder económico y político se dedicó a buscar la felicidad.

Primero, con la vida contemplativa, en la disoluta, y después en la activa. Y, no halló satisfacción perdurable: Todo es futilidad y afán de viento. Su conclusión fue: Si yo, con todas las ventajas que conlleva ser rey, concluí que todo es vanidad y aflicción de espíritu, ¿qué provecho sacará cualquier otro de mi experiencia?

Concluyó que, el todo del hombre es: temer a Dios y guardar sus mandamientos, es el mayor bien  que trasciende más allá de la muerte. Una bolsa diferente de valores; un banco blindado a prueba de ladrones extorsionadores y hackers. No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan: Jesús.

Allí estaba el hombre de éxito ideal, de barba tupida y cana, noventa años de experiencia, que no son poca cosa, lo hicieron sencillo, sin perder su status social.-- ¿Ves esa gran obra de ingeniería?: Yo la hice,- -¿ves aquella otra edificación?: Yo fui su constructor y arquitecto.

Había estudiado en las mejores universidades, y acumulado para una vida cómoda y vejez tranquila. El auto lujoso que fuera  regalo de bodas de su esposa, era ya una chatarra humeante. Y, la otrora casa elegante al igual que su cuerpo, hoy roídos por el tiempo ameritaban un remozamiento. Como el médico no se cura a sí mismo, tampoco él podría hacerse  una reingeniería. Todo termina, fenece. De la riqueza que podríamos acumular en cien años,-que es a lo más a que podríamos aspirar de vida- al final, no tendremos nada.

Otros que no trabajaron en forjar las riquezas disfrutarán del esfuerzo de los difuntos.

Algunos en cuanto reciben una heredad la venden y se hacen de auto nuevo, siendo que quien dejó la herencia era austero y modesto. Por eso, el rey sugiere alegrarse y disfrutar en vida en el tiempo bueno.

En la rueda de la existencia hay toda suerte de altibajos, y para afrontarlos es preciso armarse de la providencia Divina. Sucesos que nos parecen contradictorios podrían cambiar en oportunidades, al no maldecir de las calamidades que nos ocurren, y encomendarnos a Dios, sabiendo que todas las cosas obran para bien de los que le aman. Empero a sus enemigos, dará Él el pago en persona.

¡Gracias a Dios por este año que nos concedió! Los mejores parabienes en lo porvenir, para el gran equipo de El Diario y sus asiduos lectores.  ¡Feliz año nuevo!