Opinion

Toda la perversidad al descubierto

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GPS / Dominical

domingo, 07 febrero 2021 | 05:00

Es un duelo de vencidas entre Javier Corral y Maru Campos, envuelto el primero en actos desproporcionados, obcecados y francamente enfermizos.

Pretende evitar a toda costa que ella, la primer alcaldesa de Chihuahua capital y probable primera gobernadora, siga adelante en su candidatura.

 Maru, como haría cualquier persona, está defendiéndose con uñas y dientes en un juicio que ya es de Estado. Defenderá con Paco Molina, su abogado, el exprocurador de Barrio, milímetro a milímetro de la indagatoria por una razón sencilla.

Está roto cualquier equilibrio procesal y garantía del debido proceso. Esos principios están resguardados con llave en los textos de doctrina jurídica penal que jamás han cruzado por los ojos de Corral y su amanuense Secretario General, Fernando Mesta.

Fuera máscaras de cualquier independencia del Ministerio Público y su importante facultad investigadora de delitos; el gobernador se ha enfundado en papel de inquisidor, encabezando el mismo, con descaro, la persecución de la candidata de su propio partido político, incluso con pruebas que pudieran resultar ilícitas, y que a simple vista repugnan el sentido ético de cualquier estudiante de derecho.

Habíamos visto de todo en esta pelea desigual, pero la capacidad de asombro se supera día con día. Garganta profunda, el soplón protagonista del Watergate es un niño de pecho.

Ahora las pruebas llegan en sobre amarillo a la redacción de los periódicos, pero no de cualquier rotativo, sino el de uno que recibe millonadas a cambio en cheques autorizados personalmente por Corral y llevando como dama de compañía en sus paseos por las nubes justo a la directora de tal medio. Todo recato perdido.

Los supuestos recibos notariados dejaron de ser una simple información del quehacer periodístico. Se convirtieron en elemento de prueba, en contexto desaseado y manipulador.

Sin guardar nadita las formas, Georgina Morett, la directora de El Heraldo, acompañó al gobernador a la sierra de Chihuahua a inaugurar obras, placeada en avión oficial y sentada incluso en presídium como funcionaria pública.

Si Duarte tenía a Lolita Ayala, Corral tiene a la recién llegada Georgina, con un dato adicional. Lolita hacía promoción positiva, “información que cura”. La “nueva” adquisición se involucra en juegos oscuros de golpeteo, más allá de lo periodístico. (Un dato relevante: las crónicas negras respectivas contra Duarte fueron publicadas no en El Heraldo, sino en El Diario, y firmadas nada menos que por Javier Corral. El Diario fue su casa de la libertad hasta poco antes de llegar a la gubernatura).

Por ese acto “notarial”, El Heraldo es parte ya en la integración de carpetas de investigación. Hicieron trizas el secreto profesional y la confidencialidad de la fuente informativa, baluartes del ejercicio periodístico. Ahora son parte directa de la incorporación de una prueba a una carpeta de investigación.

Con un agravante: estuvo Morett con Corral y su consorte Cinthia Aidé Chavira en la sierra. Inmediatamente después se publicó la nota de las copias certificadas de los recibos y una oficina de campaña interna de Madero recibió miles de periódicos para ser distribuidos como guerra sucia contra la candidata.

Es Georgina y su personal, al que involucró en asunto delicadísimo en extremo, necesariamente protagonistas de la obsesión persecutora del gobernador, sin ninguna necesidad.

El linotipista Corral y su esposa presidenta del DIF, embaucaron a la novel directora con sus historias de paso fugaz por la redacción y ella cayó redondita, pero se excedió en su proclividad. 

Está convertido El Heraldo, bajo Morett, lastimosamente, en una extensión de la oficina de Manuel “Igor” del Castillo, el vocero del gobierno estatal; y peor, de la Fiscalía, con teléfono rojo y todo.

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En este momento del relato se borra la risa del gobernador. Sacó La Opción un video que lo pone a temblar de coraje, y encima gratuito, que lo lleva irreflexivamente al tuit.

Tras un minucioso análisis de la entrevista en que aparece el notario Luis Raúl Flores Sáenz encontramos que en ningún momento afirma con todas sus letras la falsedad de la certificación. La desliza a pregunta expresa del reportero. No se acuerda haber tenido a la vista los originales.

Hábil, en lenguaje coloquial, el fedatario deja en claro que nadie lo ha citado a declarar en torno a este trámite notarial, el más simple que se efectúa en ese tipo de despachos, y que por miles son realizados cotidianamente.

Esta conducta fue suficiente para generar una percepción inmediata de duda razonable en quien lo observó y escuchó. Si ya estaban dichos recibos tocados por el diablo de la tenebra con que fueron manejados, ahora quedan francamente en ridículo.

Queda claro que el nerviosismo de Flores Sáenz no es infundado. Está el fedatario en medio de un severo conflicto judicial entre el actual mandatario y la principal aspirante a sucederlo.

Un conflicto que, en esta fase específica, tendrá que resolverse por medios científicos, a través de complejos estudios periciales de grafoscopía, para establecer si la certificación es auténtica, en firmas y sellos. 

Y aún si lo fuere, ¿cuál es su valor para acreditar una responsabilidad de carácter penal?, no una obligación civil o mercantil. Está en chino. No llega ni a resortera esa arma de Corral.

Será una nueva confrontación a un nivel de conocimientos técnicos en la materia, en donde veremos a los peritos del gobernador pagados con los escasos recursos públicos y a los de Maru discutiendo aspectos como la profundidad de la huella que deja la pluma, que si los trazos son correspondientes a la muestra indubitable, que si la antigüedad de la tinta, y un largo etcétera que consumirá los tiempos de una fiscalía ad hoc, lentamente constituida para ir como sabuesos sin olfato tras la presa, y que no han escatimado en argucias con nula calidad ética y moral.

Se consume momento a momento en virtud de estas estratagemas sucias la escasa credibilidad en la Fiscalía, ministerios públicos, agentes ministeriales investigadores, analistas, que sólo corroboran la vox populi acerca de la creación de chivos expiatorios y verdades judiciales a modo para cumplir caprichos. En el colmo, en su paroxismo verbal con motivo del informe, Corral revela que se reunió con ellos para darles ánimo, evidente coacción cuando es su superior jerárquico.

Nadie lo enreda, es él mismo quien se enreda en su propia pita.

 De qué otra manera puede explicarse la jugada de evadir la cadena de custodia para incorporar una prueba en una carpeta de investigación, que en apariencia es crucial para la Fiscalía, usando la libertad de expresión y el ejercicio periodístico como paraguas, cuando dichos principios han sido atropellados por Corral con singular desparpajo.

La historia de un sobre entregado a la redacción de El Heraldo y publicado a ocho columnas no es otra cosa que expresión de mitomanía, patología que lo lleva a crear mentiras, creérselas e incluso firmarlas, como está haciendo en los hechos.

Es la cadena de custodia elemento vital en la edificación de una sólida carpeta de investigación en materia probatoria en cualquier asunto penal. Por ello la declaración del notario, sin mayor trascendencia en el fondo, es alerta roja para la defensa de Maru, del exceso en que sigue incurriendo un poder ejecutivo que violenta principios elementales del derecho penal con objetivos meramente políticos.

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En suma, la aparición del notario Luis Raúl Flores abona al descrédito de la alicaída nómina secreta, cuando ya creíamos agotadas las acciones ilógicas, fuera de razón política, en esta vendetta política, con un aspecto de timing.

Los funcionarios que permanecen fieles a Corral saben que el tiempo se acaba y que dentro de poco habrá nuevo gobernador. No sabemos si será Maru o Juan Carlos Loera.

Pero cuando, sea quien sea, se siente en la silla de la gubernatura, tendrá que tomar sus decisiones y todos estos asuntos recobrarán vida propia. Ahí saldrá la pus donde quiera que se encuentre, como ocurrió con el fedatario que deja al descubierto el cochinero en el caso estrella de la nómina secreta.

Ahí serán Corral y algunos subalternos quienes se sienten en el banquillo de los acusados con el petate del muerto enfrente, como hizo graciosamente con quienes regresaron millones, carros y casas, según se dice, con puras pruebas xerox de copiadoras casi en desuso.