Opinion
Periscopio

Transformación del rol femenino

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Armando Sepúlveda Sáenz

miércoles, 25 enero 2023 | 05:00

El Diario de Chihuahua difundió el martes de la semana pasada, una nota con el título de “Aventajan las mujeres en el empleo”. En estricto sentido se refería a que, la tasa de cambio anual de las mujeres ocupadas era superior a la registrada por el crecimiento en la plantilla de hombres según la estadística de los trabajadores asegurados en el IMSS. Este, como bien se sabe es un indicador en empleo en el sector formal de la economía.

En efecto la tasa referida a los hombres fue de 3.32% en tanto que la de mujeres fue de 3.37% tomando la base los asegurados permanentes promedio de 2022 contra la cifra análoga de 2021. Si esta diferencia en el crecimiento de la ocupación se convierte en tendencia, podríamos estar ante un proceso que por sus implicaciones podría ser relevante para la sociedad y la economía. Para establecer su importancia, además de un indicador de tendencia, habría de determinar los incrementos ocupacionales por actividad económica que dieron lugar al diferencial de tasas de crecimiento en la ocupación.

El análisis consiguiente es importante pues puede deberse a las fases tradicionales de bajas en el sector maquilador con altas en servicios y comercio. Este análisis debería hacerse para dilucidar de qué tipo de proceso se trata.

Sin embargo, al autor le suscitó entusiasmo bajo la hipótesis de que se podría ser la etapa inicial de un proceso en el cual las mujeres volvieran a un rol del que fueron sacadas en la industria maquiladora. Como se advirtió, si este fuera el caso.

Las personas que actualmente cargan más de 65 años en su haber recordarán que la transformación de la economía del estado como PIB agregado, se dio de la mano de la entrada de la industria maquiladora de exportación, que cambió la estructura del valor agregado y con ello de la ocupación. Como predominaban los procesos intensivos en mano de obra, con jornadas agotadoras y con ciertas habilidades, se dio preferencia a la contratación de mujeres: dejando los puestos fabriles que requerían menos habilidades pero más fuerza para los hombres. Para nadie es un secreto que los trabajos domésticos requieren de disciplina y sistematicidad, en particular si tienen que combinarlas con el cuidado de hijos y ancianos. 

El cuidado de los primeros incluye la carga escolar domiciliada. La división sexual del trabajo estaba que ni mandada a hacer para servir como vertedero de mano de obra. Desde su inicio las plantas de la IME se concentraron siguiendo la pauta de la disponibilidad de mano de obra, y así se ubicaron principalmente en Ciudad Juárez y en la Ciudad de Chihuahua.

Los procesos productivos cualesquiera que ellos sean, no son exclusivamente la transformación de la materia o insumos del proceso para arrojar otro objeto transformado; como toda praxis, la relación de medios a fines implica una carga de valores: principios y fines sobre la calidad del objeto y la relación con otras fases del proceso, a fin de cuentas el objeto transformado, se recibe primero y se debe entregar satisfaciendo ciertas características que atienden a principios y reglas de relación.

Estos principios y reglas afectan la conciencia de los trabajadores asalariados, en muchos aspectos, Para las mujeres que no habían tenido la experiencia del trabajo subordinado, sujeto a reglas específicas y remunerado, el impacto debió (y aún debe) ser brutal. Para los hombres es menos transformador, pues están acostumbrados a ser los proveedores del hogar y trabajar percibiendo un salario atendiendo a ciertos principios y reglas. Por otra parte, los principios y reglas en los procesos productivos manufactureros atienden a lógicas bastante diversas de las dominantes en las industrias nacionales. En cuanto a los trabajos remunerados para las mujeres, en servicios y comercio los valores en los procesos son cualitativamente diferentes.

Ofrezco disculpas por sacrificar el análisis de los procesos de trabajo y sus valores, en aras de la brevedad que impone el espacio disponible. 

En resumen, los cambios suscitados en las trabajadoras, irrumpieron severamente en las relaciones de poder y de cargas de trabajo doméstico como la valoración de ellas, al interior de las familias. En una sociedad predominantemente machista las relaciones de pareja y matrimoniales “rechinaron” y se ajustaron, o se rompieron. Las mujeres rompiendo la sujeción y los hombres tratando de mantener el poder de todos los hilos, incluso valiéndose del apoyo de grandes segmentos de la sociedad a la discriminación hacia la mujer.

El caso es que empezaron a menudear los divorcios y los hogares con jefatura femenina o las mujeres que optaban por fundar un hogar con su primogénito, eludiendo la subordinación machista. 

Si el lector tiene el galardón de adulto mayor o bien, se le da la investigación, los periódicos locales de Ciudad Juárez y de Chihuahua capital, daban cuenta de la alarma de la “opinión pública” publicada, por lo que consideraban una crisis moral que debiera combatirse con todo rigor. A las mujeres que habían cambiado sus patrones de conducta les endilgaron todo tipo de epítetos despectivos y los medios masivos los reprodujeron en cuanta ocasión se dio. No se podía esperar otra reacción de una sociedad machista y mojigata.

Con el tiempo el cambio cobró visos de inevitabilidad. Las mujeres pasaron a ser una parte menor del personal ocupado en la IME.  Pero el cambio de conciencia social ha permanecido y se ha multiplicado en las dos ciudades principales. El cambio real del valor de la mujer obedece más al proceso descrito que al feminismo discursivo e incluso legal. Y lo lideran las mujeres trabajadoras de la industria manufacturera y sin aspavientos.