Opinion

Tributo al tlamatini

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Arturo Limón
domingo, 06 octubre 2019 | 05:00

En honor al hombre bueno quien abrió el surco  a la  visión de los vencidos,  que a partir de 1963 nos dio memoria, identidad e historia,  tan necesaria para enfrentar el siempre desafiante futuro con la raíz bien asida al pasado. Y ver  a la modernidad como destino que se construye con base sólida, no como albur que se corre en la vorágine de tiempos nuevos e inciertos, gracias al viejo y siempre joven maestro, don Miguel León Portilla (1926/2019)


¿Por qué tlamatini?

Se define así en náhuatl: tlamatini, como al hombre que sabe algo o el que sabe cosas y en plural tlamatinime se traduce así cuando se refiere a hombres sabios, era el equivalente a los filósofos en la época de los mexicas.

También eran poetas, y debatían temas sobre la existencia, la verdad, la naturaleza del cosmos y el lugar del hombre en él. Eran los viejos maestros del Calmécac que ponían frente a los ojos de los jóvenes que enseñaban “el espejo” en que habrían de verse.

Contribuían al desarrollo de aspectos filosóficos ligados a la religión, y eran maestros en el Calmécac, la escuela de los sacerdotes y nobles. Los tlamatinime debatieron de religión con los europeos cuando éstos llegaron a América, según los códices narran.

LA OBRA Y EL MAESTRO

León-Portilla escribió más de centenar y medio de artículos para diferentes instituciones, y más de cuarenta libros, de entre los cuales destacan los siguientes:

La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (1956). Esta obra fue su tesis doctoral y desde entonces se ha editado 10 veces y traducido a diversos idiomas como el inglés, el italiano, el ruso y el alemán. León-Portilla explicaba que, si bien los mexicas no tenían filosofía como tal desde el punto de vista moderno, sus tlamatinime procuraban entender el mundo, haciendo preguntas e indagando al respecto. León-Portilla declaraba que lo que los europeos entendieron como dioses los aztecas lo percibían como diferentes manifestaciones del dios dual Ometeotl/Omecihuatl (Nuestro señor/Nuestra señora de la dualidad). Esta tesis la amplió en Pensamiento y cultura azteca: estudio de la mente antigua náhuatl.

Siete ensayos sobre cultura náhuatl (1958)

Visión de los vencidos (1959). Su obra más popular y más famosa, hasta el 2008 ha sido editada veintinueve veces y traducida a una docena de idiomas. En este breve libro, León-Portilla reúne varios fragmentos de la visión náhuatl de la conquista española, desde las premoniciones de Moctezuma hasta los Cantos tristes (icnocuicatl) posteriores a la conquista. El 25 de junio del 2009 se celebró el quincuagésimo aniversario de su primera edición, en un evento organizado por Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el Instituto Nacional de Antropología e Historia, la Universidad Nacional Autónoma de México y el Colegio Nacional.

Justamente me encontraba en El colegio Nacional el pasado 1 de octubre en la Ciudad de México, cuando me enteré de su muerte, lamentable por la pérdida no sólo para un servidor que lo habría leído en mis años de juventud como preparatoriano y siempre como universitario, él fue para mí un maestro siempre admirado, de eso que se puede decir, toda la vida y sé que para todos los que de una u otra manera tuvieron el enorme privilegio de tratarlo, aquí sus voces y comentarios que de seguro pueden hablar más y mejor de él.

Las voces sobre el maestro

Miguel León-Portilla entre sus colegas, amigos y discípulos, quienes resaltaron la extraordinaria generosidad del maestro, quien siempre se preocupó por mantener viva la llama de la cultura mesoamericana.

La escritora Elena Poniatowska recordó el arduo trabajo del historiador, de la mano de Ángel María Garibay, para recuperar la filosofía y la poesía náhuatl.

León Portilla, expresó la escritora, “hizo aportaciones enormes para dar sentido a nuestra filosofía. No hay nada más hermoso que sus libros La educación del niño entre los náhuatl: consejos a una niña náhuatl y Consejos de un padre náhuatl a su hija. Son poesía pura y además dan un maravilloso testimonio de la sabiduría de los antiguos mexicanos.

“Tenemos mucho que agradecerle, porque su acción sobre México a través de la recuperación de nuestro pasado es también una guía.

“Abrió todo un campo absolutamente inesperado sobre la filosofía y la literatura mexicanas. Es una especie de código civil el suyo. Los Consejos a una niña náhuatl son un código civil y un código moral”.

Cristina Pacheco, periodista y escritora, señaló que pocas personas han hecho lo que él por México. Dedicó todo su tiempo a descubrirnos lo mejor de nosotros. El espíritu del mundo indígena. Su sonrisa era maravillosa y demostraba una generosidad extraordinaria. Me gustaba muchísimo encontrarlo en El Colegio Nacional e intercambiar unas palabras, siempre eran luminosas, optimistas, mirando hacia el futuro, pero sin apartar los pies del pasado. Era un hombre sabio, generoso y, algo muy importante, bueno.

Vicente Rojo, artista plástico, afirmó: México pierde a una figura intelectual de excepción. Fue un creador en las múltiples investigaciones que abordó, lo mismo como filósofo nahuatlaco que como historiador, antropólogo o lingüista. Nos deja una obra extraordinaria en los numerosos campos que estudió. Supo defender y amar a quienes fundaron a México y lo llevaron a su grandeza original y que hoy están en el abandono. Era una persona de una dignidad íntegra. No se limitó a traducir poesía náhuatl, sino que escribió poesía en náhuatl. No puedo dejar de mencionar que tenía un fino sentido del humor, característica de los genios.

El poeta Natalio Hernández señaló que León-Portilla marcó una huella importante en el corazón y en el pensamiento de los mexicanos del siglo XX. “Podríamos decir que abre un nuevo horizonte de ese México que tanto queremos y por el que luchó para que la palabra formara parte del proyecto de nación que es México en el siglo XXI. Fue un gran humanista que abrió la puerta del nuevo proyecto de nación incluyente, intercultural, multilingüe, multiétnico y pluricultural. Miguel León-Portilla vivirá con nosotros a través de sus múltiples obras; por ejemplo, su libro La flor y el canto de los antiguos mexicanos”.

La academia le rendirá un homenaje, quedamos en espera de lo que decida Chonita (su esposa). El Colegio Nacional realiza un coloquio muy importante sobre el quinto centenario de los conquistadores españoles y está dedicado a Miguel León Portilla. Su espíritu no va a desaparecer.

La poeta en lengua zapoteca Irma Pineda, traductora y defensora de los derechos de los pueblos indígenas, comentó: “nos enseñó mucho de su sabiduría, pero también de su generosidad, siempre estuvo dispuesto a compartir con los que queríamos aprender o hacer algo de trabajo con pueblos indígenas”.

… Se nos va no sólo el maestro, el padre, el hermano, sino también un gran aliado.

El trabajo de León-Portilla nos ha dado una nueva visión, nos ha generado rasgos de nuestro carácter que son insoslayables. Otro aspecto es su increíble sentido de la amistad y su maravilloso sentido del humor. Derrochaba alegría, con una memoria realmente fantástica. He perdido un maestro y un amigo, y México a un maestro de la vida.  .