Opinion

Un 6, ¿proeza o mediocridad?

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Carlos Irigoyen

viernes, 16 julio 2021 | 05:00

Se acabó el año escolar, quizá el más complejo de cuantos sean recordados en la historia reciente del sistema educativo mexicano; desde padres, maestros, instituciones educativas y los mismos alumnos podrán decir que han sobrevivido a la pandemia. El resultado puede ser de escándalo o de alarido según lo quiera ver, por disposición oficial nadie debía reprobar. Nada que ver con aquellos años donde junio se convertía la tortura de todos al esperar la última boleta, la que acreditaba o condenaba a repetir el año. Hoy hay polémica porque se festeja el obtener un 6 en tiempo de pandemia y se acusa de mediocridad a los padres que lo hacen. 

Realmente un 6 no es motivo de alegría, pero no debemos irnos nada más por el número, en condiciones complejas hay que voltear a ver el contexto.

La situación de millones de familias en México no fue la idónea para vivir en un modelo educativo basado en un esquema virtual que exige a un estudiante curioso, abierto y receptivo para ver por medios electrónicos sus clases. El futuro de la educación tiene que ver con el desarrollo intenso de competencias, pero cuando vives en una sociedad con tantas carencias como la nuestra, entra en juego la integración familiar y el “extra” que tenían que dar los padres para favorecer el desarrollo educativo de los hijos, la participación de los padres en el uso de la tecnología aplicada a la educación se pudo volver un auténtico dolor de cabeza; sería bueno medir cómo este modelo virtual pudo ser un factor en el desarrollo de la violencia intrafamiliar, se puede convertir a la larga en un detonante para incrementar la deserción escolar. Ahí también entra el aumento en el gasto familiar, el consumo de luz, internet, un medio para acosar a las clases; son gastos que la economía familiar no tenía planeado; tan solo en 2020 se perdieron más de 647 mil empleos, la principal afectación en las empresas fue la caída de ingresos, según estimaciones del Inegi casi el 21% de las empresas cerraron definitivamente en el mismo período; entonces el padre de familia, ¿a qué le daba prioridad, a conseguir el sustento para la familia o a ser un pilar educativo? Ahí otra debilidad del contexto del ciclo escolar y potencial detonante de resultados de baja calificación, el acompañamiento de los padres fue básico en la mayoría de las ocasiones, nulo en muchas otras y de forma excepcional se dio en algunos momentos.

Y ahora hablemos de los maestros, pilar indiscutible y eje de la educación, no  como el papel protagónico, pero sí como el facilitador que tenía que crear la estrategia de aprendizaje que le permitiera al alumno tratar de captar lo más que se pudiera del tema, era obvio que no podía presentarse una clase como si fuera presencial en un modelo virtual; los alumnos iban a terminar “tronados”, los profesores desgastados y sin los mejores resultados en el aprendizaje de los alumnos. Hay que ver también cuántos centros educativos prepararon de forma real a sus maestros para el mundo virtual con el uso de recursos tecnológicos y plataformas que les dieran la oportunidad de facilitar el aprendizaje, cómo reforzaron la inteligencia emocional de sus maestros a fin de que fueran un factor de calma para el estudiante y que no se fueran a convertir en un motivo de estrés para las familias; que pudieran llegar a un punto donde la empatía floreciera, a nuestros niños y jóvenes primero la violencia y ahora la pandemia les castigó fuertemente su desarrollo socioemocional y eso sin lugar a dudas termino afectando su rendimiento escolar. 

Por estas razones el 6 después de todo no es reflejo de la mediocridad que se puede denotar ante la baja calificación, en el contexto tendríamos que generar empatía, reflexionar sobre los aprendizajes, redefinir el rumbo del aprendizaje y sobre todo, centrarnos en cómo darles mayores herramientas a todos los involucrados, al final del día el objetivo es impactar en el desarrollo social, no tener una comunidad llena de “10” pero vacías de conocimientos, valores, capacidad de reflexionar y sin ética; nos falta mucha apreciación del esfuerzo y nos sobran dedos de fuego.