Opinion
Crónicas de mis Recuerdos

Un excelente espectáculo con María Caballé en el Centenario (1920)

.

/ María Caballé en compañía de Tina De Jarque en 1928 (Foto: El Correo de Chihuahua).
/ Posando al terminar uno de sus espectaculares presentaciones la simpática Maruja (Foto: El Correo de Chihuahua).
/ Teatro Centenario, quien fue visitado por María Caballé en 1920 (Fototeca-INAH-Chihuahua).

Oscar A. Viramontes Olivas

viernes, 19 marzo 2021 | 05:00

Todo mundo estaba emocionado porque vendrían a Chihuahua algunos artistas de talla internacional y el lugar que le daría albergue era el hermoso Teatro Centenario que estaba ubicado en la calle Ojinaga, llamado antes Betancourt (hoy Teatro de la Ciudad). La noticia sobre la llegada de la importante compañía corría de boca en boca, pues representaba un gran acontecimiento cuando llegaba el mes de febrero de 1920 aunado a un intenso frío que calaba hasta en lo más profundo de los huesos.

A la gente de Chihuahua le gustaba el teatro, pues comentaba en las esquinas y en las reuniones de amigos que la gran artista María Caballé pisaría estas tierras secas y áridas pero con la fortuna que le tocaría un clima helado y algo lluvioso. No importaba que nuestra ciudad estuviera tan lastimada por los acontecimientos de la Revolución mexicana, pues a la pobre gente de aquellos tiempos le era necesario tener este tipo de espectáculos para olvidarse de las tragedias de la rebelión.

Ya era mucho tiempo que no se anunciaba este tipo de espectáculos, ya que los ciudadanos estaban tan aburridos, cansados de tantas tragedias y de no ser tomados en cuenta para ver este tipo de eventos. El teatro tenía una larga fila de personas que estaban buscando conseguir un boleto, pues esto auguraba un lleno a reventar. Los anuncios tenían la siguiente leyenda: “Amigos de Chihuahua, pongan mucha atención, la Compañía Caballé ofrecerá un verdadero y sensacional espectáculo con la representación de “Sangre de Artista” en el monumental Teatro Centenario en esta pintoresca ciudad de Chihuahua”. Fue así que la gente se motivaba tanto por llegar a tener un momento de esparcimiento.

Se llegaba la hora y la gente de nueva cuenta se acercaba a las puertas del teatro con sus abrigos y ropa gruesa, que los protegiera del intenso frío que se había presentado el 12 de febrero de 1920; había tanta expectación y llegando las 18:00 horas las puertas del Centenario se abrían de par en par y decenas de personas que estaban en la fila, fueron entrando para ocupar sus lugares y para aquellos que habían tenido más suerte y sobre todo de dinero, habían conseguido un lugar en la luneta y otros muy cerca del escenario. Todo mundo comentaba en voz baja sobre el espectáculo. De repente sale un hombrecillo para anunciar la primera llamada, luego la segunda y finalmente la tercera para que la multitud guardara silencio y diera paso al inicio de la velada. Fue una noche intensa, todos estaban atónitos y divirtiéndose por todo lo que se estaba presentando; los aplausos se escuchaban hasta fuera del teatro, pues la multitud parecía que había quedado satisfecha de lo que se había ofrecido. 

Después de tres horas de artistas y manifestaciones de arte y cultura, daba fin la velada, despidiéndose los artistas y agradeciendo al público de Chihuahua por la oportunidad de haberles permitido entrar al monumental Centenario. De ahí poco a poco el recinto se fue quedando vacío y cada quien con una sonrisa en el rostro se encaminaba a sus casas para descansar y posiblemente seguir platicando del gran acontecimiento que se había dado en nuestra ciudad. El lujo derrochado de la escena y la labor desarrollada por el conjunto de artistas que formaron parte de la exitosa compañía, siempre estuvieron listos para que la gran función de aquella noche fría tuviera un verdadero éxito.

En aquel entonces decía el periódico “El Correo de Chihuahua” del periodista Silvestre Terrazas: “Es en verdad que la compañía que ahora nos visita una de las mejores en su género y que haya pisado nuestros escenarios y desde luego, en su primera función haya confirmado en Chihuahua el buen nombre del que siempre se le haya caracterizado en las otras poblaciones del país que ha visitado, cosechando logros y más logros. “Conocida en esta ciudad la opereta vienesa fue del completo agrado del público debido más que todo a la expresión con que se le representó y el argumento intensamente sentimental; su música delicada y sentida hubo de revivir viejas emociones en el ánimo de los concurrentes a la sala de la calle Ojinaga. 

“El papel de Neliy a cargo de la primera tripe cómica María Caballé “Maruja”, difícilmente podría haber resultado mejor; hubo en ella un derroche de hermosura de arte y elegancia; María Caballé, supo ser frívola cuando los pasajes de la obra se lo exigían y sentir honda y aflictiva pena cuando la misma lo requirió; en rodos sus gestos y transiciones bruscas en que abundaba en la opereta, supo hacer de su temperamento de artista una gran gala. Sin duda los aplausos más espontáneos y ruidosos, coronaron su labor merecidamente. Etelvina Rodríguez, otra de las artistas que se habían presentado, se mostró tal como es: una magnífica artista, trabajó anoche con verdaderos deseos de agradar, conquistando con creces. La Betulia que ella caracterizaba, arrancó con una concurrencia que le mostraba ovaciones y risas; satirizó con fina y graciosa ironía esas “antigüedades” que llevaron su chifladura, hasta el extremo de creerse capaces de engendrar pasiones cuando apenas si podían provocar lástima y conmiseración debidas a su locura. No presta en verdad la obra de anoche tan vastísimo campo como nosotros y con nosotros el público, hubiéramos deseado para que Etelvina Rodríguez luciera con mayor amplitud sus dotes artísticos, su actuación en esa opereta a pesar que fue corta, sin embargo, alcanzaría un triunfo completo.

“Rafael Álvarez estuvo discreto, prodigando sus notas límpidas y brillantes que premió el público con repetidos aplausos. David Martínez con su buena voz y gesto, ampuloso, reafirmó así mismo la buena impresión que en anteriores ocasiones había dejado en esta capital; es un buen artista y progresa cada día más. Su Torrelly es una demostración de nuestro último aserto; dijo y cantó su papel en forma irreprochable logrando hacer de él una creación. Adolfo Marín supo caracterizar el personaje que se le había encomendado perfectamente, y compartió con sus compañeros de escena a que antes nos referimos las palmas. Juan Pastor otro de los artistas, tuvo dos papeles a su cargo: Black y Leisner, en los dos muy bien y ello dio ocasión para que se manifestara su gran ductilidad de carácter. Hubo una buena dirección y presentación en los coros y las segundas tiples y aquí encajaba bien un elogio para la directora de escena la señora Felicidad Pastor, a quien se debe indudablemente en gran parte el éxito obtenido anoche. Así comenzando no dudábamos que la compañía Caballé, pudiera hacer entre nosotros una magnífica temporada.

“Para el 13 de febrero a la misma hora, se anunciaba la opereta reina entre las frívolas “Casta Susana” y para la noche del sábado 14, el primer estreno “El Asombro de Damasco”. De esta manera, el periódico El Correo de Chihuahua resaltaba en sus páginas la inolvidable presentación de la Compañía María Caballé en nuestra ciudad. Guiado por nuestro amigo Federico Ramos, en unión de dos compañeros de fatigas periodísticas y cuidándonos de una abolladura de la cabeza, de un tropezón con los telones, bastidores, bambalinas y otros muchos utensilios aglomerados en el cuchitril del foro del teatro Centenario; atravesé hasta el camerino en que se encontraba María Caballé, en esos instantes se ocupaba de hermosear una roja flor que se colocaba entre su azabachado pelo para irse a la verbena de “El pobre Valbuena”, obra que en esos momentos entretenía a unas dos o tres decenas de espectadores concurrentes a la tanda de moda. 

El contenido de esta crónica es con fines de investigación, sin ánimo de lucro, por lo que no viola derechos de propiedad intelectual ni derechos conexos. Un excelente espectáculo con María Caballé en el Centenario (1920), forman parte de los Archivos Perdidos de las Crónicas de mis Recuerdos. Si desea los libros de la colección de los Archivos Perdidos, tomos del I al IX,  adquiéralos en Librería Kosmos (Josué Neri Santos No. 111); La Luz del Día (Blas Cano De Los Ríos 401, San Felipe) y Bodega de Libros. Además, tres libros sobre “Historia del Colegio Palmore”, adquiéralos sólo en Colegio Palmore y al celular 614-148-85-03 que con gusto se los llevamos a domicilio. 

Fuentes

Periódico El Correo de Chihuahua, 1920.

violioscar@gmail.com

Maestro-investigador-FCA-UACh