Opinion

Un feminismo basado en el odio al varón, no se hará en mi nombre

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Benito Abraham Orozco Andrade
viernes, 05 abril 2019 | 20:19

En la defensa de los derechos de la mujer, existen diferentes organizaciones y/o dirigentes de estas, así como personas en lo individual, que quisieran ver sometido o humillado al hombre, pagando de esa manera la indiscutible deuda que se tiene con ellas en virtud del maltrato masculino que ancestralmente han venido padeciendo.

En ese propósito se presentan múltiples manifestaciones por demás estridentes, que inhiben alguna reacción de parte de quienes no se encuentran de acuerdo con las mismas. Aun y cuando sea una parte de las mujeres que se caracterizan por hacer una defensa abierta de sus derechos, no existe el ánimo o el atrevimiento para rebatir tales posturas, pues se corre el riesgo de sufrir una afrenta directa y desproporcionada de parte de tales féminas exacerbadas.

En la búsqueda de la redención de las mujeres con motivo de dichos agravios, no cabe el querer enjuiciar y castigar a todo o a parte del género masculino por tan miserables ofensas, pues de lo que se trata es de componer las cosas y armonizar la convivencia entre hombres y mujeres, con pleno respeto de unos hacia otros.

En ese sentido, llama la atención que desde hace días ha venido circulando en las redes sociales una publicación sin autoría alguna, en la que aparece la fotografía de una mujer con el brazo derecho hacia el frente y con el dedo índice levantado, con una leyenda en la parte inferior similar al título de la presente colaboración.

En la parte superior de la imagen citada se encuentran diversas sentencias que a la letra dicen: “Un hombre no viola…Viola un violador”, “Un hombre no mata…Mata un asesino”, “Un hombre no maltrata…Maltrata un maltratador” y “Un hombre no humilla…Humilla un cobarde”, seguido de la frase “Un hombre es un ser humano al igual que una mujer, si queremos igualdad empecemos por el respecto”.

La referida publicación no se contrapone con la lucha que legítimamente llevan a cabo las mujeres para el reconocimiento de sus derechos y, por el contrario, en gran medida envía un mensaje reconciliador.

Hasta el momento han sido escasos los intentos de contraponerse a esas posturas estruendosas, intimidantes e irracionales que más que lograr una solución complican las cosas, siendo conveniente promover que, con la debida prudencia, se acrecienten dichas acciones que fomenten la sensatez en las demandas exacerbadas de las citadas mujeres, favoreciendo así un trato justo e igualitario entre ambos géneros.