Opinion

Un llamado de paz

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Juan Carlos Loera de la Rosa
domingo, 20 octubre 2019 | 05:00

En Ciudad Juárez, hace más de diez años dio inicio una de las más cruentas épocas, la cual fue caracterizada por un estado de   casi total  indefensión dentro de la población civil y en algunos momentos en las propias corporaciones policiacas, de entre las cuales surgieron las primeras víctimas de lo que sería una de las páginas más negras en la historia de nuestra amada ciudad. 

Pero no todo paró ahí, junto con la altísima tasa de criminalidad entre las bandas rivales, simultáneamente se presentaron fenómenos que hasta la fecha no han podido ser combatidos plenamente, hablo de las adicciones, violencia intrafamiliar, de género, que acarrearon una importante fisura entre las familias y la sociedad juarense, ello provocó mayor disfuncionalidad entre sus miembros formando así uno de los caldos de cultivo ideales que propician el desarrollo de la delincuencia.

El origen todos lo sabemos, una declaratoria de guerra al crimen organizado sin una estrategia acorde al tamaño del problema, pero más que ello, el haber carecido de un plan bien estructurado cuya finalidad no solamente fuera la persecución policiaca y la penalización de los delitos  sino un proyecto que pudiera revertir el círculo vicioso y sin establecer las pautas para combatir la pobreza y la falta de oportunidades tanto laborales como educativas, reitero, sin estas estrategias no fue posible bajar los índices delincuenciales, todo ello permitió la proliferación del crimen organizado que actualmente padecemos. 

Hace un par de días, en Culiacán, Sinaloa; el operativo para detener al heredero del Chapo Guzmán desató una reacción violenta entre los secuaces de Ovidio Guzmán López y elementos policiacos, lo cual ocasionó momentos de terror en las principales calles de la ciudad  debido a la magnitud de este encuentro, presentándose así  un grave riesgo para la vida de sus habitantes. La mafia del cártel de Sinaloa quien tiene el control de las actividades criminales en esa región demostró que para ellos poco valen la tranquilidad y el respeto a la vida de las personas inocentes.

De alguna manera tenía que provenir la cordura y primar el interés superior sobre la detención de un delincuente para evitar la muerte de seres inocentes ante tan sanguinaria reacción. Es cierto que la planeación del operativo para la detención de Ovidio Guzmán López, hijo del Chapo no midió el grado de organización y el poderío de las armas de quienes salieron a protegerlo, esto último desde luego ha sido parte de un proceso histórico en el que los delincuentes aprovecharon los niveles de corrupción y desatención de los  gobiernos anteriores.

La decisión de suspender el operativo en el que se pretendía acatar una orden de aprehensión es criticada y desvalorada por quienes creen que el Estado debe hacer prevalecer el orden y responder a cualquier afrenta de manera violenta, tal como lo dice la bíblica ley del talión: ojo por ojo y...  Pero por otra parte esta decisión también ha sido aplaudida y reconocida por quienes creemos que no hay detención de cualquier delincuente que valga más que la vida de un ser humano. También es importante resaltar que al líder criminal   no se le liberó, ni se le rescató puesto que en términos legales nunca estuvo detenido..

Entre quienes han respaldado y mostrado solidaridad ante este difícil momento se encuentran los gobernadores de las entidades federativas, quienes han visto la enorme voluntad y trabajos de coordinación y ayuda mutua para la construcción de la paz que el gobierno federal, sus instituciones de seguridad y las de carácter social han tenido con los gobiernos estatales y municipales como nunca antes. Pero además también ha habido una enorme respuesta ciudadana que respalda el concepto de seguridad que el nuevo gobierno ha manifestado, el cual por cierto no es abstracto, en muchas ocasiones el presidente de la República ha dicho: “El fuego no se combate con fuego”. Para acabar con la violencia y serenar al país, los mexicanos debemos mantenernos unidos, y dar atención a las necesidades prioritarias de los jóvenes,   hay que generar comunidad desde abajo. Las instituciones que deben fortalecerse y recuperarse son las que tienen que ver con la educación, la salud, el desarrollo social, habrá que reforzar los cimientos profesionales del magisterio, promover la cultura, proteger los ecosistemas, rescatar los valores éticos y morales. Esta será una tarea en la cual la sociedad y el gobierno hagan una mancuerna perfecta para dar así un gran paso hacia la consecución de la paz. 

Desde luego, habrá que  prevalecer el estado de derecho, “por encima de la ley nadie”, también lo ha dicho el Presidente; en ese sentido también se trabaja. Lo ocurrido en Sinaloa no fue de manera alguna un acto de sometimiento ni de impunidad, sino una decisión valorada en la que se privilegió la vida de muchas personas inocentes, antes que la detención de un criminal, en función de la superioridad de fuerzas -de ese momento- y el agresivo ataque hacia la población civil; ante la furiosa reacción no había otra opción que proteger a quienes infortunadamente se vieron involucrados en el fuego cruzado de esa trágica circunstancia.

La mejor arma contra la violencia es la educación, el desarrollo y la atención a los grupos sociales más desprotegidos, es ahí donde se están realizando grandes esfuerzos. La comunicación entre sociedad y gobierno es de vital importancia, es así como podrán fortalecerse acciones de organización comunitaria, desde las microrregiones hasta los núcleos urbanos, donde cada individuo y cada comunidad pueda plantear sus necesidades y mostrar sus potenciales en base a su vocación productiva, cultural, costumbres y creencias religiosas; de tal manera que puedan consolidarse los verdaderos valores que permiten al ser humano vivir con dignidad en todos los ámbitos de su vida. Tener un oficio o profesión le agregará sentido a sus vidas y así será difícil que sean seducidos por la banalidad y las frivolidades que otorga el dinero, ya que al final del día no son más que baratijas, porque todo lo que se puede comprar con dinero al final resulta demasiado caro porque en ello perdemos nuestra valía como personas; lo que no se compra es el orgullo de ser leales a la dignidad humana, el amor al prójimo y el gran sentido que le da nuestra vida el ser actor productivo en la conformación de nuestra sociedad.

Las batallas que verdaderamente se ganan son aquellas en las que al  fuego se le responde con la razón y el humanismo; grandes seres humanos de nuestros tiempos así lo han demostrado: Mahatma Ghandi en la India, Nelson Mandela en Sudáfrica, Martin Luther King en Estados Unidos y Lech Walesa en Polonia, por decir solamente algunos; ellos lograron vencer el infame colonialismo, el racismo y el autoritarismo sin haber derramado una gota de sangre que no haya sido la propia.

Las graves desigualdades en nuestro país que han condenado y forzado a muchos jóvenes a transitar por un camino sinuoso, inhumano, indigno y peligroso son las que deben combatirse, es ahí donde gobiernos, empresarios, políticos y las diversas confesiones religiosas  debemos converger, construyendo comunidad para atender las causas de la injusticia y la desigualdad.

Que no se repitan los errores del pasado, la violencia genera violencia, nunca más habremos de manchar de sangre el suelo patrio deliberadamente.

La violencia es el último refugio del incompetente. Isaac Asimov