Opinion

Un país agonizante y su presidente enfermo

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Jaime Rodríguez Chacón

jueves, 28 mayo 2020 | 05:00

El primer adjetivo calificativo, y el siguiente masculino en singular, ambos son aplicables objetiva y literalmente, tanto a nuestra nación, como a su presidente.

Hoy, México está literalmente enfermo, moribundo, su gente fallece, además, de la Covid-19, por otra pandemia: Enfermedades, como la diabetes, e hipertensión arterial, principalmente; lentamente fallecen decenas de millares por el sedentarismo, la violencia, el alcoholismo y consumo de drogas.

Además, la contaminación ambiental mata lentamente a millares  y, aún así, pretenden, los morenos, eliminar el uso de energías verdes, como la eólica y fotovoltaica, privilegiando el uso del combustóleo y el carbón. Hace una década, se pretendía que el 30% de la producción de energía en nuestro país procediera de fuentes  renovables de energía como la solar y eólica, pero llegó la 4t y nos regresó al siglo XIX.

Además, a México lo ataca otro virus igualmente letal: el de los políticos retrógradas como Yeidckol Polevnsky participante del foro de Sao Paulo, y Miguel Barbosa, -aquí lo desnudamos, millonario, envuelto en la bandera de los pobres- que, en connivencia con el presidente, y sus ideas rancias, de la izquierda extremista, coquetean con el castro-chavismo, prendiéndole veladoras al tirano Nicolás Maduro. 

Aunado a las decisiones del presidente, que ha conducido al retroceso económico y la destrucción de instituciones, eso, causa  desesperanza, entre los mexicanos, que, al mirar un futuro incierto para sí y sus hijos, muchos cometen suicidio. Nuestro Estado, ostenta el nada honroso primer lugar nacional de los que cometen suicidio. Éste, no es el régimen de la esperanza, sino de la desilusión e incertidumbre.

Según estadísticas de INEGI, durante 2018, el 88.4% (638 862) de las defunciones se debieron a enfermedades y problemas relacionados con la salud y el 11.6% (83 749) a causas externas.

En la tasa de defunciones por entidad federativa por cada 10,000 habitantes, sobresale la Ciudad de México con 85, Chihuahua con 66, seguida de Colima con 63. 

Actualmente, siete de cada diez fallecidos por coronavirus padecían diabetes, hipertensión u obesidad: EL CEO. 

Eso significa que los mexicanos mueren, no tanto por el virus, como por un sistema inmunológico alterado por enfermedades crónicas. 

 El truco del gobierno federal, para ocultar el gran número de defunciones por coronavirus, está en el desfase del registro de defunciones y, en que muchas neumonías atípicas, están siendo clasificadas como “probable” Covid-19, ó causa de muerte no determinada. 

Al presidente no le gustan los números, cómo se mide la pobreza y la riqueza y, cómo se calcula la mortalidad en México, y pretende inventar nuevas formas de medir todo. Las mediciones serias desnudarían sus falsedades, como la promesa de crecimiento económico del 6% del  Producto Interno Bruto, (PIB), por lo tanto, quiere eliminarlo como medida de referencia y, en lugar de eso, pretende medir cosas intangibles y subjetivas –más moldeables- como la felicidad y el bienestar del alma. Imagine usted, que el (INEGI) lo encuestara: y, ¿cómo está su alma? Aunque, eso sería innecesario, porque el presidente ya declaró que México es un país feliz, feliz, feliz. Si ya lo decretó, ¿Para qué medir de nuevo la felicidad del pueblo?

Ya vimos, que México padece cormobilidad, eso nos hace vulnerables a cualquier enfermedad, especialmente la covid-19. Alguien definió la enfermedad del “Loco Valdez” como: esquizofrénico, paranoico, psicótico mental cómico. También el presidente divierte con sus ocurrencias, como  el ¡fuchi caca!, ¡huácala! Pero, ¿cuál es su verdadera enfermedad?

La palabra psicología procede de la voz griega (psykhé) alma, mente o espíritu y, del vocablo griego λóγος (logos) Estudio o tratado del alma. Yo no podría afirmar aquí, que el presidente esté enfermo del alma, aunque él   confesó en “la mañanera” del  29 de abril que está bien de salud pese  a que padece hipertensión: Notimex, La Jornada MAYA.

Según opinión de Pablo Hiriart, en EL FINANCIERO, todas las decisiones que ha tomado el presidente y, que han afectado enormemente al país, son un indicio que no está bien de salud: Se pagó cientos de millones de pesos por destruir un aeropuerto; anunció una rifa de un avión que no se rifa; tiró a la basura cientos de millones de pesos en mantener a Pemex en pérdidas; padece delirio de persecución al decir que el ejército planea un golpe de Estado, cuando no es así; y, arremetió contra “los molinos de viento” como el Quijote ( los aerogeneradores de viento en la rumorosa) diciendo que “afectan al paisaje natural”: Infobae

Según Hiriart, La revista “Foreign Affairs” reseñó el libro, “En el poder y en la enfermedad”, del médico y político británico, Lord David Owen así: “En muchos jefes de Estado, la experiencia del poder les provoca cambios psicológicos que los conducen a la grandiosidad, al narcisismo y al comportamiento irresponsable. Líderes que sufren este síndrome hubris ‘político’ creen que son capaces de grandes obras, que de ellos se esperan grandes hechos, y creen saberlo todo y en todas circunstancias”.