Opinion

Un patiño, el Covid y su juego político

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GPS / Dominical

domingo, 02 mayo 2021 | 05:00

Ha quedado una y otra vez demostrado el uso político de la pandemia por parte de la administración corralista. 

Su protagonismo exacerbado lo ha llevado a pretender ser el centro del escenario incluso en campañas electorales.

Se ha negado y se niega a cumplir con el mandato popular que lo eligió para que administrara el Estado, jamás para acumular millas aéreas, jugar golf y darse vida de aristócrata como lo hizo todavía esta semana en el Sánfra y la cancha de tenis de un empresario amigo suyo.

Tiene una obsesión por incidir en la sucesión gubernamental a toda costa. Ello es parte incapacidad para enfrentar el Covid de una manera seria y responsable, y por supuesto forzar un relevo a modo para encubrir abusos y despilfarros.

Todo el año pasado presumió supuestas inversiones por encima de los tres mil millones de pesos en auxilio de los sectores más desprotegidos, en infraestructura, créditos y apoyos para comerciantes y pequeños empresarios, ayudas alimenticias, pero todo se esfumó en la opacidad de negarse a rendir cuentas. Cientos de millones en pura lengua.

Realizó decenas de programas transmitidos en redes sociales, con números gruesos y entrevistas de beneficiarios. Ensalzó su generosidad en medio de una terrible crisis económica provocada por los cierres y semáforos caprichosos ordenados por él mismo y validados por un Consejo Estatal de Salud de mentiritas. Hoy calla cual momia.

Es hora que nadie sabe a ciencia cierta cómo se utilizó ese dinero obtenido de los supuestos ahorros en el gasto de las dependencias, incluida la reducción en sueldos de altos funcionarios.

No hay un reporte puntual documentalmente respaldado de todos los rubros que comprendieron el denominado Plan Emergente, cuyas decisiones se tomaron alejadas de cualquier sincronía o auditoría social. 

En retórica ama la transparencia pero en la realidad opta por la opacidad. La mayoría de sus secretarías están reprobadas en la materia porque él mismo no pone el ejemplo. Grita de enojo como chanate cuando es cuestionado por sus declaraciones patrimoniales.

De los sectores, el gobierno corralista sólo pedía donativos todos los días -nunca se les convido a la toma de decisiones-, ante la incapacidad para hacer frente a las necesidades, cubrebocas, trajes desechables, ventiladores, que se recibieron por decenas e incluso miles. Muchos de ellos lógicamente se consumieron, pero del resto no hay pista alguna.

Se hizo gran aspaviento de las reconversiones y adquisición de equipos para fortalecer el área Covid, y ahora resulta que las camas dedicadas específicamente a la pandemia son casi las mismas que se tenían al principio para atender las Infecciones Respiratorias Agudas Graves, las denominadas IRAG.

Terminó colgada la Secretaría de Salud estatal de las camas Covid principalmente del Instituto Mexicano del Seguro Social, porque el Central y el Hospital General de Juárez poco crecieron y hoy por tanto lucen casi saturados.

En relación con el año pasado, el manejo político es aún más burdo en este 2021, porque no hay un solo anuncio de apoyos económicos. 

Los Héroes de la Salud siguen combatiendo en primera linea, cansados por una larga lucha, sin algún incentivo. 

Es más, son maltratados por la dirección infame y desastrosa del no médico, Eduardo “El Higadito” Fernández, líder hecho de cristal, que sólo le falta llorar en sus últimos mensajes, lejos de un auténtico líder. Llorar como teatro, desde luego. Es feliz acumulando dinero público en sus cuentas personales.

Hasta un estudiante de medicina del primer semestre podría desempeñar mucho mejor papel al de un ignorante de la medicina metido por decisión arbitraria de Corral a dirigir la crucial batalla.

Los últimos mensajes alarmistas de “El Higadito” con los supercierres, y el uso de imágenes de pacientes intubados, chocan con los anuncios de Hugo López Gatell, de un descenso en la enfermedad.

Los números por supuesto no cuadran ni en lo más mínimo y dramático, como son las defunciones. Aquí son decenas de muertos los anunciados en la última semana de manera ininterrumpida de manera diaria; pero en los datos Covid oficiales de la Secretaría de Salud Federal no llegan a un dígito, cinco, o seis a lo más.

¿Qué es lo que está pasando entonces?

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A finales de marzo, el Presidente de la República visitó Juárez. Uno de los anuncios más importantes fue que Chihuahua estaba próximo a llegar al semáforo verde.

Aquella ciudad fronteriza gozaba de amarillo tirando a verde y era señalada como un ejemplo ciudadano de responsabilidad frente a la movilidad y el distanciamiento social.

Sin embargo, unas semanas después todo cambió. Se encendieron las alarmas y toda la entidad pasó no sólo al naranja, sino que se ordenaron los supercierres de dos fines de semana seguidos.

Es incomprensible para los ciudadanos, empresarios; para todo mundo, cómo es que se juega con los anuncios de esa manera, cuando se supone que la autoridad estatal y la federal parten de la misma información.

La respuesta se encuentra en la incapacidad para el manejo por parte del Secretario de Salud estatal y del gobernador mismo, atrapados en su ausencia de conocimiento técnico y sus prioridades políticas.

Se dijo hace semanas y meses, en los mismos programas de redes sociales producidos por el gobierno del estado, que las actualizaciones en defunciones y confirmados no corresponden a la fecha del día en que se informan.

Pese a ello, los datos son tomados para generar alarma y tomar decisiones. Los boletines presentan las defunciones y casos confirmados como si correspondieran al día en que se informan, y por supuesto, los medios de comunicación reproducen el dato.

Son esos comunicados de prensa ejemplo claro de amarillismo. 

“En el último reporte epidemiológico COVID-19 la Secretaría de Salud confirmó un total general de 64 mil 371 casos, con 311 nuevos positivos, así como un acumulado de 6 mil 653 personas fallecidas, con 58 más en la entidad”.

“El reporte del 29 de abril muestra que 32 de las nuevas defunciones corresponden a Juárez, 17 a Chihuahua, 2 a Ascensión y una a cada uno de los municipios de Delicias, Parral, Nuevo Casas Grandes, Meoqui, Jiménez, Rosales y Madera”.

Estos son los dos primeros párrafos del comunicado emitido el 29 de abril. Su cabezal es aún más alarmante: “Mueren 58 personas y 311 más se contagian de COVID-19 en el estado”.

Pero resulta que los datos que arroja la página elaborada en conjunto por la Secretaría de Salud Federal con el Conacyt, son totalmente contrarios.

En cuanto a contagios, el 29 de abril se informó a nivel federal de 38 nuevos casos, pero a nivel estatal el dato es de 311. Un día antes, el 28 de abril, el dato federal es de 106 casos y a nivel estatal es de 258.

Lo mismo ocurre con las defunciones. El 29 de abril fueron cuatro las reportadas a nivel federal y a nivel estatal 58. 24 horas antes, a nivel federal se informó de 7 personas fallecidas y a nivel estatal 48.

Hay un evidente juego de cifras, que manda un mensaje diferente.

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La irrupción atropellada el viernes pasado del Secretario de Salud tratando de regañar a los candidatos tiene qué ver con el protagonismo de Corral por incidir en la contienda, pese al contexto tan complicado que se vive.

Lo terrible es que está utilizando el pretexto del Covid, para tratar de desactivar, ya no solo a Maru Campos, sino todo el proyecto panista en Chihuahua. Se trata de generar caos y sacarlos de la calle y del contacto ciudadano.

En lugar de estar dedicado a buscar recursos económicos y apoyos urgentes para los trabajadores desempleados y sus familias; en lugar de reforzar el número de camas Covid y apoyar con bonos a los héroes de la salud; en lugar de todo eso y más, sale Eduardo Fernández por órdenes de su jefe con un mensaje fuera de toda pulcritud política.

En el colmo, alarmado y con miedo. Es un patiño utilizado políticamente para satisfacer fines egoístas del gobernador.