Opinion
Álter Ego

Un sistema de transporte colapsado

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Rafael Soto Baylón

miércoles, 02 septiembre 2020 | 05:00

Las implicaciones de la pandemia son prácticamente infinitas. Ha lesionado claramente la salud y provocado la muerte de miles de personas. La crisis económica todavía no manifiesta sus más funestas consecuencias. Las relaciones sociales han sido afectadas. 

Los empleados son escasos y más mal pagados que antes. La niñez, adolescentes, jóvenes, adultos y adultos mayores se han visto afectados en lo emocional, sentimental, financiero, frustración y más. El presente y el futuro mediato e inmediato se vive y se presagia prácticamente sin esperanzas de recuperación económica, emocional, laboral, de relaciones humanas y un larguísimo etcétera a un corto plazo.

El cambio del color de los semáforos daba cierta esperanza. Algunos sectores laborales –llamados esenciales- no cerraron y poco a poco otros fueron considerados tales y abrieron, con restricciones, pero lo hicieron. Los gobiernos dieron pasos en la completa oscuridad y para hacerlo más lo complicaron cerrando los oídos y ahogaron el sentido común. 

En una administración de ocurrencias dictaminaron que sólo dos personas adultas podrían viajar en un vehículo aunque éste tuviese doce lugares. Y vamos al punto central: los camiones deberían transportar sólo el cincuenta por ciento de su capacidad. Para cumplir ese objetivo el número de autobuses debería incrementarse un cien por ciento. Pero no es posible. Luego basados en estas disposiciones el Sistema de Transporte Público Colectivo Urbano los policías viales multan a los choferes que no respetan el máximo de usuarios ordenado y lo inaudito ¡retiraron autobuses! Y pregunto ¿a quién castigaron?, ¿a los usuarios?, ¿a los concesionarios?

Ojalá quienes laboran en Vivebús o… cómo se llama… ah, sí, Bowi, deberían subirse a una unidad y laborar disfrazados de choferes es decir, mal vestidos, con música banda o hip hop o rap a todo volumen. Platicando -mientras manejan- con su teléfono celular y todo eso. Contar escrupulosamente a los pasajeros que suben y   bajan. Si una familia de cinco personas el de mero atrás sobrepasa el cupo permitido, entonces que el último –el nieto, el hijo o la abuelita- espere el siguiente camión. Tenga listos los guantes de box para liarse a golpes con quienes no los convence la idea de esperar al otro autobús y se suben por la fuerza porque –como lo esperamos con toda el alma- está lloviendo o granizando. También obliguen a que usen tapabocas a como dé lugar aunque tenga que colocárselas a la fuerza. Dar órdenes desde un escritorio es fácil, cumplirlas es muy complicado.

Y entonces me pregunto ¿no había opciones? Ya sabemos que incrementar los camiones es… imposible. Pero desde hace años la capacitación de los camioneros ha sido letra muerta. Tampoco son culpables de que no los hayan llamado. No se les instruye sobre relaciones humanas, urbanidad, respeto al próximo, obediencia de las reglas, primero auxilios, manejo defensivo y más y ahora la autoridad quiere que por arte de magia lo aprendan. Menos aún el gobierno se le ocurrió la elemental regla de que las empresas públicas y privadas escalonaran horarios de entrada y salida: tú entras a las siete, tú a las ocho, tú a las nueve, tú a las diez. Igual con las horas de salida. Y así no se provocarían las famosas horas pico. 

Evidentemente el sistema de transporte colectivo urbano en Chihuahua no es malo. Sólo que está mal planeado, mal diseñado, mal dirigido. No tiene ideas claras. Muchísimos vehículos están en pésimo estado, son contaminantes y sus condiciones mecánicas poco deseables. El pulpo camionero siempre se sale con la suya y en cuanto estemos en semáforo amarillo volveremos al tema del incremento al precio del pasaje. Efectivamente no es malo, es pésimo.

Mi álter ego acostumbraba presenciar los informes presidenciales… me atreví a escuchar los larguísimos monólogos de Luis Echeverría,  vi cuando José López Portillo lloró y estatizó la banca. Las interpelaciones a Miguel de la Madrid. Los abucheos a otros ahora expresidentes. Pero en los tiempos actuales ya no lo hago ¿para qué? Todos los días el presidente informa lo que hizo y lo que no hizo, lo que cree y lo que no cree y ocurrencias al por mayor.