Opinion

Una fiesta que terminó mal

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Gabriela Borunda

domingo, 21 febrero 2021 | 05:00

Sí, soy mocha con el consumo de alcohol y qué, aprendí en migraña propia y ajena, en peligro propio y ajeno, que no importa cuántos discursos igualitarios lancen las feministas, la masa corporal no va a cambiar igual que el hecho de que nuestros tejidos pierden más  agua que es sustituida por alcohol generando más rápido la intoxicación etílica y daños a los tejidos que en un hombre, en eso no hay igualdad.

El problema se agrava porque si el caído en plena fiesta es un tal Fernando, los compas salen como locos a darle suerito y regresarlo a casa de su mamá, pero si la caída es Andrea, y como fue voluntariamente a acostarse en la cama mientras se le pasaba el mareo y perdió el sentido, todos los varones de la fiesta se toman la libertad de interpretar que fue a la cama porque quería sexo.

No es una violación tumultuaria, es una fiesta que terminó mal y es un pecado genérico intercambiable. El problema con este tipo de violaciones es tan grande que la propia víctima no entiende que ella no tiene la culpa de nada y que fue víctima de violación múltiple. La víctima cree el discurso social, que andaba de puta tomando con unos viejos con los que se acostó. Pero ella estaba intoxicada debía ser llevada a urgencias de un hospital, no violada.

Qué tal si me ahorro el nombre de la escuela y les cuento una de esas experiencias que me hicieron pensar –Qué bueno que soy chola de la Revo y no le tengo miedo a los riscos. Pues resulta y resalta que los chavalos tuvieron libres las últimas horas de la jornada, hicieron su coperacha, el fifí de la clase puso el carro, buscaron un lugar descampado y a pistear, hasta aquí no hay nada escandaloso, beber cerveza o helicopterito en grupo es parte de los rituales adolescentes de crecer y crear amistades que luego los acompañaran en su vida laboral. El problema estuvo en que eran cinco varones y una señorita, que por cierto no bebía ni rompope, la chica se quedó más dormida que la bella durmiente; cuatro de sus presuntos amigos la violaron, al quinto se le bajó la borrachera, se fastidió, la vistió y la dejó en su casa.

Ahí fue donde ardió Troya, porque el joven le contó a su novia lo que había pasado y ella les contó los hechos a las novias de los otros cuatro delincuentes. Los violadores argumentaban a sus novias que ellos no les habían faltado el respeto, lo que pasa es que la otra se puso de modo; cuando las chicas les cuestionaban porqué el otro no la había violado, por pendejo, contestaban los violadores. 

Todo esto pasaba en el mundo de esos adolescentes sin que ningún adulto se dignará tomar los rumores en serio. Al final las jóvenes terminaron con sus novios delincuenciales y me llevaron a la chica para que hablara con ella y la ayudara -porque los alumnos creen que los maestros lo sabemos todo-, la acompañé a poner una denuncia y a sacar una cita con un psicólogo, no supe más, es el mundo de nuestras jóvenes, peligroso, ultrajante, donde pueden perder la vida en cualquier momento, y hasta sus compañeras pueden terminar echando la culpa a las fiestas.

En este contexto de violencia contra las mujeres, urge que hombres como Salgado Macedonio demuestren su inocencia. Salgado Macedonio está en todo su derecho de aspirar a la gubernatura de Guerrero, como Maru Campos tiene derecho a contender a la gubernatura de Chihuahua, ninguno ha sido condenado en juicio, y personalmente creo que Salgado es inocente, y si las acusaciones son falsas, ello debe quedar claro ante las autoridades. Seis años se van volando, si el candidato dirime este asunto ante la justicia, estará dando un buen ejemplo a toda la sociedad. Las denuncias de violación no deben ser tratadas con frivolidad, y si, además, como creo, es declarado inocente, en la siguiente elección a gobernador llegará como un ángel a sentarse en la silla de la gubernatura. Tiene derecho a seguir adelante con la contienda, pero aún en caso de ganar, su gubernatura estará claramente empañada. Todos los gobernadores tienen cola que les pisen, pero hay de colas a colas, como ésta de tener dos acusaciones por delitos infamantes, una por abuso y otra por violación.

La primera denuncia contra Félix Salgado Macedonio es un asunto de si le creemos o no la víctima, porque ella alude que fue víctima de abuso –no violación- hace 22 años, por lo que de ser cierto lo que ella dice, el delito ya prescribió y esa es la razón por la cual las autoridades no le dieron seguimiento, está en la ley, no hubo ningún truco del candidato ni soborno a las autoridades. Por otro lado, Félix Salgado Macedonio ha tratado de ser gobernador en dos ocasiones anteriores, pero sólo en esta coyuntura se le ocurrió denunciar, cuando la acción penal por el delito ya había prescrito ¿Por qué no lo denunció en el proceso político de 1999?

La segunda denuncia contra Félix Salgado Macedonio es por el presunto delito de violación, cometido en 2016 en Acapulco, la carpeta ha permanecido en archivo porque no hay manera de probar lo que en ella se denuncia, sin embargo, ante la avalancha política la FGE de Guerrero retomó la carpeta, esperemos por el bien de todos que ahora si hagan su tarea porque ni el Candidato es mitad violador, ni la presunta víctima es mitad violada, así que no se admiten mitades de justicia.

No es que no me ofenda la falta de justicia para las mujeres, pero cuando hay intereses políticos la justicia sale perdiendo, tengo por defecto una excelente memoria y todavía recuerdo cuando Pavel Aguilar, líder del PRD local, fue acusado de violar a la sobrina de la diputada perredista Hortensia Aragón, y recuerdo que el elemento probatorio de la violación fue una llamada telefónica, no fue un examen médico, no fueron los golpes, la ropa desgarrada, fue una llamada telefónica.

El primer interesado en que se haga justicia, completita, y se desempolve el expediente debe ser el propio Félix Salgado Macedonio y remontar a la gubernatura el próximo sexenio habiendo dado una lección  de política y cuentas claras.