Opinion

Una impúdica confesión post-electoral

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Gerardo Cortinas Murra

lunes, 19 julio 2021 | 05:00

El día de ayer, esta casa editorial publicó la colaboración editorial del excandidato a Gobernador de Morena, Juan Carlos Loera (JCL), mediante la cual reitera su ‘agradecimiento’ a los más de 445 mil chihuahuenses que apoyaron su candidatura; la cual califica como “una victoria política y moral ya que fue limpia, propositiva y apegada a las reglas electorales”. 

Por desgracia, este ‘agradecimiento de corazón’ al electorado que votó por él, se ve mancillado por una serie de reproches a la candidata panista; reproches propios de una persona carente de sensibilidad política. Acreditémoslo:

JCL asume el papel de eterno candidato (émulo de AMLO) al afirmar que “a tres años de la gran victoria del Pueblo de México, en Chihuahua, los ideales de la Cuarta Transformación se consolidan como la opción de cambio verdadero”. 

Como candidato de Morena, sostiene que realizó “una campaña cercana a la gente, priorizando los recorridos por todo el estado, particularmente en aquellas regiones en las que hay mayores condiciones de vulnerabilidad… Uno de nuestros objetivos es concientizar a la población sobre la importancia que reviste el vivir dentro de un entorno pacífico para construir un verdadero estado de Bienestar”.

Paralelo a este agradecimiento público, JCL se duele de que “a la derecha panista le fue necesario hacer todo tipo de alianzas (hasta con sus verdugos) para sostener lo que se avizora como el regreso del duartismo”. 

“La sinceridad de nuestra campaña no tuvo paralelo; la apuesta no fue por aire, ni con frivolidades avaladas por los medios de comunicación, mucho menos con guerra sucia… Como nunca antes, logramos organizar una estructura para la defensa del voto con abogados y miles de voluntarios (sic) que dedicaron su tiempo para representarnos en los centros de votación”.

“Gracias a ellos, se ha podido comprobar un cúmulo de irregularidades que demuestran lo inequitativo que fue esta contienda, (entre ellas) la descarada lentitud premeditada en la apertura de las casillas donde Morena tiene mayoritariamente su base social, la ilegal intromisión de poderes fácticos, así como el inaudito gasto de campaña por la candidata del PAN”.

“El enorme mosaico de violaciones a la ley electoral estuvo sustentado principalmente en la mentira y el dinero para desprestigiar nuestro movimiento… La degradación de la derecha fue tal, que contra la histórica lucha por la democracia de muchos panistas que durante toda su vida establecieron una propuesta antagónica al PRI, ahora tuvieron que aliarse bajo el manto protector de la hipocresía y los ilícitos privilegios para evitar el arribo de la verdadera democracia”. 

Aprovechado la ocasión, el émulo chihuahuense de AMLO se autoproclama como el eterno candidato de Morena en Chihuahua, cuando afirma que “un gobierno austero significa honestidad y respeto a los gobernados, la separación del poder político del poder económico es una premisa de la democracia y que en Chihuahua el Pueblo Mande, éstas seguirán siendo nuestras causas… Por ello, la lucha por la profunda transformación de Chihuahua está viva y seguiremos caminando de la mano del Pueblo”.  

Aún sin digerir su rotundo fracaso electoral, resulta evidente que tendremos JCL para rato: “La búsqueda en este sendero para materializar los sueños de los chihuahuenses no ha sido relegada ni claudicada; el ánimo para continuar en la ruta de la lucha política está de pie. Es nuestro deber propiciar la justicia desde cualquier trinchera”. 

Por desgracia, el CEN de Morena está plagado de gente corrupta y falaz. Tan cierto es, que las candidaturas de JCL y de Cruz Pérez Cuellar (CPC) son producto de infames artimañas políticas. 

Si JCL y CPC fueran en realidad personas honorables, yo les pediría lo que los corruptos magistrados del TEE y del TEPJF le negaron a los militantes morenos: Que me muestren los resultados de las encuestas por las que, supuestamente, resultaron designados como candidatos.