Opinion
De política y cosas peores

Una tempestad en un vaso de agua

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Catón

martes, 25 mayo 2021 | 05:00

Ciudad de México.- Un voto por Morena es un voto contra México. El mar con todos sus pescaditos se le vino encima al secretario de Marina a causa de la declaración que hizo en el sentido de que en el Poder Judicial ve a un enemigo, pues algunos delincuentes capturados por los marinos con grandes trabajos, y aun a veces con riesgo de su vida, obtienen luego su libertad en forma rápida por sentencia de los encargados de juzgarlos. Si bien fue poco afortunado el uso del término "enemigo", propio del lenguaje militar, pienso que la razón asiste al almirante Ojeda. En efecto, debe ser frustrante empeñarse en la lucha contra los criminales y ver luego que éstos quedan sin castigo por una falla en el debido proceso. A veces, ciertamente, los militares y marinos ponen la fuerza por encima de la ley. Han de reconocer, empero, que los jueces deben poner la ley por encima de la fuerza. En ese contexto también tiene razón el ministro Zaldívar cuando ante la declaración del secretario sale en defensa de los juzgadores y del sistema de justicia en general. Las normas del procedimiento deben aplicarse rigurosamente para la protección de los ciudadanos, incluso de aquéllos que han infringido la ley. Se trata de evitar que el Estado vulnere las garantías y derechos del individuo. Y ese principio ampara lo mismo a los hombres de bien que a los hampones. No hagamos de este incidente una tempestad en un vaso de agua, y menos cuando el protagonista del caso es un marino. Estoy seguro de que no nos hallamos en presencia de un acto hostil del militarismo en contra la autoridad civil. Igual certidumbre tengo en lo relativo a la lealtad que guardan las Fuerzas Armadas a la Constitución y a las instituciones que de ella han emanado. A ellas, a las instituciones y a la Constitución -vale decir a la Patria-, se debe esa lealtad, no a un hombre, por poderoso que sea. De esa lealtad, honrosa tradición de los soldados y marinos de México, estoy absolutamente seguro. Un galano soneto dedicó don Francisco Bernal al rico menudo sonorense. La primera cuarteta de esa pequeña joya literaria dice así: "Oh menudo sabroso, te saludo / en esta alegre y refrescante aurora / en que reclamo alientos, pues es la hora / en que tú estás cocido y yo estoy crudo". Sucedió que don Languidio y su esposa fueron a almorzar en la fonda Memás, y el decaído señor pidió menudo. Hizo un movimiento en falso y el plato con el humeante guiso le cayó en la entrepierna. La señora se alegró al ver aquello. Explicó su júbilo: "Dicen que este menudo levanta muertos". Era ya de noche y llovía copiosamente cuando aquel viajero extravió el rumbo. Vio a lo lejos una luz y caminó hacia ella. Resultó ser la casa de un labrador adinerado. El hombre lo invitó a pasar y a disfrutar la cena que en ese momento servía su hija, garrida moza de agraciado rostro y redondeadas formas que se adivinaban bajo la repleta blusa y la ajustada saya. Terminado el condumio el  labrador llevó al viajero a su habitación. El hombre se metió en la cama, pero no podía conciliar el sueño pensando en la incitante hermosura de la joven. En eso se abrió la puerta del cuarto y entró ella con pasos tácitos, iluminada apenas por la vela que llevaba en una palmatoria. Al punto el viajero se enderezó en el lecho. La zagala le preguntó en voz baja: "¿Se siente solo?".  "¡Sí!" -exclamó con ansiedad el huésped. "¿Le gustaría tener compañía?". "¡Sí, sí!" -afirmó, vehemente, el erizado tipo. Inquirió la joven: "¿Tiene sitio en la cama?". "¡Sí, sí, sí!" -profirió el hombre al tiempo que hacía a un lado la sábana y la colcha. "Qué bueno -dijo entonces la muchacha-, porque acaba de llegar otro viajero". FIN.

         MIRADOR.

                   Por Armando FUENTES AGUIRRE.

         Este amigo mío no cree en el más allá. 

         -Y a veces también dudo del más acá -declara.

         Le pregunto:

         -¿Qué hay, entonces, después de la muerte?

         Con una palabra me responde:

         -Nada. 

         Yo le expreso mi convicción de que la muerte no existe, que es una puerta que se abre a nueva vida. Trato de convencerlo con sonoras frases: "Una mariposa es una oruga que creyó que iba a morir".

         Mi amigo, sin embargo, es un irreductible escéptico. Le digo:

         -Allá tú con tu escepticismo.

         Y él me dice:

         -Allá tú con tu fe. 

         Este amigo mío siempre me deja pensando. ¿Se confirmará mi fe al morir? 

         No lo sé. 

         Pero sí sé que esa fe me ayuda a vivir.

         ¡Hasta mañana!...

MANGANITAS.

Por AFA.

". En tiempo de elecciones son ilícitas las 'mañaneras' de AMLO.".

           No sé si estén prohibidas, 

y hasta fuera de lugar.

Lo que sí puedo afirmar

es que son muy aburridas.å