Opinion

Vacunación ideológica

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Arturo García Portillo

viernes, 16 julio 2021 | 05:00

Según datos de las autoridades federales, al momento hemos sido vacunados poco más de 20 millones con dosis completa; la sexta parte respecto de la población total del país y casi una tercera respecto de mayores de 18 años. Más otros 15 con primera dosis. ¿Esto está bien, mal o regular?

Para muchos en Chihuahua la pesadilla de la pandemia ya pasó y andan como dicen que anda un tal “Pedro por su casa”, pero por toda la ciudad en todo tipo de reuniones, pequeñas y grandes. En otras partes en cambio están inmersos en la ya reconocida “tercera ola” de contagios y sufren las consecuencias, incluso con el asedio de variantes más agresivas, como la ya célebre delta. 

El debate sobre el manejo de la crisis sanitaria a la que nos hemos enfrentado, y puesto en acción de las autoridades federal, estatales y municipales, como es lógico ha sido polémico por decir lo menos, y justo lo que menos tiene es un carácter científico, pues ha prevalecido, como casi todo lo que ocurre en el ámbito de los gobiernos de México, un fuerte sesgo por motivos ideológicos y propagandísticos. Sintéticamente, se ha politizado. 

Sobre el presidente de la República y colaboradores se ceba el señalamiento de no actuar a tiempo, de minimizar la crisis pensando que, de ese modo, declarativo exclusivamente, por decreto o efecto de un acto de magia, el problema se haría pequeño y luego extinguiría. En tiempos de comunicación intensiva, quedan registrados los momentos en que López Obrador dijo que “domamos la pandemia”, cuando la serie estadística no hacía sino elevar sus cotas. Desde antes de la primera oleada lo decía y ya vamos por la tercera. 

Aprovechó además para ensalzarse por la manera de enfrentarla y se propuso aun sacarle raja política, pues, caída del cielo (según sus palabras), le permitía ostentar las virtudes de las que se cree adornado. No dudaron en hacerle eco y magnificarlo sus corifeos, abundantes como renacuajos en los charcos de tiempo de lluvias, sobre todo en las redes sociales, debido al conflicto con medios de comunicación de largo arraigo. 

Figuras centrales de todo esto han sido dos personajes polémicos. El secretario de salud Jorge Alcocer, destacado en realidad por su ausencia. Un “florero” del gabinete, le dirán los malquerientes, no pocos, por cierto. Y por otro lado Hugo López Gatell, que se proyectó, el sí, como figura mediática, también con yerros, aunque logró centralizar la información del tema, una estrategia acertada. A López Gatell por cierto, funcionario en el gobierno de Felipe Calderón, lo vetaron entonces para hacer el mismo trabajo que le dieron ahora, cuando ocurrió la crisis de la influenza A(H1N1). Por ser demasiado protagonista. 

Por un sendero paralelo al de la salud propiamente dicha, están las acciones para paliar los efectos. Desde el inicio, López Obrador se negó sistemáticamente a destinar recursos para mantener a flote, o salvar, el sistema productivo. Aquí empiezan a asomar las primeras señales del manejo ideológico de todo esto. Es su convicción no apoyar a los empresarios. Sin distinguir que la gran mayoría de ellos, los que dan el empleo a la gran mayoría de la población, son unidades micro, pequeñas y medianas. Buena parte de esta responsabilidad fue derivada expresamente hacia estados y municipios, y estos, con sus maltrechas finanzas, hicieron lo que se pudo, casi siempre poco. Estrategia que contrasta abismalmente con la seguida por economías desarrolladas en que han dedicado cantidades enormes a salvarlas. 

La otra línea, ahora sí en los terrenos sanitarios, ha sido en los modos de contener los contagios primero, y en la vacunación luego. Tengo muy presente la imagen de López Obrador recibiendo a la vicepresidenta de Estados Unidos, Kamala Harris, en el Palacio Nacional. Ella con un cubrebocas negro, nuestro presidente totalmente descubierto. Siempre ha sido así con él. Las reglas son para otros. Es muy desasosegante que la figura más visible del país no se ofrezca de ejemplo a los ciudadanos. La medida más simple y efectiva para abatir la tasa de contagio es con el uso de esta prenda. En un país en el que oficialmente hay menos de 3 millones de contagios, significa que hay 120 millones de personas que no han sido infectadas. Me queda claro que esta no es la estadística real, (otra crítica: el manejo de los números) pero de todos modos hay todavía un potencial enorme. 

El tema de las vacunas igual ha sido abordado con criterio ideológico y propagandístico. Se quisieron usar para impactar en el proceso electoral. Y decretaron cero intervención de iniciativa privada. Monopolio de compra y distribución. Por meses muchos empresarios han clamado por tener la oportunidad de conseguir vacunas para sus empleados. Pero no, nada que huela a iniciativa privada, nada de completar esfuerzos, y por ende que nadie se lleve créditos: el gobierno es el que salva, el que regala vacunas, el que dispensa el favor de la salud y de la vida. Sólo en México pasa esto.  

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