Opinion

Vámonos haciendo menos

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Gabriela Borunda

domingo, 29 agosto 2021 | 05:00

Supongo que a veces te disgusta la vida en tu pequeña, casa o que ya te aburriste de jugar al golf con el mismo gobernador, o maldices el hecho de que esta ciudad esté tan lejos de la playa. Confinados como personajes de una película futurista mientras corremos en nuestro blanquísimo cuarto de deporte, ves tu frecuencia cardiaca en la pantalla de plasma o peor aún, preparas la comida en una estufa que está a metro y medio de la mesa del comedor. Si eres madre, seguro la parte más divertida no es cambiar los pañales del nene que ya empieza a comer de todo.

A veces la madre naturaleza es una madrastra que nos cobra muy caro nuestros excesos, Stephen Hawking, decía que nuestro futuro estaba más allá del sistema solar, que era momento de iniciar la colonización de otros mundos como alternativa a la implacable destrucción de nuestro hábitat. Por su parte Carl Sagan llamaba desesperadamente a salvar nuestro medio ambiente.

Cuando la población de conejos aumenta demasiado para ser sustentable, se observa una conducta extraña, algunos de ellos buscaban un despeñadero o abismo y se lanzan, están salvando a su especie que ya ha crecido demasiado para ser sustentable; en las manadas de leones africanos, la abuela leona tiene un difícil deber, cuando no hay recursos suficientes en el entorno irá matando uno a uno a los cachorros más débiles. De hecho, hemos comprobado que cuando las poblaciones aumentan desmesuradamente, incluso las de humanos, lo individuos tienden a ser más violentos

Cuando hablamos de temas demográficos el asunto se pone difícil, porque la gente tiene el derecho de engendrar cuantos hijos le dé la gana, puede engendrar un kínder completo si así lo desea, pero aquí empieza el problema, esa persona ya llenó el kínder con sus propios hijos ¿A qué kínder irán los otros niños?

Nuestras decisiones individuales afectan el futuro de todos, hay países que se han tomado en serio la relación entre la producción de sus recursos y la población que puede ser atendida, pero en general los mexicanos no planeamos mucho nuestro futuro y con esas frase huecas y brutales de que “cada niño trae su torta” o “faltan niños pa´poblar este lugar” hemos convertido los hermosos manglares en condominios y las selvas en desiertos.

No estoy pensando en que atropellemos a los niños por el bien de la demografía, sigo esperando que algún presidente o gobernador valiente retome los programas públicos de planeación demográfica, y es que es muy difícil decirle a un mexicano que planee su futuro familiar, sus posibilidades de desarrollo y los hijos que quiere tener, porque con una caguama en la mano dirá que eso no le incumbe al gobierno, que al cabo que él mantiene a sus chamacos – habrá que ver cómo los mantiene.

Desde los setentas el excomulgado personal médico que se dedicó a fomentar y aplicar la planificación familiar en México, enseñó a los mexicanos que una relación sexual no es el momento y ya, sino la creación de una futura familia, su desarrollo y aportación a la sociedad; nos enseñó que ahí estaban todos los métodos anticonceptivos, hoy hasta con 25% de descuento los lunes, y desde hace poco más de una década tenemos la pastilla de un día después.

Pero después de tres sexenios de abandono de los programas intensivos de política demográfica, el presidente o gobernador que se atreva a reactivar un programa de planificación familiar o salud reproductiva, se ganará la animadversión de una buena parte de los votantes.

Después de la Segunda Guerra Mundial un grupo de damas de la caridad en Inglaterra tocó a la puerta Sir Winston Churchill para pedirle su ropa vieja como donativo para los desamparados. Sir Winston Churchill respondió que eso no sería posible porque su ropa vieja la traía puesta.

Sólo un 2.5% del agua de la Tierra es agua dulce y sólo un 0.3% es accesible para los humanos. Esto es equivalente al 0.01% del agua de la Tierra. De esta fracción tan pequeñita, el 70% se destina a irrigación, el 22% va a uso industrial y el 8% la destinamos a uso doméstico y el resto, lo que funcionarios se quieran llevar.

Para la producción de un kilo de algodón se necesitan alrededor de 2,700 litros de agua y aproximadamente entre 9 y 11 mil para un par de jeans. Por cada kilogramo de textiles se utilizan 600 litros de agua y se dice que la industria textil es la responsable del 20% del agua contaminada del mundo, aun así, nos sigue pareciendo vergonzoso usar nuestra misma ropa hasta que esta dejé de ser útil, bendito Churchill que con todo su prestigio le dio un ejemplo al mundo.

Me siento extraña con mi viejo móvil, cuando pasó frente a una persona casi indigente que posee un Smartphone de última generación, y es que cada uno de nosotros genera 20 kilos de basura electrónica por año, esa que no se ve y sobre cuyo destino no nos hacemos preguntas. Así como hay rellenos sanitarios, hay tiraderos electrónicos en cinco países africanos, (Nigeria, Ghana, Costa de Marfil, la República de Benin y Liberia) los más pobres, que alquilan su territorio para recibir nuestra terrorífica y contaminante basura y respiran nuestro veneno, esos territorios no volverán a ser fértiles jamás.

Si usted es de los que cree que el VIH es culpa de los gays y el Covid-19 es culpa de los chinos, mejor agarre el cacho de culpa que le toca, porque la forma desmesurada en que crece nuestra población y nuestros hábitos de consumo, ha causado pandemias, desastres ecológicos y hasta desastres atómicos.

La estabilidad mundial que apareció después de la Segunda Guerra Mundial le hizo creer a una generación que todo estaba hecho y no quedaban retos por delante, estábamos frente al fin de la historia, y en países como México la cifra de hijos iba de 7 a 12, todos bajo la custodia del mayor, que debía renunciar a su infancia para cuidar a sus hermanos menores, aquí viene el reto de la transición demográfica: planificar. Porque una súbita bajada poblacional podría desde ralentizar la economía hasta dejar en el abandonó a los ancianos.

Por otro lado, creo que Sagan tenía la razón, es momento de salvar nuestro planeta, porque la idea de Hawking de vivir en un cubículo de 10 metros; no poder salir a correr; aventar por un tubo nuestros pañales de astronauta, que se irán acumulando como basura en nuestro nuevo planeta no es ninguna solución, y esta patética idea de dormir en capsulita sería seguramente para los ricos, que después de destruir nuestro planeta con sus empresas, quedarían atrapados en sus jaulas estelares. Los pobres a respirar azufre.

Por el bien de todos vámonos haciendo menos y consumiendo menos.