Opinion

¡Vamos Pachuco!

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Iván González Ibarra

jueves, 26 agosto 2021 | 05:00

En la frontera entre Ciudad Juárez y El Paso han surgido tradiciones y culturas que nos unen en las formas de pensar, hacer y entender el espacio común. La frontera o “el border” es un lugar que se impone violentamente sobre aquellos que la transitan y sobre quienes lo habitamos. Características como el idioma, la vestimenta, la comida, las costumbres y las celebraciones han sido asimiladas de distinta manera a través del tiempo.

Una de las subculturas que aún hoy perviven en ambas ciudades es la de los “pachucos” y “pachucas”, hombres y mujeres de ascendencia mexicana que trabajaban o vivían en el suroeste norteamericano durante la década de 1940. Estos grupos de mexicano-americanos asimilaron y resistieron el espacio público con su vestimenta y la forma de expresarse. En Juárez hemos honrado en distintos momentos a la figura del “Pachuco de Oro” “Tin Tan” con dos esculturas que se encuentran en el Centro de la ciudad. Germán Valdés fue uno de los mayores exponentes de esa subcultura en México y en nuestra frontera.

Ahora bien ¿cómo surge este movimiento cultural en nuestra región y qué hemos heredado de su particular forma de expresarse? Si bien el origen de la palabra “pachuco” no está del todo claro, diversas fuentes señalan que surgió en el argot lingüístico que utilizaban estos jóvenes, y que combinaba palabras de ambos idiomas o neologismos creados con base en su propio imaginario. Quizá la explicación más acertada de cómo surgió el término “pachuco” es la que integra a la expresión “¡vamos para el Chuco!”, en referencia a ir a El Paso, Texas (el Chuco), así, “Vamos para el Chuco” se convirtió poco a poco en “¡Vamos Pachuco!”.

En ese amplio espectro de vocablos surgidos o heredados de esta particular cultura, las y los juarenses utilizamos —de manera consciente o inconsciente— muchas palabras que hoy forman parte de nuestro capital cultural fronterizo. Vocablos o expresiones como “¡watcha!” (¡mira!), “bote” (cárcel), “¡ponte trucha!” (mantente alerta), “vato” (hombre), “morra o ruca” (mujer, novia) son utilizadas de manera cotidiana, algunas de esas palabras pudiesen resultar ofensivas o extrañas para quienes no crecieron en esta región.

Otra singular característica del movimiento “pachuco” era su forma de vestir que incluía un traje extravagante conocido como “zoot suit”, un conjunto que se integraba por pantalones con un tiro exageradamente largo, abombados en las caderas y estrechos en los tobillos, en lugar de cinto se utilizaban tirantes. El traje era de solapas y hombros anchos y se le unían una cadena larga y un sombrero de ala ancha que por lo regular llevaba una pluma al costado. El mayor detalle lo brindaban los zapatos bicolor y una camisa de cuello amplio.

Cada prenda de su indumentaria tiene un nombre creado por los propios pachucos y claro, muchas de esas palabras las utilizaban nuestros abuelos y tíos como aún lo hacemos nosotros hoy en día. Al saco le decían “tacuche”, a la camisa “lima”, a los zapatos “calcos” y al sombrero “tanto”. Quizá lo que hacía lucir más el traje era el porte atrevido y cadencioso que demostraban en su destreza para bailar mambo. Hoy en día podemos admirar sus movimientos y su folclor en muchos de los aficionados a esta cultura que ofrecen su espectáculo en el Centro de la ciudad.

La subcultura del pachuco fue el antecedente de la amplia cultura chicana que existe hoy en día. La construcción de esas tradiciones y costumbres nos une en un circuito cultural que integra a la frontera de Ciudad Juárez-El Paso con Los Ángeles y otras ciudades del suroeste norteamericano. ¿Qué otros detalles de la cultura de los pachucos recuerda?