Opinion

Van por la fase 3 sin ningún cuidado

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La Columna de El Diario

domingo, 29 marzo 2020 | 05:00

El gobierno público limitó ayer toda su acción e información al ámbito de lo privado. Llevó a cabo acciones hacia la ominosa fase 3 del coronavirus sin más presencia en los preparativos que el gobernador, Javier Corral, algunos de sus colaboradores y funcionarios federales. Ningún otro nivel de autoridad por el estado ni representante de la sociedad civil en ninguno de sus ámbitos.

No puede detenerse ya dicha declaratoria. Si la fase 2 se tardó, la 3 debe ser expedita, con las medidas aún más drásticas, pero aprovechando el momento del aislamiento social ya prescrito, y en el cual toda la sociedad está inmersa.

Se resienten ya con grandes sonidos los primeros efectos de la segunda pandemia, la económica. La sociedad entera, en particular aquellos que viven al día; el sector privado con sus enormes pérdidas, y los ayuntamientos en primera línea con verdadero apretón de cinturón como respuesta. Chihuahua y Juárez son ejemplo.

Cientos de miles de personas cumplen la primera semana en casa, muchos de ellos no salen siquiera al asomo de ventana. Las calles lucen solas y los comercios, con sus excepciones, están desiertos. Es filme apocalíptico en tiempo presente y basado en la realidad.

El personal médico se capacita a distancia en las medidas de detección oportuna del padecimiento y las recomendaciones específicas de atención para evitar la mortalidad.

Hay sin duda propósito firme de reducir los efectos del nuevo fenómeno epidemiológico que en otros lugares ha sido devastador, y donde se cuentan por miles los muertos. Incluso los funerales han sido proscritos.

Por desgracia no todo es uniforme en el estado, aparte de limitar a lo privado acciones del Gobierno estatal, las mismas se ven oscurecidas por el irresponsable manejo en particular del propio Palacio de Gobierno.

En lugar de utilizar las tecnologías para tener comunicación con el centro del país, principal bastión del Covid-19, el gobernador Corral trepó al Citation y en dos horas y media estaba ya sentado haciendo antesala en tres o cuatro distintas oficinas de la Ciudad de México. No es cuento, eso ocurrió esta semana.

Y el colmo, ayer mismo subió a un camión a decenas de funcionarios en un viaje de Chihuahua a Delicias para supervisar el hospital del ISSSTE que será habilitado exclusivamente para atender a los afectados por la pandemia. Poco menos de una hora de ida y otra de vuelta de exposición. Las fotos en versiones digital e impresa.

Ahí iban hechos bola como se dice coloquialmente, respirando el mismo aire reciclado, todos expuestos al bicho en una auténtica y extraordinaria paradoja, al estilo Stephen King. 

Irónico y trágico, porque Corral no se sube al camión más que en contadas ocasiones. Puro avión y helicóptero. Se le ocurre hacerlo en estas condiciones de emergencia sanitaria. 

Varios de sus funcionarios en ese mismo vehículo anduvieron desde fines del 2019 y principios de este año por Europa. En primera fila se observa al exsubsecretario de Economía, Jesús Mesta Fitzmaurice, ahora coordinador del gabinete.

De nada sirve que todos los chihuahuenses hagan sacrificios en el presente y durante las próximas semanas, si su “líder” es quien sigue paseándose e ignorando las medidas de distanciamiento social, extraradicales, que él mismo firmó, y que son una violación flagrante del decreto federal dictado por Andrés Manuel López Obrador en su calidad de cabeza del Consejo Nacional de Salubridad.

Él y sus acompañantes son vectores indudables del coronavirus.

 Cualquier persona que arriba de México y llega al aeropuerto de Chihuahua, recibe recomendación de confinamiento catorcenal. Pero Corral deambula. Ufano, va a Palacio de Gobierno, se reúne con el gabinete y otros funcionarios, y ellos a su vez con otros, van al supermercado, con sus familias. Etcétera. 

Parece de paranoia, pero no lo es. Es un asunto demasiado serio. El jefe del Gobierno estatal debería ser el primero en mostrar un mínimo respeto por las normas impuestas con motivo de la contingencia. Otros que han asumido sus conductas han terminado con el padecimiento y para colmo, lo han propalado. Esta semana se hizo viral el video de Boris Johnson, el primer ministro inglés, con un mea culpa por su exposición y el riesgo en que colocó no a cientos, sino miles de personas, todo por andar en hospitales igualito que Corral.

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 La fase 3 del Covid-19 implica la transmisión regional epidémica y existencia de casos a nivel nacional que se cuentan por miles. En la práctica ya llegamos a ese nivel.

Este fin de semana, si no es que entre lunes y martes, rebasaremos los mil confirmados en el país, con presencia de casos en las 32 entidades federativas. Tlaxcala fue el último estado en dar cuando menos un caso positivo.

En el estado de Chihuahua hasta el último reporte -con un subregistro que no se puede negar por ausencia de pruebas clínicas- seguíamos con seis casos únicamente, cuatro de ellos en Juárez y dos en la capital. Afortunadamente nadie muerto.

Existe entonces una oportunidad de oro para contener la epidemia de acuerdo a la estrategia nacional, basada en elementos objetivos y técnicos, auténtica pata de palo estatal.

Se cuestiona al responsable oficial de la vocería sobre el tema, Arturo Valenzuela Zorrilla, porque se ha alejado cada día de una posición estricta de información técnica y ha caído en un chacoteo subjetivo y sin base alguna.

Sus tropiezos con la información no confirmada y la ausencia de datos duros, así como expresiones que van de un alarmismo al optimismo sin mesura, ponen los cabellos de punta a los especialistas que los hay dentro del Sector Salud en la entidad, y que sufren día con día en las mañanas al escuchar las conferencias de prensa.

El vocero es pieza crucial, no como simple elemento de propaganda, sino como tranquilizador altamente especializado, sin protagonismo que busca luces con prospectiva política. Se dirige no sólo a la población, sino también al personal médico que está en la primer trinchera.

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Es delicado entonces que en el preludio de la tercera fase, en un contexto de gran dolor por las medidas de aislamiento y el fenomenal impacto económico que trae consigo, el jefe del Ejecutivo estatal suba al autobús a personas clave en la atención de la contingencia.

En la lista están, por supuesto en primer lugar Corral; el superdelegado federal por Chihuahua, Juan Carlos Loera; Martín Mendoza, Ramiro Alvídrez, Fiacro Jiménez, Ramon Chávez, Jesús Enrique Grajeda y Jesús Mesta. Hasta Francisco Muñoz cargando el maletín. 

Todos ellos, seguramente guardando sana distancia, a un asiento uno de otro, pero en un mismo lugar confinado y respirando el mismo aire. Es el mismo caso de la transmisión en avión, que han sido documentadas a nivel mundial.

Ninguna necesidad hay al respecto. Los funcionarios del ISSSTE y de la Secretaría de Salud Estatal, bien podrían haber hecho el viaje por separado.

La decisión logística en este traslado, que no se justifica, ni en el fondo ni en la forma, sólo busca la foto fácil, porque muy bien puede ser atendida por personal operativo. Es el mismo caso de México, Corral busca ser ajonjolí de todos los moles. Pide aislamiento social y él hace caso omiso.

Más delicado aún. Al regreso de Delicias, allá por las 11 de la mañana, estuvo sentado a la mesa en una reunión estratégica fases 2 y 3 de Covid-19 con los sistemas de salud de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León, Sinaloa y Sonora.

El boletín enviado el viernes había anunciado la presencia de todos los gobernadores. El desmentido vino dos horas después esa misma tarde.

Todos esos funcionarios de salud son posibles transmisores del coronavirus. Por deslices como este en Italia fueron de los primeros en infectarse. 

Debería Maru Campos prestarles la plataforma para realizar reuniones a distancia. De perdida decirles donde bajar Zoom o Webex.

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Sólo falta formalizar la entrada al tercer escenario, y con ello vendrán acciones como la prohibición de deambular libremente por las calles y se hará estricta la circulación en vehículos, y cualquier traslado. No somos sensacionalistas. Es obligada la nueva ruta. 

Quienes llegaron tarde pagaron caro las consecuencias.

Es por ello que causa angustia y molestia en grado superlativo, la posición del gobernador Corral en conductas infantiles que no sólo lo colocan a él en riesgo, sino a toda la población.

En un contexto de colapso económico, sin claridad en las acciones de apoyo fiscal por parte del Gobierno del Estado, el errático manejo comunicativo, y el protagonismo riesgoso como posible vector del titular del Ejecutivo y todos sus funcionarios, las siguientes dos semanas son clave en la contención del Covid-19 y exigen acciones reales -no simuladas- de distanciamiento social e higiene personal, empezando por los gobernantes.