Opinion

Voces desde la segunda transformación

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Benito Abraham Orozco Andrade

viernes, 22 marzo 2019 | 20:08

A unos días de la conmemoración del natalicio de Benito Juárez, quien ha cobrado notable presencia al ser uno de los personajes históricos más invocados por el presidente Andrés Manuel López Obrador, además de haber sido el principal impulsor del movimiento que derivó en la promulgación de las Leyes de Reforma (la segunda transformación a que hace alusión el actual presidente de México), resulta oportuno hacer referencia a sus expresiones que indudablemente han sido inspiración en el propósito de la cuarta transformación de nuestro país.

Efectivamente, en su discurso del pasado 21 de marzo con motivo de la mencionada recordación, López Obrador destacó que el presidente Juárez todavía gobierna con su ejemplo y que es un referente y un ideal lo que debe inspirar siempre a un buen gobierno (www.eluniversal.com.mx, 21/03/2019).

Hurgando en los discursos del Benemérito de las Américas, me encontré con el que pronunció el día 2 de julio de 1849 en el Congreso de Oaxaca al abrir sus sesiones (“Benito Juárez. Documentos, Discursos y Correspondencia”. Selección y notas de Jorge L. Tamayo. Edición digital coordinada por Héctor Cuauhtémoc Hernández Silva. Versión electrónica para su consulta: Aurelio López López. CD editado por la Universidad Autónoma Metropolitana Azcapotzalco. Primera edición electrónica. México, 2006), del que innegablemente cobra vigencia en virtud de las condiciones tan devastadoras en las que nos han dejado el país, así como de la esperanza del pueblo mexicano por un mejor futuro.

Inicia su alocución señalando que “La reunión del Cuerpo Legislativo ha sido siempre un acontecimiento importante que los pueblos han celebrado con entusiasmo, porque poniéndose en ejercicio la facultad de dar la ley, como está la de ejecutarla, la sociedad se resigna a sobrellevar el peso de sus males, alentada por la esperanza de que tendrán pronto remedio, porque existe el Soberano, que puede escuchar sus quejas y satisfacer sus necesidades”.

Los últimos meses han sido para millones de mexicanos de una alta expectativa, producto de las acciones que se han emprendido principalmente desde los poderes Legislativo y Ejecutivo federales, con el fin de abatir la corrupción y los excesos en el servicio público en general, así como de redimir a los sectores más marginados de la población.

Continúa su discurso manifestando: “Mas esa reunión es más importante hoy que los defensores del poder absoluto, reconcentrados en la capital de la República, maquinan la destrucción del sistema federativo”, agregando que “Allí reúnen sus esfuerzos y combinan sus elementos para despojar a los estados de su soberanía; allí, por medio de la prensa, aseguran sin embozo y con audacia, que México no puede ser regido por el sistema republicano, representativo, popular, federal, porque el pueblo, acostumbrado a obedecer, no puede gobernarse por sí”.

Argumentos de una época que bien pudiera compararse con la que vivimos en los últimos años, principalmente con las reformas pactadas para entregar los recursos naturales a la iniciativa privada nacional y extranjera, con las que se soslayó por completo el interés, el bienestar y el futuro de los mexicanos, y a quienes sólo se les consideró como una mera colectividad sumisa. 

En otra parte de su disertación ante los legisladores oaxaqueños, Juárez menciona que “Tal es el porvenir que nos preparan esos hombres despiadados, que nos brindan con un gobierno fuerte y enérgico que en diez años de dominación absoluta y disponiendo a su arbitrio de los cuantiosos recursos de la Nación, lejos de gobernarla, bien lejos de hacerla rica y respetable, la desmoralizó, la empobreció y la limitó, hasta el extremo de hacerla sufrir vergonzosas derrotas y recibir las humillantes condiciones que quiso dictarle el gabinete norteamericano”.

Volviendo a ese afán cronológico-comparativo, en la época reciente bien pudiéramos decir que en el último sexenio se acrecentó vertiginosamente el despojo a la nación, empobreciendo aún más a millones y millones de personas, complaciendo al extremo al xenofóbico presidente estadounidense Donald Trump, a pesar de su abierta y férrea animadversión hacia los mexicanos.

Por otra parte, después de haber hecho alusión a un mal desempeño de los servidores públicos, refiere que “…hoy no es así, porque vosotros, señores, animados del patriotismo más puro y ardiente, habéis renunciado las comodidades de la vida privada y abandonado el cuidado de vuestros más caros intereses para venir a este augusto santuario a promover la felicidad de vuestros comitentes y a dar templos de constante dedicación al trabajo, de tino y circunspección en vuestras deliberaciones y de sabiduría y justificación en vuestras resoluciones”.

Austeridad juarista que, en la actualidad, se refleja en la austeridad republicana que va permeando justamente en las distintas instituciones públicas del país, con el fin de redireccionar los recursos para beneficio del pueblo.

Así como se ha percibido una resistencia a las acciones que se han determinado en la búsqueda de la cuarta transformación -por parte de ciertos grupos que ven amenazados sus indebidos privilegios-, Juárez afirmaba en su intervención que “Difíciles y complicados son ciertamente los negocios que van a ocupar vuestra atención; pero una voluntad firme y constante de hacer el bien superará las más graves dificultades”.

Como sociedad, como gobernados, nos toca el papel de dar seguimiento a las acciones de nuestros gobernantes, exigiendo que nos rindan buenas cuentas en favor del pueblo. No se trata de cuestiones que únicamente atañen a ideologías o a partidos políticos. México y sus riquezas son de todos los mexicanos, y a todos nos corresponde ser partícipes en las decisiones que afecten nuestro futuro.

Esperemos que la pretendida cuarta transformación, como las anteriores, al final del presente sexenio satisfaga nuestras expectativas de una real redención principalmente de los más desfavorecidos.