Opinion
Periscopio

¿Y la locomotora, apá?

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Armando Sepúlveda Sáenz

domingo, 28 junio 2020 | 05:00

Que la economía, entre otras cosas, iba mal en 2019 y que concluyó con números negativos menores; que la tendencia prosiguió a principios de año, ya con guarismos negativos y se agravó con el paro de actividades económicas para enfrentar la pandemia que pese a la renovación de las actividades los pronósticos de decrecimiento de la economía nacional y otros indicadores parciales no dejan de empeorar, son tan conocidos, que como dicen los reporteros “no dan para nota”.

No obstante cuando el Fondo Monetario Internacional, institución que se ha caracterizado por pronósticos más bien cautelosos, indica que la recesión mexicana será la más profunda de Latinoamérica (incluso peor que la correspondiente a Brasil), del orden de 10.5 %. Uno se dice: estábamos conscientes de la estimación de 8.8 % y lo estábamos asimilando como muy probable, pero ya supera lo que se  podría designar como niveles dramáticos. 

Y se le puede calificar así, porque será peor que la crisis del siglo XX (la de 1932) y lo que corre del presente. La del siglo pasado, se dio en una economía predominante agropecuaria y la población en su mayoría asentada en el campo. 

En el México de hoy el 75% de los habitantes son urbanos y dependen de su ingreso y consumo de actividades secundarias y terciarias, esto es,  industriales y de servicios. O en otras palabras: el sismo nos agarró mal parados. Piense usted que la mayoría de los 12 millones de empleos perdidos están en la economía informal  y la cuarta parte de ellos en la formal. 

Si usted hace un esfuerzo de imaginación puede ubicarse en la condición de existencia de los desempleados y sus familias: sin ocupación y empleo, y por ende sin ingreso monetario para sufragar las necesidades básicas, sin acceso a seguridad social o a un mal servicio de salud institucionalizado, sin posibilidades de ocuparse en los que resta del año e incluso más allá. Con hijos y parientes políticos y consanguíneos formando parte de la familia. Sin un ingreso monetario básico como ayuda gubernamental. Recuerda usted además que la mayoría de ellos viven al día. Ya puede usted imbuirse del estado de ánimo de nuestros desocupados, multiplicados por millones ¿qué van hacer?

La recesión alcanza a la economía del orbe. Con economías nacionales con tasas de decremento menores y muy pocas, mayores a las esperadas en México. Los mercados globales están deprimidos y lo seguirán por un rato. La mayoría de los gobiernos de esos países pusieron en marcha políticas económicas de compensación en aras de mantener los niveles de empleo y de actividad económica. El mexicano ha sido totalmente omiso en esta materia.

En números fríos, como se ve la situación hasta abril, el INEGI emitió el pasado 26 su comunicado de prensa 287/20 sobre el Indicador Global de la Actividad Económica para abril de 2020, En él se informa que el Indicador mostró una disminución de (-)17.3% en términos reales en el cuarto mes del presente año respecto al mes previo, con cifras desestacionalizadas; que ya resulta espeluznante, pero da un panorama más objetivo de la tendencia  considerar los datos desestacionalizados. 

En la perspectiva anual, el IGAE registró una reducción real de (-) 19.7% en el mes de referencia en el año previo. Por grandes grupos de actividades, las actividades Secundarias retrocedieron (-) 29.6% y las Terciarias lo hicieron en (-) 16.1%; en contraste, las Primarias aumentaron 2.4% con relación a igual mes de 2019. Definitivamente, no contamos ni para la harina para hacer bollos.

En el sector externo tampoco hay buenos números. El INEGI el mismo día que emitió el comunicado citado, publicó el 286/20 correspondiente a la Información Oportuna Sobre la Balanza Comercial de Mercancías de México durante mayo de 2020. En agregados, la información señala que se registró un déficit comercial de (-) 3,523 millones de dólares, saldo que se compara con el superávit de 957 millones de dólares obtenido en igual mes de 2019. En los primeros cinco meses de este año, la balanza comercial presentó un déficit de (-) 2,888 millones de dólares.

En particular y en números relativos, las exportaciones en el mes de referencia, las exportaciones totales mostraron una reducción anual de (-) 56.7%, la cual fue resultado de contracciones de (-) 56.3% en las exportaciones no petroleras y de (-) 63.8% en las petroleras. Al interior de las exportaciones no petroleras, las dirigidas a Estados Unidos cayeron a una tasa anual de (-) 57.2% y las canalizadas al resto del mundo lo hicieron en (-) 51.8 por ciento.

Estos datos expresan en gran medida, la profundidad de la recesión ocasionada por el paro de actividades en la industria maquiladora y automotriz en nuestro país y en la industria manufacturera estadounidense. De paso, cabe reseñar que las variaciones anuales de las importaciones también perfilan la situación de recesión en México. Específicamente, en las importaciones por tipo de bien, se observaron descensos anuales de (-) 55.8% en las importaciones de bienes de consumo, de  (-) 46.7% en las de bienes de uso intermedio y de (-) 38.3% en las de bienes de capital.

Ante este panorama ¿cabe esperar que la locomotora de la economía sea el T-MEC? Si se considera la marcha de la economía del vecino país y los niveles de infección por coronavirus. Es una expectativa demasiado optimista. Pero hay un elemento más a considerar y es muy grave, la visión que el gobierno estadounidense tiene sobre el ambiente para la inversión extranjera y en particular estadounidense, es en extremo negativa, como lo ha hecho notar en sus declaraciones el embajador de los EEUU. 

Ya sabemos que el presidente AMLO hace caso omiso de las recomendaciones y sugerencias, salvo cuando proceden de Trump. Por ello parece que la reunión con motivo de la vigencia del T-MEC --si deviene en comparecencia aunque no se exprese públicamente--, puede significar cambios en las las medidas que han deteriorado la certidumbre del futuro de las inversiones y empezar a construir confianza en las reglas del juego.

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